»
Agregar a Favoritos
GUIA DE ARTISTAS
» Literatura
» Artes Plásticas
» Música
» Danza
» Teatro
» Cine
» Fotografía
» Arquitectura
SECCIONES
» Agenda Cultural
» Direccionario
» Publicaciones
» Concursos
» Página Abierta
COLUMNISTAS
» Buenos Aires
» Desde Argentina
» Desde el Mundo
» Entrevistas
GALERIA ON LINE
» Artistas de El Muro
» Obras en Venta
TANGO | Nuevo
EVENTOS
BENEFICIOS
MEMORIA URBANA
SERVICIOS
PUENTE CULTURAL
.
CONTACTENOS
» Info
» Publicidad
» Gacetillas
» Ventas
» Expo
» Webmaster
NBreves Relatos con Café
por Carlos Carbone»n
.
Aquél mediodia en el Café Tortoni
m

"El autor de esta columna
presentando uno de sus
libros en la Bodega del
Café Tortoni"

La verdad, entre el calor que hacia aquel mediodía y la colorada que movía sus caderas delante de mí, preste poca atención cuando crucé la puerta del bar. Solo tenía intenciones de tomar una cerveza bien tirada y relajarme un poco. El verano en Buenos Aires es una mezcla fatal de smog y humedad y yo, habitante de estas calles calientes, solo buscaba el refugio de un trago.

Al rato caí en cuenta que el bar elegido para tal noble fin era el místico Café Tortoni y sentí un frescor renovador.

Mientras bebía lentamente mi cerveza, no pude evitar remontarme a la presentación de mi primer libro de poemas en la Bodega, hace ya casi veinte años. Tampoco la emoción de ver nombres de ilustres personajes por todos lados, en las mesas, en los cuadros, en el aire, dando vueltas por tan misterioso lugar.

Recordé la historia de Quinquela y su peña "Agrupación de Gente de Artes y Letras" junto a su amigo Filiberto, los ecos mágicos de los poemas de Alfonsina, los del genial Federico ó los del inmenso Pablo, la fina ironía de Borges, la sabiduría paisana de Yupanqui, la nube porteña de Mores, la profunda belleza de Ferrer, la ronca cuerda de Héctor Negro, la humilde grandeza de Don Osvaldo.

Mientras acariciaba mi bigote y pedía otra vuelta, sentí que algo raro pasaba en mi cuerpo, entendí que la emoción estaba gestando su jugada y deje hacer, nunca me opongo a los dictados de mi imaginación, cerré lentamente los ojos y respire profundo; cuando los abrí, el café era el mismo, pero era otro, la gente escuchaba a una hermosa muchacha de largo vestido decir sus poemas, cuando termino, todos aplaudimos en forma entusiasta y una voz desde el pequeño escenario dijo:

-Ahora escucharemos los versos de un joven poeta -
Cuando escuche mi nombre, desperté, era el mozo que traía otra vuelta de cerveza, lo bueno de todo esto es que se trataba de una invitación de unos pintorescos señores con ropa de otra época y sonrisa cómplice.

m
<< INTRODUCCION SIGUIENTE >>
m
Pagina de Inicio Escribanos Agregar a Favoritos