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NBreves Relatos con Café
por Carlos Carbone»n
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Un lunes distinto en el Café La Academia.
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Desde hace varios años que todos los lunes nos juntamos con mis compañeros de "La sociedad de los Poetas Vivos" en el viejo Bar "La Academia", en la Avenida Callao casi esquina Corrientes.

Aquel lunes llegue un poco mas temprano que de costumbre, pedí mi cortado al mozo con un gesto, y me puse a corregir unos trabajos para un concurso que tenia que entregar, mientras bebía en pequeños sorbos mi cortado, los gritos del fondo me llamaron la atención, siempre en el fondo hay euforia porque ahí se juega al truco, al mus, a los dados, al dominó, al ajedrez, a la dama, y mas al fondo se juega billar y pool.

Volviendo a los gritos, me llamaron sumamente la atención, pero lo que más me llamo la atención es que ni el dueño ni ninguno de los mozos le pidan a los bulliciosos que tengan mas recato, como siempre, algún grito, el ruido de los dados, pero no tal alboroto.

Me levante fui entre las mesas para el fondo, cuando vi una cortina roja con borlas doradas me extraño, igualmente no me pareció mal que se modernicen y traten de poner el lugar más presentable, corrí la cortina y había allí un verdadero lugar de juego, un casino con todas las letras, señores bien vestidos acomodando a los que llegaban, ruletas, bingos, black jack, señoritas en ajustada ropa repartiendo habanos y tomando pedidos, luces por todos lados, refrigeración y música ambiental.

El bar estaba cambiado, poseído, ya que estaba cuando escuche "no va más" le tire unas fichas al 19, pero el maldito no vino y desistí de seguir jugando, me convidaron un whisky, le puse una piedra de agua y revolviéndola con mi dedo, entable conversación con una señora muy elegante que había perdido algunos pesos pero mucho no le importaba.

Fui al baño y también había modificaciones allí, azulejos italianos, canillas artísticas, luces abundantes y como si todo eso fuese poco estaba limpio.

Cuando salí todo estaba normal, espere un rato mas, pero ninguno de mis amigos vino, pague mi cortado y me fui.

El lunes siguiente volví, como todos los lunes y allí estaban, organizando concursos, presentaciones y libros, hablando todos juntos y discutiendo hasta de lo que están de acuerdo, los salude con un beso y un abrazo como siempre, y algo que me dijo Marcos escondido tras su pipa me dejo pensando: - Che Carlitos, ¿Qué te paso, que no viniste a la reunión del lunes pasado?

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