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NBreves Relatos con Café
por Carlos Carbone»n
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Dando vueltas por La Giralda.
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Aquella tarde llegué al café La Giralda con mucho frío, el invierno empezaba a sentirse por las bellas calles de Buenos Aires.
Después de dar varias vueltas por el centro detrás de algunas cuestiones que tenía que atender para conseguir unos pesos, entre al viejo bar con ganas de tomar un chocolate con churros, que allí por siempre fue una especialidad de la casa y realmente la fama no carecía de fundamento.
Me acomode en la mesa que da contra la ventana y le hice él encargue al sordo mozo que atendía las mesas de adelante, después de repetir lentamente mi pedido por dos veces, el mozo se retiro con algunas dudas y con el pedido levantado.
Saqué del portafolio mi diario y me puse a buscar información sobre Independiente, algo que siempre es lo primero que hago así se caiga todo en pedazos.

En la mesa de enfrente dos adolescentes se tocaban por debajo de la mesa, mas allá un joven leía al gran Cesar Vallejo y por el fondo un hombre de blanca cabellera dormitaba envuelto en una bufanda verde.
Era la hora del bostezo.
El mozo llegó con gesto marcial y puso en la breve mesa de mármol el chocolate con los churros bien dorados como yo le pedí. (¡El sordo escucha!, ¡El sordo escucha!).
Merendé con la paciencia de un yoguista y luego pedí un vaso con agua ya que recordé que mi madre siempre me hacía tomar agua después de tomar chocolate. (Cosas de madres).
En la calle Corrientes él trafico se había complicado, serían las seis y a esa hora los oficinistas ocupan todo, las calles, los taxis, el aire y sobre todo los bares.
Yo jugaba con un sobrecito de azúcar cuando ingreso una muchacha que me distrajo inevitablemente, con un par de pantalones blancos y una campera corta dejando lucir sus encantos más inmediatos.
La vida del que contempla es agitada.
Todo se dormía, cuando la "pantalones blancos" interrogó la hora, luego si tenía fuego, luego si sabía donde paraba el 45 para ir a Lanús, a la cuarta pregunta la invite a mi mesa y ella acepto con ganas.
Ya lo que tomamos no fue chocolate, nos tomamos una ginebra y riendo nos fuimos abrazados para algún lugar del bajo.
Por cuestiones de hombría no entraré en detalles, solo diré que la mezcla del chocolate con churros más la ginebra me cayo un tanto pesado.
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