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Música Clásica
por Roberto Neuburger
Masoquistas: ¡satisfacción garantizada!
'Il Trovatore' ópera de Giuseppe Verdi/Salvatore Cammarano
Director de orquesta: Guido Guida
Director de escena: David Amitín
Intérpretes: Patricia Gutiérrez, Graciela Alperyn, Lando Bartolini, Luis Gaeta, Ricardo Yost.
Teatro Colón, 10-12-2000
 
Con el elenco original sólo se llegó a dar la primera representación; luego estalló el conflicto con el personal del Teatro. Así como quedó, la función-sustituto de 'Il Trovatore' entra en competencia para 'La Peor del Año' (pero pierde con 'Francesca da Rimini').

Un mamotreto del romanticismo italiano del siglo XIX tal vez deba permanecer en archivo, a menos que un genio de la dirección escénica pueda hacer algo interesante, que tenga alguna proyección sobre nuestro contexto (por supuesto, excluimos de lleno una puesta repetitiva, rutinaria o carente de creatividad). Amitín tenía todos los créditos para ello (basta recordar puestas que han hecho historia; "La Ciudad Ausente" y "El Amor por Tres Naranjas")... y los echó todos, uno por uno, a perder. Evidentemente, el catastrófico texto de 'Il Trovatore' no lo inspiró en absoluto. Asimismo hay que recordar que es poco probable que el Colón confíe una ópera de pesadísimo anclaje tradicional a un iconoclasta declarado o inquebrantable. La formación de compromiso se impone, pues; pero mientras otros han resuelto el dilema con elegancia (por ejemplo, Alberto Félix Alberto con sus ligeros toques de surrealismo para 'Il Turco in Italia', o - excepcionalmente - Suárez Marzal irritando a los abonados con su "Butterfly"), hay que admitir que Amitín no supo salir a flote esta vez. Mantener el recorrido habitual dividido en interminables cuadros, descuidar detalles (una soprano que no deja de revolotear con los brazos, al mejor estilo Diva del Siglo Pasado), no franquear los límites de la rutina habitual, y agregar gestos insustanciales (fotos de guerras contemporáneas, soldados con cascos Primera Guerra Mundial, paso de ganso) o imágenes valiosas en sí, pero que no llegan a tener peso suficiente (mujeres del pueblo con marcos vacíos) sólo refuerza la rutina, reiterando los tics operísticos gastados (figurantes). Un tropezón no es caída, dicen: David, te deseamos mejor suerte la próxima vez, tenés el talento, ¡no te duermas sobre los laureles!

Por su parte, el director de orquesta Guido Guida logró algo notable, inolvidable: que la orquesta del Teatro sonara como la banda provincial de algún pueblito sureño italiano. Entre los cantantes, la única que salió airosa del esforzado trance fue Graciela Alperyn; sobre los demás, sólo cabe echar un piadoso manto de olvido (especialmente en lo que respecta a Lando Bartolini, que ya arruinara sin remedio varias óperas anteriormente. ¡Qué desatado sadismo, insistir en contratarlo! ¿Qué hemos hecho nosotros para merecer esto?)
 
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2001, El Muro Cultural