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| Cómo
hacer una temporada de ópera |
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sin sucumbir en el intento, I |
| Música
y teatro musical |
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Luisa
Miller, ópera en tres actos de Giuseppe Verdi
con libreto de Salvatore Cammarano (basada en la obra de Schiller).
Director de orquesta: Fernando Álvarez
Director de escena: Daniel Suárez Marzal
Intérpretes: Teresa Musacchio (Luisa), Juan Carlos Vassallo
(Rodolfo), Luis Gaeta (Miller), Ariel Cazes (Conde Walter), Juan Barrile
(Wurm)
Teatro Argentino de La Plata, 5-5-02
Difícil
tarea, compatibilizar la crisis con el enorme escenario del Teatro
Argentino. El nuevo director, Suárez Marzal, anuncia una temporada
con predominancia de títulos "blandos", con una excepción
notable: "Alceste", de Gluck. Veremos cómo juega
sus cartas...
La primera, por de pronto, arroja un balance ambivalente. Puede encontrarse
sincera su defensa apasionada de la obra de Verdi en el programa de
mano, pero lo cierto es que "Luisa Miller" dista de ser
una ópera con puntos que se eleven algo por encima del melodrama
romántico italiano convencional. Ya lo habían comprobado,
por otra parte, quienes asistieron a la ya lejana presentación,
en circunstancias más favorables, del Teatro Colón,
hace tantos años. De todos modos, la elección de títulos
siempre es problemática...
Un poco podría haber ayudado una puesta en escena original
e interesante, que justificara, en nuestro presente, haberla escogido.
Pero aquí también la propuesta quedó a medio
camino. Por una parte, el presupuesto seguramente escaso le proporcionó
a Suárez Marzal la oportunidad de desarrollar su imaginación
visual: la austeridad del fondo, un conjunto jansenista de troncos
invernales, sin los habituales rellenos operísticos insoportables,
constituyó un indudable acierto. Pero por otra, faltó
un concepto, una propuesta directriz que trascendiera la mera belleza
de la imagen, más allá del naturalismo ingenuo del drama
burgués centroeuropeo. Lo que se puso de manifiesto en el envaramiento
generalizado de los cantantes, aparentemente mucho más preocupados
por su técnica vocal que por "hacer algo" con sus
personajes.
El nivel musical, por lo tanto, es lo más rescatable de esta
versión, a lo que concurre la eficaz dirección de Álvarez
y, la capacidad de los músicos de la Orquesta Estable. |
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Juana
de Arco en la Hoguera, oratorio de Arthur Honegger
con texto de Paul Claudel (1938)
Director de orquesta: Reinaldo Censabella
Director de escena: Roberto Platé
Intérpretes: Dominique Sanda (Juana), Mario Solomonoff (Hermano
Domingo), Fernando Chalabé (Porcus), Alicia Cecotte (Catalina),
Irene Burt (Margarita), Mónica Philibert (Virgen María)
Teatro Colón, 26-5-02
Mientras
tanto y por su parte, Emilio Basaldúa, en el Colón,
pone en marcha un proyecto incuestionablemente audaz, de un arrojo
casi isólito: situar al Teatro en relación con el mundo
circundante, reflejarlo, integrarlo, hacer eco. Nada fácil
para un público anquilosado, que precisamente quiere evitar
eso. Un balance notable de obras "clásicas" con otras
de estética más vecina a nosotros (¡casi con predominio
a favor de éstas!), favoreciendo el desempeño de los
locales: una apuesta arriesgada y que impresiona por su fuerza y empuje.
Entre otras cosas, la reposición de una puesta en escena que
ha sido uno de los mayores aciertos del Teatro. Platé ha colocado
a Juana en nuestro país, con referencias a nuestros infortunios
-el Tigre es un carapintada, el Zorro es un tanguero "no te metás",
la Serpiente un travesti de la Panamericana, los niños son
escolares de guardapolvo blanc - y no se equivoca. Todo lo contrario:
nuestras actuales peripecias le dan la razón una vez más.
Alejan el texto de Claudel, -Juana de Arco siempre fue un símbolo
para la derecha francesa- de un contexto cuestionable y cruel, para
colocarla entre nosotros como espejo en que mirarnos. La evitación
cuidadosa de toda obviedad escenográfica, de toda innecesariedad
decorativa, hace el resto.
Otro movimiento inteligente es aprovechar la presencia en Argentina
de la gran actriz Dominique Sanda. Una Juana conmovedora, con su propia
imagen y plasmado del personaje, que no convencerá a algunos,
pero que tiene una vibración personal en perfecto acorde con
nuestro presente. Todos, la orquesta magníficamente conducida
por Censabella, el coro en un momento excelente y los solistas -a
veces alcanzando instantes especialmente felices, como Mónica
Philiber - potencian el impacto.
Y por último, los eventos especiales -ya exitosamente iniciados
con la última función de entrada absolutamente libre
y gratuita, de "Mahagonny" (¡entraron 4000 personas!),
y el anuncio de una función solidaria de "Juana"
en la que todo el personal del Teatro trabajará "ad honorem"
-la entrada será un alimento no perecedero- ponen a la Sala
en el lugar en donde siempre debería haber estado. (Hay que
añadir la supresión de las absurdas, anacrónicas
y vergonzosas funciones de gala con "etiqueta obligatoria").
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APÉNDICE:
JUANA X 2
La
pasión de Juana de Arco, film de Carl Dreyer (1928) con música
de Léo Puget y Victor Allix.
Director de orquesta: Santiago Chotsourian
Banda Sinfónica de la Ciudad de Buenos Aires y Coro Polifónico
de Ciegos
Teatro Colón, 2-6-2002
Excelente
idea: dar contexto a las representaciones del oratorio de Honegger/Claudel
con una función especial en la que se proyecta la obra maestra
de Dreyer con la música original "en vivo". Como
otras veces, la música no pretende ir más allá
de un subrayado incidental (a veces, sin embargo, hay cierta independencia
saludable con respecto a las imágenes) sin adquirir perfil
propio, pero una orquestación hábil (E. Météhen),
algún efectismo refrescante y, sobre todo, la comprometida
y enérgica dirección de Santiago Chotsourian elevan
y acentúan el nivel emotivo, en sí de altísimo
voltaje, de la película.
En efecto, es difícil decir algo que no se haya dicho ya de
una de las creaciones más extraordinarias del séptimo
arte. Casi enteramente sustentada en el rostro -de una expresividad
sin igual en toda la historia del cine- de Renée Falconetti,
y alcanzando su punto de mayor vibración en la escena con Antonin
Artaud (¡lo que no quiere decir que el resto vibre menos!),
la obra tiene mayor frescura y actualidad que muchas películas
filmadas hace meses. De hecho podría juntarse y compactar todo
el "mainstream" de los últimos veinte años
y el resultado no alcanzaría ni el 10 % de la potencia (o la
belleza) de "La pasión de Juana de Arco".
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