
Pasquetti observando una obra,
en compañía de un crítico.

"La dama de la noche"

Nuevamente, el tema de
sus mujeres nocturnas.

Postal de La Boca
donde se observa su firma. |
Para
casi todos era Bruno, aunque se llamaba Ferrer Pasquetti,
Había nacido en 1909 en San Pablo, Brasil
y desde los garabatos infantiles hasta sus bellas
obras de la madurez, dibujó, pintó
y grabó en Argentina.
Cuando se le pedían detalles de sus comienzos
artísticos, le gustaba contar que sus antepasados
habían sido artistas del vidrio veneciano,
alrededor de 1541. Por lo menos, así consta
en el libro "L'Arte del Vetro", de Giovanni
Mariacher, que editó en Italia, en 1954,
la firma Arnoldo Mondadori. Seguramente por sus
venas corría sangre de artistas, porque Bruno
se formó en la observación, la curiosidad
y la lectura: fue un gran autodidacta.
Sus
figuras humanas remiten a Botero, por lo voluminosas,
se destacan por un trazo personal y una coloración
de brillos y matices únicos.
Pasquetti, era un fumador y un noctámbulo
empedernido, de esos que cargan siempre con los
dedos teñidos por la nicotina y tienen los
labios rápidos para dejar escapar una galantería
ante las damas. Siempre la palabra justa del que
conoce mucho la calle y sabe hasta dónde
puede dar rienda suelta al verbo.
Trabajó muchos años en talleres de
fotograbado y hueco-offset, donde se imprimían
los suplementos literarios y culturales de los grandes
diarios argentinos. Esa actividad que se hacía
sobre el cierre de ediciones, en las primeras horas
de la madrugada, acentuaron su condición
de trasnochador.
Gozaba de cada rincón de La Boca, que dieron
lugar a muchas de sus obras. Justamente por eso,
sus pinturas y acuarelas de la tradicional República
porteña, tienen el sello que les confiere
quien ha observado sin prisa cada escena, con afecto
por la gente y por sus faroles, sus casitas en fila,
las calles adoquinadas, los rieles inactivos y la
sugerencia de una atmósfera inconfundible.
Otra etapa fue la de su domicilio en Ezpeleta, donde
fraguó la amistad con don Emilio Novas, Víctor
Roverano, Gerónimo Narizzano y varios contemporáneos
suyos dedicados al arte... Y otra, la de su residencia
en Ranelagh. En todos los casos, siempre acompañado
por su esposa China, la paciente María Josefa
Cabezas.
Fue docente en la Universidad Popular de La Boca,
integró Kilme Agrupación de Artistas
Plásticos y participó en salones oficiales;
también obtuvo premios. Galerías y
museos de distintas ciudades cuentan con obras suyas.
Expuso en el Fogón de los Arrieros en el
Chaco, donde le fue conferida la Llave, apetecido
reconocimiento para la gente del quehacer cultural.
También expuso sus trabajos en Mar del Plata,
Tandil, el Concejo Deliberante de Buenos Aires y
-entre muchas- la Galería Cascales de San
Telmo, rincón memorable, donde muchachas
mulatas vestidas como en la época de la Colonia
ofrecían el refrigerio a los visitantes.
La Embajada de Brasil en Buenos Aires, El Banco
Superville, el Museo de Artes Visuales de Quilmes
y el Golf Club de Ranelagh son otros de los espacios
que albergaron sus obras.
A Pasquetti le gustaba volver a La Boca, aunque
solo fuese para recorrerla y comer en alguna fonda
de buena cocina y con un tinto generoso. Lo hacía
como para recrear en sus ojos, lo que tenía
grabado en su corazón: los resquicios de
un barrio querido que después pintaba sin
cansarse y maravillosamente.
Cayetano Córdoba Iturburu, César Magrini,
Eduardo Baliari, y Víctor González
elogiaron sus trabajos. "Me llama la atención
la potencia que anima este cuadro... observe qué
violencia y qué equilibrio..." confesó
una vez Raquel Forner a Emilio Novas ante una tela
de Pasquetti, que forma parte de la pinacoteca del
Fogón de los Arrieros.
La galería de arte Ferrer Pasquetti, de Miramar
promueve su obra y
-desaparecido su autor en 1990- sus pinturas se
expusieron en la Universidad de Belgrano en 1995
y en la Fundación Alfalit de Miami -USA-
en 2001. Revistas de arte con alcance nacional,
aún se ocupan de su pintura, certificando
que sus formas y colores, en los que no faltan los
contenidos sociales que tanto lo preocupaban, continúan
absolutamente vigentes. |