| Desde
hace varios años que todos los lunes nos juntamos
con mis compañeros de "La sociedad de los
Poetas Vivos" en el viejo Bar "La Academia",
en la Avenida Callao casi esquina Corrientes.
Aquel
lunes llegue un poco mas temprano que de costumbre,
pedí mi cortado al mozo con un gesto, y me puse
a corregir unos trabajos para un concurso que tenia
que entregar, mientras bebía en pequeños
sorbos mi cortado, los gritos del fondo me llamaron
la atención, siempre en el fondo hay euforia
porque ahí se juega al truco, al mus, a los dados,
al dominó, al ajedrez, a la dama, y mas al fondo
se juega billar y pool.
Volviendo a los gritos, me llamaron sumamente la atención,
pero lo que más me llamo la atención es
que ni el dueño ni ninguno de los mozos le pidan
a los bulliciosos que tengan mas recato, como siempre,
algún grito, el ruido de los dados, pero no tal
alboroto.
Me levante fui entre las mesas para el fondo, cuando
vi una cortina roja con borlas doradas me extraño,
igualmente no me pareció mal que se modernicen
y traten de poner el lugar más presentable, corrí
la cortina y había allí un verdadero lugar
de juego, un casino con todas las letras, señores
bien vestidos acomodando a los que llegaban, ruletas,
bingos, black jack, señoritas en ajustada ropa
repartiendo habanos y tomando pedidos, luces por todos
lados, refrigeración y música ambiental.
El bar estaba cambiado, poseído, ya que estaba
cuando escuche "no va más" le tire
unas fichas al 19, pero el maldito no vino y desistí
de seguir jugando, me convidaron un whisky, le puse
una piedra de agua y revolviéndola con mi dedo,
entable conversación con una señora muy
elegante que había perdido algunos pesos pero
mucho no le importaba.
Fui al baño y también había modificaciones
allí, azulejos italianos, canillas artísticas,
luces abundantes y como si todo eso fuese poco estaba
limpio.
Cuando salí todo estaba normal, espere un rato
mas, pero ninguno de mis amigos vino, pague mi cortado
y me fui.
El lunes siguiente volví, como todos los lunes
y allí estaban, organizando concursos, presentaciones
y libros, hablando todos juntos y discutiendo hasta
de lo que están de acuerdo, los salude con un
beso y un abrazo como siempre, y algo que me dijo Marcos
escondido tras su pipa me dejo pensando: - Che Carlitos,
¿Qué te paso, que no viniste a la reunión
del lunes pasado?
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