"Norma",
ópera en dos actos de Vincenzo Bellini, con libreto de
Felice Romani.
Director de orquesta: Reinaldo Censabella.
Director de escena: Yannis Kokkos.
Intérpretes: June Anderson, Cecilia Díaz, Giorgio
Merighi, Denis Sedov.
Teatro Colón, 20-5-2001.
...o más
bien innecesaria. Cuando June Anderson, hace algunos años,
contratada para la ópera de Bellini, se declaró
enferma y se fue sin cantar, amenazó con regresar para
pagar la deuda. Lo hizo. A juzgar por el magro resultado, bien
podría haberse quedado en su casa. Tal vez sea cuestión
de gustos, y el Cisne de Catania no cuenta entre mis favoritos.
Pero luego de haber bostezado con la sacerdotisa druida y los
vanos esfuerzos de Joan Sutherland, Adelaida Negri y Lucia Aliberti,
mi conclusión es que sólo hay dos lugares adecuados
para ella: los teatros del sur de Italia y el archivo. Federico
Monjeau propuso (en su comentario en "Clarín")
que esta ópera se puede escuchar como una prolongación
- de tres horas - del célebre momento del primer acto,
"Casta Diva" (indudablemente, de inspiración
muy elegante). Pero precisamente allí está el
problema: una melodía con acompañamiento de acordes
quebrados en fatal e inevitable sucesión I-IV-V-I no
se sostiene durante tanto tiempo.
Si el
texto es endeble, menos todavía. Tal vez una puesta
en escena que tire todo por la ventana y proponga un planteo
verdaderamente revulsivo podría poner algo de sal y
pimienta. Pero en un templo de la tradición establecida
como el Teatro Colón, y con una obra archiclásica
del sacro repertorio romántico italiano, pedir eso
es una utopía. A lo sumo hay que contentarse con un
trabajo como el de Yannis Kokkos, cuyo principal mérito
es no rellenar el escenario de trastos inútiles (¡no
sabía que los franceses de la enorme Opéra Bastille
estaban en plan de economía!). Pero tampoco merece
el Nobel a la creatividad. Mucha gente se quejaba de que la
orquesta sonaba muy mal. Es posible que la dirección
haya sido descuidada y rutinaria, pero como algo similar sucedió
en las anteriores oportunidades que tuve que soportar este
mamotreto, mi segunda conclusión es que tocarlo bien
debe estar en los límites de lo imposible. ¡"Juventus
Lyrica" por caminos indiscutiblemente maravillosos: tetas
imperdibles! "Les Mamelles de Tirésias" (Las
Tetas de Tiresias), ópera de Francis Poulenc sobre
el drama surrealista de Guillaume Apollinaire. Directora de
orquesta: Susana Frangi. Director de escena: Willy Landín.
Intérpretes: Marcelo Lombardero, Marcela Sotelano,
Leonardo Estévez, Sebastián Sorarrain, Iván
Gancedo, Gabriel Centeno, Mario De Salvo. Teatro Avenida,
27-5-2001. Un acierto, un acierto redondo. Primero, por la
información usada con inteligencia, al elegir la obra.
La obra no se hizo antes en Buenos Aires, pese a ser uno de
los momentos más inspirados de la creación teatral
y lírica francesa de su época (la primera redacción
del "drama" es de 1903, y la versión operística,
de 1947). La idea, por lo tanto, es excelente: transitar un
repertorio no conocido aún aquí... y hacerlo
en forma brillante.
En primer
lugar, porque la delirante puesta en escena de Willy Landín
no pierde de vista en ningún momento el espíritu
surrealista pero lo actualiza en un "comic strip"
desopilante (es posible reconocer - feliz coherencia - elementos
de su trabajo anterior en "Un sueño olvidado"
de Fernando Aure, basado en la historieta "Boogie el
Aceitoso" de Fontanarrosa). Gags y guiños al espectador
se suceden ininterrumpidamente, pero sin ningún exceso
o barroquismo: Landín sabe congeniar sorpresa y rigor,
haciendo que elementos simples produzcan desarrollos ricos.
En segundo
lugar, porque el aspecto musical ha sido cuidado al detalle.
La orquesta bajo la dirección de Susana Frangi - otra
impactante muestra de coherencia: una obra que acumula ruidosas
declaraciones feministas, dirigida por una mujer - suena maravillosamente,
descubriendo el lirismo de Poulenc en pleno.
Y el "casting"
muestra la misma pertinencia. Marcelo Lombardero como 'Director"
es un verdadero lujo: no sólo por su notable presencia
escénica, sino por su fraseo y dicción dignas
de un CD. Marcela Sotelano sortea con brillantez las espinosas
dificultades de su papel (escrito originalmente para la sublime
Denise Duval) consiguiendo momentos a la vez bellísimos
y desopilantes. Otro tanto consiguen Estévez, Centeno,
De Salvo y Gancedo, mientras que habrá que seguir de
cerca el talento de Sorarrain, que ya había llamado
la atención con su excelente "Gato" en 'L'enfant
et les Sortilèges". El comienzo, con el encorvado
tramoyista que ilumina el retrato del programa con una débil
linterna, pone una nota melancólica sobre la que aparece
el mefistofélico y circense Director del Prólogo.
Luego, el cataclismo de la risa: Teresa como peluquera entre
Barbies, cambiando de sexo (a Tiresias) a toda velocidad.
Pero sin necesidad de soltar al vuelo sus mentadas tetas,
ya que la pantalla del fondo nos muestra otras mucho más
famosas para nosotros: ¡las de Isabel Sarli, en un bello
montaje de fragmentos de sus películas!
Uno de
los hallazgos más felices es la bala "en cámara
lenta" que parte del revólver de uno de los duelistas
y - durante todo el gran conjunto con coro, "Monsieur
Presto n'a rien gagné" - ¡avanza hasta terminar
en la boca del otro! Desde luego, el cuadro de mayor despliegue
es el de la partenogénesis masculina de los 40.050
hijos (fantástico el Hijo Periodista con la mandíbula
dibujada como muñeco de ventrílocuo) pero el
final nos depara, asimismo, otro acierto brillante: mientras
que Armando Bo prodiga a la Diosa del Sexo enamorados abrazos
en la pantalla, todo el coro y los solistas (la Cartomántica
con inmensas manos con las que puede abrazar, cómodamente
y a la vez, a su Marido y al Gendarme) hacen gestos dulcísimos
de aviso de TV, y tiran besitos en el aire a los futuros Niñitos.
Para rodar por el suelo de la risa. El público no es
tonto: entradas agotadas y aplausos de pie. ¡Otra vez
y más, por favor!
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