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| Dando
vueltas por La Giralda. |
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Aquella
tarde llegué al café La Giralda con
mucho frío, el invierno empezaba a sentirse
por las bellas calles de Buenos Aires.
Después de dar varias vueltas por el centro
detrás de algunas cuestiones que tenía
que atender para conseguir unos pesos, entre al
viejo bar con ganas de tomar un chocolate con churros,
que allí por siempre fue una especialidad
de la casa y realmente la fama no carecía
de fundamento.
Me acomode en la mesa que da contra la ventana y
le hice él encargue al sordo mozo que atendía
las mesas de adelante, después de repetir
lentamente mi pedido por dos veces, el mozo se retiro
con algunas dudas y con el pedido levantado.
Saqué del portafolio mi diario y me puse
a buscar información sobre Independiente,
algo que siempre es lo primero que hago así
se caiga todo en pedazos.
En la mesa de enfrente dos adolescentes se tocaban
por debajo de la mesa, mas allá un joven
leía al gran Cesar Vallejo y por el fondo
un hombre de blanca cabellera dormitaba envuelto
en una bufanda verde.
Era la hora del bostezo.
El mozo llegó con gesto marcial y puso en
la breve mesa de mármol el chocolate con
los churros bien dorados como yo le pedí.
(¡El sordo escucha!, ¡El sordo escucha!).
Merendé con la paciencia de un yoguista y
luego pedí un vaso con agua ya que recordé
que mi madre siempre me hacía tomar agua
después de tomar chocolate. (Cosas de madres).
En la calle Corrientes él trafico se había
complicado, serían las seis y a esa hora
los oficinistas ocupan todo, las calles, los taxis,
el aire y sobre todo los bares.
Yo jugaba con un sobrecito de azúcar cuando
ingreso una muchacha que me distrajo inevitablemente,
con un par de pantalones blancos y una campera corta
dejando lucir sus encantos más inmediatos.
La vida del que contempla es agitada.
Todo se dormía, cuando la "pantalones
blancos" interrogó la hora, luego si
tenía fuego, luego si sabía donde
paraba el 45 para ir a Lanús, a la cuarta
pregunta la invite a mi mesa y ella acepto con ganas.
Ya lo que tomamos no fue chocolate, nos tomamos
una ginebra y riendo nos fuimos abrazados para algún
lugar del bajo.
Por cuestiones de hombría no entraré
en detalles, solo diré que la mezcla del
chocolate con churros más la ginebra me cayo
un tanto pesado. |
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