
"Mate"
xilografía - 1996
"Besos y abrazos"
fragmento de xilografía
2000
"Juego de Pato" |
Nacido
en Río Negro, gracias a un padre ferroviario
que en 1929 tenía destino en Allen, Ludovico
Pérez, quilmeño de corazón
y residente en Ranelagh desde hace casi seis décadas,
estudió artes plásticas con maestros
como Juan Correa, Antonio Sassone y Leopoldo Füschshuber.
Viajó becado por el norte argentino donde
compartió experiencias con el reconocido
antropólogo Alberto Rex González.
Fundó la Escuela de Bellas Artes "O.
Albertazzi" en Formosa, y la de Artes Plásticas
"A. F. Sturla" en Avellaneda.
Con fines de estudio recorrió museos, escuelas
artísticas y talleres de Alemania, Austria,
Bélgica, España, Francia, Holanda,
Inglaterra, Italia y Suiza.
Expuso sus obras en las ciudades más importantes
del país, intervino
–especialmente invitado– en el Festival
Nacional de Acuarela de Quebec, e hizo muestras
individuales en esa ciudad y en Montreal. Compartió
la Muestra de Artistas Argentinos en el Chateau
Champlin, en Canadá y la de Grandes Maestros
de la Pintura Argentina en el Koubek Center, de
la Universidad de Miami.
Su obra reflejando el pasado y presente quilmeños,
las imágenes de los bailes populares en
la ribera con el tango como protagonista y rincones
suburbanos entrañables, caracterizan a
un artista laborioso y prolífico. Sus ombúes
y varios retratos habitualmente son usados como
logotipos, a sabiendas de su consentimiento sin
protestas, cuando otros cobran por permitirlo.
Una anécdota que refleja su honestidad
artística, es la de un coleccionista que
compró a un marchand porteño, diecinueve
cuadros suyos con imágenes de araucarias,
por el placer de tenerlos; y porque no había
dos obras iguales.
El dibujo, la acuarela, el óleo, la témpera
no tienen secretos para sus trazos elegantes y
su coloración armónica. Sin embargo,
donde ha descollado y sobresale notablemente,
es en el grabado. Aguafuertes, aguatintas y xilografías
surgidas de su inspiración corroboran su
calidad de maestro. De su prensa han surgido maravillas.
Participó en muchos encuentros artísticos,
entre ellos varias ediciones del Salón
de Grabado "Carmen Arozena" de Madrid,
y cuentan con sus obras varios museos, como el
de Grabado de La Habana.
Ilustró unos cuantos libros para El Editor
Latinoamericano y publicaciones particulares,
pero, sobresalen una edición de "El
ombú" (Ediciones Pancho Aquino, 1998)
y otra de "Allá lejos y hace tiempo"
(EDIBER, 2001) dos memorables textos de Guillermo
E. Hudson. La primera obra con xilografías
y la segunda con dibujos.
Sus imágenes han sido tapa de revistas,
catálogos, libros, agendas, y han jerarquizado
tarjetas personales y navideñas.
Ha obtenido innumerables reconocimientos como
artista y como persona. Su biografía figura
en la Enciclopedia del Arte en América
(Ed. Omega) y lo citan dentro del panorama artístico
nacional, críticos como Cayetano Córdoba
Iturburu y Fernando López Anaya. Han elogiado
su obra, Alberto M. Perrone y César Magrini
y publicaciones especializadas como Pluma y Pincel,
le han dedicado espacios.
Pese a ser un referente dentro de la plástica,
cultiva la humildad sin esfuerzos, y es una persona
querida, cuya mansedumbre y bondad son calificativos
que acompañan invariablemente a su nombre.
El ejercicio de la docencia por más de
cincuenta años, sigue siendo una actividad
en la que evidencia innata generosidad: da todo
a sus alumnos, en una actitud de entrega que facilita
el acceso al conocimiento. Alguna vez, ellos,
colocaron un cartel en el aula donde él
daba clases que rezaba: "Silencio, profesor
enseñando", en clara señal
de su condición de maestro admirado, de
quien ninguno querían perderse una palabra.
En este trajín de enseñar, ha divulgado
ampliamente las técnicas para elaborar
colores a partir de diversos elementos, así
como la fabricación de papel artesanal
y papiro, que se utilizan para pintar e imprimir.
Artistas multipremiados en el país y en
el exterior reconocen en él a un maestro.
Incansable a la hora de colaborar con instituciones
culturales, más de una vez se lo ha visto
servir un asado, comprar rifas, y poner el hombro
de maneras diversas, para recaudar fondos destinados
a editar un libro o alguna otra iniciativa cultural.
Por esa permanente capacidad de dar y su hombría
de bien, él y su esposa, la artista plástica
Norma Cistaro, son permanentemente requeridos
y bienvenidos. A cualquier hora y en todas partes. |