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Música Clásica
por Roberto Neuburger
Crónicas Europeas II
elmurocultural
Capítulo londinense.
1. English National Opera (ENO)

Verdi: A Masked Ball (orig: Un Ballo in Maschera)
Director musical: Andrew Litton
Director de escena: Calixto Bieito
Intérpretes: John Daszak, David Kempster, Claire Rutter, Mary Plazas, Rebecca de Pont Davies, Toby Stafford-Allen.
London Coliseum, 1-3-02
Hay mucha ópera en Londres, pero esquemáticamente puede mencionarse la Royal Opera House como bastión tradicional, y la ENO como el espacio del experimento revulsivo, a medida para causar la alergia de todo conservador. El inmenso auditorio edwardiano, algo avejentado pero en proceso de reacondicionamiento, es un espacio de una acústica y un clima notables. Unos pasos más allá, se hallan los leones de bronce de Trafalgar Square, la extraordinaria National Gallery y la fascinante National Portrait Gallery, a veces descuidada por los turistas a causa de su hermana mayor y vecina.
El catalán Bieito ya había hecho probar su parada provocativa a los londinenses con su Don Giovanni (en el que los versos de Da Ponte eran vertidos con un perenne "fuck you, bastard"), ganándose el mote de "shock-jock director". Con esta puesta en escena de la ópera de Verdi logró que en el programa de mano apareciera una advertencia acerca de las"escenas de alto contenido de sexo y violencia".
Se trata de una vuelta de tuerca sobre el fantasma terrorífico de todo operómano tradicionalista: la traslación a un presente reciente. Para el caso, la España del Tejerazo y una Corte corrupta e intrigante. Era necesario estar al tanto de los detalles, como, por ejemplo, que el Ministro de Justicia Fungariño usaba silla de ruedas: el bajo que denuncia a Ulrica entra de ese modo en escena.
Al comenzar, sobre los acordes de la Obertura, una fila de hombres con los pantalones bajos, sentados en sendos inodoros y leyendo el diario anuncia el espíritu provocador. Cuando el Rey decide visitar a Ulrica con su séquito llevando disfraces, Oscar -una secretaria- hace entrar una gigantesca percha de utilería con numerosos trajes de cotillón, lentejuelas, galeras, glitter, y su aria jamás ha sonado tan adecuadamente circense. La cueva de Ulrica es un burdel plagado de travestis con portaligas y carteritas, y durante el aria de la madama una pareja desnuda realiza un acoplamiento ceremonial entre las piernas de aquélla. El marinero que le da su mano para saber su futuro viene de obtener servicio de una (¿o uno?) de las pupilas/os como lo atestiguan sus pantalones que no termina jamás de levantar. Tras saber que una bienvenida promoción lo aguarda, se besa apasionadamente con un pupilo sin camisa. Al que no le va demasiado bien en la escena siguiente, la del cementerio en el que Amelia debe buscar las hierbas que deberán disipar su pena de amor: un grupo de guardias civiles desviste, viola y estrangula sucesivamente al muchacho, dejándolo tirado. Cuando entra Amelia, por lo tanto, tiene buenos motivos para horrorizarse. Cuando al fin se encuentra con el Rey, y durante el dúo de amor, ambos comienzan, adecuadamente, a desvestirse.
La escena de los conspiradores (siempre muy activos a la hora de intentar violar a Oscar, lo que no impide que la soprano cante su aria a la perfección) se desarrolla en un lujoso baño de sanitarios metálicos, y para tirar a suerte quién habrá de asesinar al Rey se usan trozos de papel higiénico, que luego de saberse el resultado son convenientemente arrojados al retrete. El Baile de Máscaras es sorprendentemente clásico, como una recepción en una Embajada, pero en el asesinato retorna el desenfreno sangriento.
Pueden quedar dudas acerca de la validez de una propuesta que, al margen de su espíritu movilizador, mantiene un esquema lineal en el que se intenta crear la ilusión de eliminar todo sobreentendido y no dar lugar al desciframiento. Pero la absoluta convicción y las proezas vocales y escénicas de todos los intérpretes,
-una maquinaria musical de aplastante solidez- no dejan de impactar con la fuerza de una aplanadora.
   
2. Solistas de la Royal Opera House

Programa: Bártok, Contrastes; Mozart, Dúo en Sol Mayor; Ravel, Chansons Madécasses; Sidika Özdil, Facing Phasselis (para nueve instrumentos de cuerda y elementos de percusión) (encargo de los Solistas de la ROH)
Intérpretes: Peter Manning, director y 1er. violín; Gweneth-Ann Jeffers, soprano; David Gowland, maestro interno y piano (Ravel); Nicholas Rodwell, clarinete; John Lenahan, piano (Bartók); Andriy Viytovich, viola Vilar Floral Hall (Royal Opera House), 3-3-02, 15:00
Covent Garden es un lugar inagotable. Además de numerosos teatros, como el Royal, restaurantes elegantes y confiterías de repostería tentadora (Valerie) -y, a pocas cuadras, locales vegetarianos como Neal's Yard, pubs históricos como Lamb and Flag, clubes literarios exclusivos como el Garrick- se hallan el Museo del Teatro, el Museo del Transporte, la iglesia de San Pablo (obra de Inigo Jones) y el inefable Mercado central, en cuya confitería del subsuelo se agolpa el público para ver a un cuarteto de cuerdas de formación clásica, pero que tiene la particularidad de que sus integrantes bailan frenéticamente con una energía muy envidiable sin dejar de tocar ni un minuto (y esto incluye al violoncello, convenientemente adosado al cuerpo de la joven intérprete por medio de una banda elástica negra).
El Vilar Floral Hall es el edificio que se halla al costado de la Royal Opera House y constituye su "foyer" en el que confluye el público de todos los sectores del teatro durante los intervalos. Bajo una cúpula y frente de vidrio, un amplio espacio es usado para conciertos de cámara. Los Solistas de la ROH son, desde luego, los primeros atriles de la orquesta estable de la entidad.
El simpático director se refiere, con pocas palabras, a la obra de Bartók, que éste compusiera en Norteamérica para el trío que formaba con Joseph Szigeti y Benny Goodman. Excplica que le suscita un particular entusiasmo, lo que es absolutamente evidente en la interpretación que sigue a continuación, de una perfección, lirismo y brío difíciles de creer. En especial el registro agudo del clarinete tiene una calidad aterciopelada, sin agresividad sonora de ninguna especie, dando curso libre a la expresividad. Pero las obras que siguen no son menos intensamente ejecutadas. La soprano Gweneth-Ann Jeffers es capaz del pianissimo más etéreo y del arranque dramático más potente; su versión de Ravel no abandona ni por un instante el terreno de lo sublime. La joven compositora turca Sidika Özdil, nacida en Ankara y alumna de Henze explica que su Facing Phassiles es el resultado de un viaje en barco por el sur de su país, en el que hay ruinas que datan de la era romana. Tres de los integrantes del conjunto de cuerdas, en determinados momentos, deben recitar poesías y tocar algunos discretos elementos de percusión. El contexto contrapuntístico, sin embargo, es delicado y alejado de toda propuesta vanguardista.
   
3. Philharmonia Orchestra

Director: Sir Charles Mackerras
Programa: Beethoven: Obertura "Leonora"No. 2, Sinfonía No. 2 en Re, op. 36, Sinfonía No. 1 en Do, op. 21
Royal Festival Hall, 3-3-02, 19:30
Llegamos a la Estación Waterlooo, cuyo imponente portal divisamos al alejarnos en dirección al South Bank. Asimismo a la distancia puede verse la rueda gigante, el British Airways London Eye. Al llegar al Festival Hall y ascender la pequeña escalera de caracol que conduce desde la calle a la explanada, vemos la enorme y el llamado "Ballroom" con una instalación de José Antonio Portillo: columnas de libros y cuadernos escolares.
Mackerras reemplaza, con el mismo programa, a Wolfgang Sawallisch indispuesto. La interpretación es excelente, pero sin sorpresas. Tal vez las obras de Beethoven deberían reservarse a las orquestas de instrumentos de época.
   
4. "Six-Pack" ("Paquete de seis")
6 óperas de cámara para cantantes y cuarteto instrumental:
Jack and Jill. Música: Rachel Leach; texto: Jo Davies
Doorstepping Susannah. Helen Grime, Davey Moore
Odd Numbers. Julian Grant, Christina Jones
The Phone Call. John Webb, Barbara Diana
Has it Happened Yet? David Bruce, Bill Bankes-Jones
Waiting for Jack Richard Taylor, Lynne Williams
Director musical: Stuart Stratford
Director de escena: Bill Bankes-Jones
Natalie Raybould, soprano; Stephen Wallace, contratenor; Daniel Norman, tenor; D'Arcy Bleiker, barítono; Matthew Hunt, clarinete; Ian Watson, acordeón; Julian Warbuton, percusión; Lucy Shaw, contrabajo. Bridewell Theatre, 4-3-02
Cruzando el Puente del Milenio, desde la Tate Gallery Modern, se llega a Blackfriars y de allí al diminuto y escondido Bridewell Theatre, sede del estudio de ópera de cámara de la ENO. La entidad gestiona composiciones de teatro musical a libretistas y compositores, para ser interpretadas por jóvenes talentos de alto nivel profesional.
El pequeño auditorio no tiene escenario, y el espacio escénico se halla al mismo nivel que las sillas (por cierto, bastante incómodas...). Los músicos se ubican a uno y otro lado de dicho espacio. La cercanía con los intérpretes permite captar los mínimos detalles de sus caracterizaciones y la espléndida diferenciación.
Las seis óperas, de intención y textura diferentes, pero con el denominador común de la característica y fina ironía inglesa, son puestas en escena con pocos elementos a los que la imaginación les da un vuelo inhabitual. Una cita a ciegas, organizada por una agencia, en una confitería, resulta decepcionante para la soprano, a la que consuela el camarero. Una celebridad es asediada por dos paparazzi; un cartero entrega paquetes a diferentes personajes excéntricos. Una mujer espera con ansiedad incontenible una llamada telefónica (¿un posible trabajo?) mientras su amigo critica duramente el estado de su heladera. Tres ancianas y su joven cuidadora, con anteojos oscuros, se disponen a presenciar un eclipse. La cocina de un restaurant se prepara burocráticamente para recibir a alguien famoso, y elabora cócteles y diversos platos.
No todas las obras arrancan la misma intensidad de risas, pero la entrega y la integración de los cantantes y los músicos es más que evidente.
   
5. Royal Opera House, Covent Garden
Bartók: El Castillo del Duque Barba Azul
Schönberg: Erwartung (La espera)
Director musical: Lothar Zagrossek
Director de escena: Willy Decker
Intérpretes: Willard White (Barba Azul); Katharina Dalayman (Judit); Inga Nielsen (La Mujer) 5-3-02

Nuevamente, el estupendo nivel de los músicos ingleses produce una versión bellísima e inquietante de las dos óperas ya clásicas. Una bella curiosidad es que se ha incluído el Prólogo recitado, que se escucha a través de parlantes en la susurrada y sugestiva voz de Katalin Bogyay, creando un clima misterioso que empalma a la perfección con la introducción orquestal. Willy Decker hace que una ópera continúe la otra; Judit entra en el depósito de mujeres de Barba Azul al final de la obra de Bartók, y reaparece, saliendo por la misma puerta (un castillo en ruinas, con el escenario lleno de astillas, desechos, y una enorme araña caída por el piso) como "la mujer" de la angustiosa Espera de Schönberg. Se reencuentra con Barba Azul, y le clava la espada con la que se había ido anteriormente, para volver a franquear la misma puerta inescrutable

con las palabras "oh, estás allí, yo buscaba...". Los "dominios" del Duque tienen un carácter cósmico; las puertas retroceden cuando el crescendo orquestal y vocal los anuncia, y un planeta gigantesco aparece en el fondo de la escena. Lothar Zagrossek logra una intensidad apabullante, que nunca cede, y sublima el terror femenino del monodrama schoenbergiano; Willard White es un Duque trastabillante, enfermo, ante el cual la Judit de Katharina Dalayman sólo puede encontrar un objeto inanimado de su venganza; Inga Nielsen, moviendo su línea vocal entre Brunilda y la Reina de la Noche, halla alivio para su búsqueda en el asesinato de una sombra.

NEUBURGER
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2001, El Muro Cultural