| Me
costo llegar. La poderosa lluvia y el desbocado Maldonado
inundó todo el barrio, si bien ya no soy de este
lugar, conocía un atajo que alguna vez un cuchillero
de la zona, un tal Borges, me enseño.
Arribe al café La Paloma porque tenía
que ver a una mina y de paso quería escuchar
a “Pacho” Maglio y su célebre cuarteto,
ese día el café estaba repleto de humo,
jockeys, timberos de todo tipo y soldados huidos o de
licencia.
Desde el palco la orquesta tocaba con garra y aflicción,
cuando llego Lulú, con su belleza intacta y su
amigo Félix Lima, conversamos, y bebimos ginebra,
también aplaudimos a un payador, un tal Agapito
Martínez, que a veces frecuentaba el lugar.
Reímos, fuimos felices, nos besamos a pesar del
griterío que metían los soldados y nos
deleitamos viendo bailar a Benito Bianquet, para los
amigos “El cachafaz”; quién con todo
respeto me pidió si le permitía bailar
una pieza con Lulú.
La noche paso entre tangos y ginebra, afuera el Maldonado
volvió a su cauce y la Avenida Santa Fe también
retomo su cauce habitual.
Al otro día amanecí con dolor de cabeza,
el reloj del celular indicaba las 8, me levante corriendo,
me duche rápido, recalenté el café
de ayer y fui con el auto por la Av. Juan B. Justo a
mi trabajo, una pinturería muy importante de
Palermo.
Estaba yo atendiendo cuando ingreso una señora
muy viejita, con ropas muy viejas también, se
notaba que de joven había sido muy hermosa, y
con la voz tenue, como de otro tiempo, me dijo, muchacho
busco un café llamado La Paloma que estaba por
acá, tengo una cita con un muchacho muy apuesto
y no quiero llegar tarde. |