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Música Clásica
por Roberto Neuburger
Norma anormal...
elmurocultural
"Norma", ópera en dos actos de Vincenzo Bellini, con libreto de Felice Romani.
Director de orquesta: Reinaldo Censabella.
Director de escena: Yannis Kokkos.
Intérpretes: June Anderson, Cecilia Díaz, Giorgio Merighi, Denis Sedov.
Teatro Colón, 20-5-2001.


...o más bien innecesaria. Cuando June Anderson, hace algunos años, contratada para la ópera de Bellini, se declaró enferma y se fue sin cantar, amenazó con regresar para pagar la deuda. Lo hizo. A juzgar por el magro resultado, bien podría haberse quedado en su casa. Tal vez sea cuestión de gustos, y el Cisne de Catania no cuenta entre mis favoritos. Pero luego de haber bostezado con la sacerdotisa druida y los vanos esfuerzos de Joan Sutherland, Adelaida Negri y Lucia Aliberti, mi conclusión es que sólo hay dos lugares adecuados para ella: los teatros del sur de Italia y el archivo. Federico Monjeau propuso (en su comentario en "Clarín") que esta ópera se puede escuchar como una prolongación - de tres horas - del célebre momento del primer acto, "Casta Diva" (indudablemente, de inspiración muy elegante). Pero precisamente allí está el problema: una melodía con acompañamiento de acordes quebrados en fatal e inevitable sucesión I-IV-V-I no se sostiene durante tanto tiempo.

Si el texto es endeble, menos todavía. Tal vez una puesta en escena que tire todo por la ventana y proponga un planteo verdaderamente revulsivo podría poner algo de sal y pimienta. Pero en un templo de la tradición establecida como el Teatro Colón, y con una obra archiclásica del sacro repertorio romántico italiano, pedir eso es una utopía. A lo sumo hay que contentarse con un trabajo como el de Yannis Kokkos, cuyo principal mérito es no rellenar el escenario de trastos inútiles (¡no sabía que los franceses de la enorme Opéra Bastille estaban en plan de economía!). Pero tampoco merece el Nobel a la creatividad. Mucha gente se quejaba de que la orquesta sonaba muy mal. Es posible que la dirección haya sido descuidada y rutinaria, pero como algo similar sucedió en las anteriores oportunidades que tuve que soportar este mamotreto, mi segunda conclusión es que tocarlo bien debe estar en los límites de lo imposible. ¡"Juventus Lyrica" por caminos indiscutiblemente maravillosos: tetas imperdibles! "Les Mamelles de Tirésias" (Las Tetas de Tiresias), ópera de Francis Poulenc sobre el drama surrealista de Guillaume Apollinaire. Directora de orquesta: Susana Frangi. Director de escena: Willy Landín. Intérpretes: Marcelo Lombardero, Marcela Sotelano, Leonardo Estévez, Sebastián Sorarrain, Iván Gancedo, Gabriel Centeno, Mario De Salvo. Teatro Avenida, 27-5-2001. Un acierto, un acierto redondo. Primero, por la información usada con inteligencia, al elegir la obra. La obra no se hizo antes en Buenos Aires, pese a ser uno de los momentos más inspirados de la creación teatral y lírica francesa de su época (la primera redacción del "drama" es de 1903, y la versión operística, de 1947). La idea, por lo tanto, es excelente: transitar un repertorio no conocido aún aquí... y hacerlo en forma brillante.

En primer lugar, porque la delirante puesta en escena de Willy Landín no pierde de vista en ningún momento el espíritu surrealista pero lo actualiza en un "comic strip" desopilante (es posible reconocer - feliz coherencia - elementos de su trabajo anterior en "Un sueño olvidado" de Fernando Aure, basado en la historieta "Boogie el Aceitoso" de Fontanarrosa). Gags y guiños al espectador se suceden ininterrumpidamente, pero sin ningún exceso o barroquismo: Landín sabe congeniar sorpresa y rigor, haciendo que elementos simples produzcan desarrollos ricos.

En segundo lugar, porque el aspecto musical ha sido cuidado al detalle. La orquesta bajo la dirección de Susana Frangi - otra impactante muestra de coherencia: una obra que acumula ruidosas declaraciones feministas, dirigida por una mujer - suena maravillosamente, descubriendo el lirismo de Poulenc en pleno.

Y el "casting" muestra la misma pertinencia. Marcelo Lombardero como 'Director" es un verdadero lujo: no sólo por su notable presencia escénica, sino por su fraseo y dicción dignas de un CD. Marcela Sotelano sortea con brillantez las espinosas dificultades de su papel (escrito originalmente para la sublime Denise Duval) consiguiendo momentos a la vez bellísimos y desopilantes. Otro tanto consiguen Estévez, Centeno, De Salvo y Gancedo, mientras que habrá que seguir de cerca el talento de Sorarrain, que ya había llamado la atención con su excelente "Gato" en 'L'enfant et les Sortilèges". El comienzo, con el encorvado tramoyista que ilumina el retrato del programa con una débil linterna, pone una nota melancólica sobre la que aparece el mefistofélico y circense Director del Prólogo. Luego, el cataclismo de la risa: Teresa como peluquera entre Barbies, cambiando de sexo (a Tiresias) a toda velocidad. Pero sin necesidad de soltar al vuelo sus mentadas tetas, ya que la pantalla del fondo nos muestra otras mucho más famosas para nosotros: ¡las de Isabel Sarli, en un bello montaje de fragmentos de sus películas!

Uno de los hallazgos más felices es la bala "en cámara lenta" que parte del revólver de uno de los duelistas y - durante todo el gran conjunto con coro, "Monsieur Presto n'a rien gagné" - ¡avanza hasta terminar en la boca del otro! Desde luego, el cuadro de mayor despliegue es el de la partenogénesis masculina de los 40.050 hijos (fantástico el Hijo Periodista con la mandíbula dibujada como muñeco de ventrílocuo) pero el final nos depara, asimismo, otro acierto brillante: mientras que Armando Bo prodiga a la Diosa del Sexo enamorados abrazos en la pantalla, todo el coro y los solistas (la Cartomántica con inmensas manos con las que puede abrazar, cómodamente y a la vez, a su Marido y al Gendarme) hacen gestos dulcísimos de aviso de TV, y tiran besitos en el aire a los futuros Niñitos. Para rodar por el suelo de la risa. El público no es tonto: entradas agotadas y aplausos de pie. ¡Otra vez y más, por favor!

 
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2001, El Muro Cultural