
Yvonne N. de F.
Rigolleau
en su casa,
en 1984 |
A
fines del Siglo XIX Gastón Rigolleau había
participado en la importación de papel
y tintas a Argentina y ante una huelga de obreros
que paralizó la producción de frascos
de vidrio para envasar esta última, decidió
dedicarse a su fabricación, para no dejar
de proveer la tinta, por entonces único
medio de escritura sobre papel, además
de los lápices.
Entre 1906 y 1908 se construyó la planta
fabril vidriera que hasta la actualidad lleva
su apellido, en Berazategui, Provincia de Buenos
Aires. Su hijo, León Fourvel Rigolleau
lo sucedió y desarrolló lo que fue
la empresa vidriera más importante de Sudamerica,
trayendo artesanos europeos, que formaron a los
sopladores argentinos. Era un apasionado por el
vidrio, que recorría establecimientos fuera
del país observando tecnologías
y productos, para impulsar el crecimiento de su
empresa.
Emprendedor entusiasta, en 1943 dio vacaciones
y jubilaciones pagas al personal e implantó
el salario familiar, cuando las leyes de su obligatoriedad
aún no existían. Bajo su aprobación
y con la dirección del maestro Gerónimo
Narizzano, se fundó allí el Ateneo
Rigovisor, instituto de perfeccionamiento para
obreros de la firma que extendió sus actividades
a la población, ofreciendo gratuitamente,
alternativas de formación y de divulgación
cultural. También propició experimentaciones
artísticas, de donde nacieron talladores
reconocidos como Francisco Ragas, el escultor
en bloques de vidrio Félix Berdyszczak
y la vitralista de prestigio internacional Lucrecia
Moyano. Fue, además, una importante avanzada
educativa que dejó su impronta en varias
generaciones de berazateguenses. En el campo artístico
permitió la iniciación de pintores
y escultores de trayectoria destacada. Ese Ateneo,
es reconocido en nuestro país, como uno
de las primeras iniciativas serias de capacitación
al personal, por parte de una industria.
León, recordado por quienes lo conocieron,
como un hombre elegante y apuesto, de buen trato,
proclive a beneficiar a la gente menos pudiente
y estar atento a las necesidades de sus obreros
y empleados, hasta el punto de convertir a su
empresa en una gran familia, estaba casado con
Ivonne Necol, una dama francesa que lo acompañó
en muchos de sus viajes y en los derroteros de
la vida.
Ella lo apoyó en su decisión de
propiciar la creación de un cuartel de
bomberos voluntarios, una sala de primeros auxilios,
aportes a la creación del Policlínico
del Vidrio y muchas iniciativas que contribuyeron
al crecimiento comunitario. Los dos fueron padrinos
de la Parroquia Sagrada Familia, de la localidad
donde está la fábrica.
Rigolleau se retiró de la empresa en 1958
y falleció pocos años después.
Tiempo más tarde, la plazoleta ubicada
entre las calles 14, Pellegrini y Garay, de Berazategui,
fue bautizada con su nombre.
Su esposa quedó muy sola, ya que el matrimonio
no tuvo hijos. Desinteresada en los negocios industriales,
ella también se desvinculó de la
firma, cuyo directorio integraba. Sin embargo,
seguiría ligada a la comunidad.
Ivonne atesoraba sus recuerdos y conservaba vidrios
artísticos y cristales especiales acumulados
a lo largo de sus viajes con su marido. En los
años '70 residía en un piso del
Edificio Cavanagh de Buenos Aires, cuyo ascensor
principal no usaba, por no cruzarse con el ministro
de Economía del Proceso Militar, quien
también vivía allí. Y por
temor a algún atentado, a propósito
de esa presencia. Prefería utilizar el
elevador de servicio.
Fue en esa época que concretó una
idea que había acariciado desde hacía
tiempo: erigir un complejo con sala de exposiciones,
auditorio y oficinas, para crear un museo del
vidrio. Pese a la resistencia de familiares que
desaprobaban las inversiones que ello demandaría,
llevó adelante su idea. No oyó reclamos
de sobrinos, acaso interesados, y afrontó
las dificultades de ese proyecto, con las únicas
palabras de aliento de un amigo de su esposo,
el ing. Pierre Roubalski, y el de su hermana Marie
Louise, muy mayor, como ella, cuando encaró
la tarea.
Tuvo varios inconvenientes durante la realización
de la obra que le costaron disgustos y mucho dinero
extra al presupuesto inicial, pero, finalmente,
logró cumplir su objetivo: el 25 de mayo
de 1977 se inauguró el Centro Cultural
"León F. Rigolleau". Ella asistió
al acto satisfecha de haberlo conseguido, pese
a las insistentes objeciones familiares. Las puertas
se abrieron para ofrecer al público una
muestra del maestro Narizzano, un concierto del
guitarrista Cacho Tirao y un recital poético
con Biby Fedele, Pedro Costa y Rodolfo Rossi.
Desde entonces, con el impulso de los jóvenes
entusiastas que trabajaban en la Dirección
de Cultura municipal, se convirtió en un
espacio para el aprendizaje, la creatividad, y
el crecimiento. En la actualidad funcionan allí
varias escuelas de arte.
Más tarde, Ivonne Necol donó algunas
piezas de vidrio a ese Centro Cultural y legó
las restantes al Museo de Arte Decorativo de Buenos
Aires. Por disposición provincial del año
1984 la Sala Museográfica que se inauguró
en el primer distrito, se denomina Ivonne Necol
de Fourvel Rigolleau.
Dada su avanzada edad y la soledad en que vivió
sus últimos años, no concurría
a menudo a los actos y espectáculos que
se desarrollaban en el complejo que ella erigió;
pero disfrutaba con cada invitación que
le llegaba y cuando leía en un diario nacional,
el anuncio de ellos.
Yvonne Necol falleció en setiembre de 1994
a los noventa y ocho años. La acompañaron
flores provenientes de Berazategui y el agradecimiento
comunitario. Que la buena memoria permite que
continúe. |