| Quedamos
para el jueves.
Yo me puse mi mejor pantalón y mi mejor camisa
y encaré casi con alegría para el tradicional
café Las Violetas, ese viejo refugio del Barrio
de Almagro en Rivadavia y Medrano.
Llegué como media hora antes de la cita a ciegas
que tenía con una señorita que había
contactado a través de un programa de radio que
se dedicaba al tema de solas y solos.
Nos reconoceríamos mutuamente porque ella iría
con un vestido rojo, del mismo color que mi cabello,
dijo, y yo porque tendría una camisa verde, del
mismo color que mis ojos, dije mintiendo y un libro
de Pavese en la mano.
Me acomodé en una mesa junto al ventanal que
daba a Medrano, no sin antes inspeccionar a las personas
que había allí y no encontré nada
que me llamará la atención, entonces pensé
que desde ese lugar tendría buena visión
de la puerta de calle para controlar los movimientos,
respire aquel aroma a café y me quedé
encantado con todos los detalles de ese señorial
lugar que fue inaugurado en 1884; eso me ayudo a pensar
en cuantas parejas se habrán formado en ese lugar
y sobre esas frías mesas de mármol que
ahora contenía mi cortado y que seguramente fueron
calientes muchas veces por la contención de la
pasión de sus habitantes.
Estaba tan nervioso que me costaba pensar en otra cosa,
nunca había pasado por una situación semejante,
si la mujer que espero no me gusta que hago, me saco
la camisa, tiro el libro, hago un pozo en el medio del
salón y me entierro, digo que casualidad señorita,
pero no soy yo el hombre que usted busca, yo soy un
ave de paso, en realidad esta camisa parece verde pero
es azul.
La visión de la ventana me daba una ciudad agitada,
bocinas y taxis, y yo aquí esperando una ilusión
con vestido rojo, una posibilidad para apagar la soledad.
De pronto una mujer muy hermosa de vestido rojo ingresa
al bar, pero su cabellera negra me dijo que no debería
ser la esperada. Después otra mujer de hermosa
cabellera roja ingresa al café, pero su vestido
negro me dijo que no otra vez, hasta que alguien me
toco el hombro y me dijo con su voz de teléfono,
hola vos sos Daniel?.
Afuera Almagro entraba a la noche.
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