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| Breve
relato de otro robo. |
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La
primera vez que me dijeron -Dame la guita- bien no entendí,
el chorro debió repetirme con el agregado de -no
te hagas el pelotudo, si no querés ser boleta-
para que las cosas me queden un poco mas claras.
Yo estaba tomando un cortado en el barcito de Directorio
y José María Moreno, cuando sorpresivamente
me dejaron sin plata, yo intente reconocer tras el revolver
a algún funcionario del gobierno pero no lo logre,
el aspirante a político fue mesa por mesa pidiendo
el efectivo y las joyas, yo le di mis últimos patacones
y le pedí con buenos términos que no se
lleve los documentos, ya que son muy caros su renovación,
el principiante de banquero dijo -Ta´ bien- y siguió
atendiendo a otros depositantes.
El otro aspirante a diputado estaba atento a todos los
movimientos de su compañero y apuntaba la cabeza
de una señora que lloraba refinadamente.
Un tercer aspirante a burócrata sindical estaba
con un vehículo en la puerta esperando que sus
correligionarios den por finalizado el trabajo, con el
motor en marcha y las luces de posición encendidas.
Nos pelaron el saco a todos, los hombres conteníamos
nuestra indignación y las mujeres nos consolaban
diciendo -por favor quédense quietos, denle la
plata así se van de una vez-
Cuando partieron los aprendices de senadores, fue un gran
alivio, ya que estos están dispuestos a todo.
El gordo de la mesa del fondo consolaba a la rubia que
tenía pinta de no estar con él por amor,
la viejita que estaba junto a la ventana recitaba un rosario
de palabrotas y maldecía su suerte, el mozo consolaba
a todos repartiendo agua y palabras de contención,
y yo me insultaba por esta costumbre de andar tomando
café por allí en vez de estar en casa viendo
a Tinelli.
Luego todos nos fuimos retirando con una pegajosa sensación
de ser perseguidos, el frío de la noche empezaba
a notarse, fui rápido a casa y para calmarme agarre
lo primero que encontré; prendí la TV. |
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