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NSantos & Herejes
por Roque de Pedro y Nora Benítez »n
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Miguel Cantilo: La fidelidad y el cambio.
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Amor por la expresión. Ese podría ser el lema que definiría a la conducta de Miguel Cantilo desde sus inicios durante el tiempo del surgimiento de la versión local del hippismo con su versión patagónica y precordillerana de jóvenes emigrados desde las urbes cosmopolitas que buscaban el amor y la paz en esa fusión de campo y montaña que se entremezcla allá por El Bolsón. Hoy es un activo defensor de sus ideales de siempre, convertidos en actualidad y cargados de vigencia, con centenares de canciones, decenas de discos (donde hallamos desde canciones llamadas de protesta hasta efluvios rockeros y sinceridades en color de tango), una parva de poesías y relatos convertidos en libros, como el reciente ¡CHAU, LOCO!.

Sin estereotipos, a Miguel le vale su ubicación entre los herejes que buscaron la sinceridad de un camino propio, y la santidad de los que jugaron la vida con amor a sinceridad y el prójimo.

Por ello, SANTOS & HEREJES preguntó y Cantilo se mostró:
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- En tu vida han pasado unas cuantas primaveras con la música y con la poesía, ¿cómo ves la perspectiva de Miguel Cantilo hoy, frente al Miguel Cantilo de aquellos momentos del comienzo de la expresión?
- Bueno, casualmente es un tema puramente expresivo. Yo creo que la necesidad que tenemos es de expresarnos, somos como una especie de enfermos de la expresión, yo a través de las palabras, de la música, de lo que sea. Porque es como una cosa casi glandular, te diría, eso de buscar un método de expresión. Entonces, estoy con la poesía, con la prosa, con las canciones, que son mi fuente principal de trabajo, y bueno, tengo un montón de trabajo hecho, acumulado. Pero después hay otra etapa que es la búsqueda para que ese trabajo llegue a la gente de una manera accesible, a través de libros, discos, conciertos, lo que sea. Entonces, bueno, ese es el único proceso en el que por ahí estoy un poco trabado. Tengo mucha cantidad de canciones, de proyectos musicales acá, en el extranjero, proyectos literarios... Y tal vez no estoy encontrando la manera de que la gente llegue a ellos, se junte adecuadamente con lo que hago. Entonces, vivo debatiéndome entre seguir produciendo y encontrar la manera de que la gente reciba mi expresión, ¿no? Estoy un poco desfasado en el tiempo: la gente va recibiendo cosas que yo hice, por ahí, hace diez años, o hace cinco, y hasta consume cosas que hice hace treinta, veinte años, y me pide que las repita. Pero yo trato de hacer cosas de hoy y de combinarlas con esas de antes.

- Sin dudas hay ciertas cosas de las cuales no te es posible alejarte, como la identificación con la realidad que tienen algunos de tus temas, una realidad que a lo mejor era de hace un par de décadas y sigue vigente hoy. De hecho, hablar de Miguel Cantilo, siempre, para cualquiera, para un chico joven, para una persona mayor, para quien sea, es hablar de la MARCHA DE LA BRONCA. Te marcó una presencia inevitable, aunque haya un montón de otras cosas tanto o más interesantes en tu producción. ¿Qué significa para vos que llegues a un recital y te pidan que cantes ese tema, respecto, por ejemplo, de lo que vivís actualmente, de lo que sucede hoy?
- A mí no me significa más que una cosa anecdótica. Es como que te pidan que les cuentes un cuento o un chiste o algo así, que alguna vez contaste. Yo lo siento con gratitud hacia la memoria que la gente puso en ese pequeño trabajo; la obligación mía es corresponderles cantándola, poniéndole sentimiento cada vez, creyéndomela realmente como cuando la escribí. Por otra parte, no me incomoda que la gente me focalice un poco en eso. ¿Por qué? Porque creo que a cada uno un poco lo ubican en un casillero y a partir de ese casillero se enteran de su obra, ¿no? Y yo tengo la suerte de que la gente me ubicó en un casillero que es accesible a muchas personas de diferentes niveles sociales. Tal vez si mi casillero fuera una cosa más cultural o más elitista, quizás no tendría la posibilidad de que la gente accediera con esa diversidad con que lo hace desde distintos puntos del país, desde la memoria política hasta la memoria infantil, del colegio. O sea, la MARCHA DE LA BRONCA es como un puertita por donde la gente puede entrar a mi trabajo. Si lo hacen o no, es una cuestión de cada persona, yo no puedo intervenir. Pero es importante para mí que exista esa especie de llave que les permita diferenciar al personaje dentro de la masa enorme de cosas que consume a diario.

- Hay algo que he notado en tu producción en general: no hay miedo de recorrer distintos tipos de estilos. Eso trae como consecuencia que te conozca tanto la gente del rock como la gente del tango, pese a que en algunos aspectos parecería que estuviesen como enemistadas, como puertas en diferentes veredas. Estoy recordando, por ejemplo, algunas cosas tuyas que me marcaron mucho; sucedió con el grupo Punch con igual fuerza que, en su momento, hiciera Pedro y Pablo, pese a tener tanta diferencia de estilos y de tipos de materiales musicales y poéticos. Por otra parte, lo poético tiene mucho que ver con tu modo de observación de la realidad y de lo que hay detrás de esa realidad. Además está ese otro perfil que afloró cuando apareciste mostrándote tanguero, tanto como creador como en el plano del intérprete. Creo que esa ductilidad, en tu caso particular, define una identidad. Es decir, en lo tuyo hay una total identificación como argentino, porque el argentino, para mí, es un tipo muy heterogéneo. La identidad nacional tantas veces esgrimida como argumento calificatorio, no pasa por decir si se es tanguero o rockero, no, no. Justamente, es consecuencia de esa amplitud de expresión lo que define al argentino. ¿Cómo te sentís vos, vistiéndote con diferentes ropajes sonoros en los distintos momentos de cambio?
- Bueno, lo explicaste tan bien que yo sólo tendría que decirte que me siento bien, y ya está respondido, porque en la pregunta está todo. Pero es así, creo que la diversidad de ropajes que uno se pueda poner es lo que le da más valor, más interés a este oficio. Yo lo veo así un poco porque me considero un discípulo de los Beatles. Ellos fueron así, y eso es un poco el encanto que tiene su obra, ¿no? No tenían inconveniente alguno en abordar cualquier estilo, todavía lo hacen los Beatles que quedan dando vueltas, Paul Mc Cartney, George Harrison, son tipos capaces de abordar cualquier estilo y con eso se divierten. Yo respeto mucho cuando alguien es fiel a un estilo y lo lleva hasta sus últimas consecuencias, me parece admirable; pero yo nunca lo he podido hacer. Más me atrae el abordar diferentes estilos de música y fusionarlos, buscar el poder expresarme en eso, pero con un eje que, como bien observaste, es el eje de la nacionalidad, esa nacionalidad que es tan heterogénea en el argentino, que es producto de tantas migraciones y transculturacio-nes sucesivas. Más que una cultura argentina definida y cerrada, hay un montón de influencias; eso a mí me apasiona, saber que se pueden sumar capas y uno puede seguir siendo argentino. Por ahí hay una presencia del tango y del folklore, que son rectoras dentro de la identidad, pero también está la amplitud que da el rock. Yo entiendo al rock como una escuela abierta de influencias, una música en la que se puede sumar todo, y por eso me mantengo en el rock, pasando por todos esos otros géneros, porque me parece que inclusive cuando voy a otros países y canto en otros idiomas con músicos de esos lugares, siento que el rock es un poco el lenguaje que nos unifica, nos comunica a todos los músicos de la segunda mitad del siglo XX, pero donde cada uno tiene que poner lo importante de su lugar de origen, de su geografía, de su cultura. Eso es lo que da un color más personal, más identificatorio.

- Eso del color, ¿no tiene el peligro de tergiversar la identidad?

- Yo creo que una frase de Leo Maslíah, a quien yo respeto mucho, donde dice que para renovar un estilo o un género, hay que tener un pie puesto en la raíz, siendo fiel, y otro en la renovación. Algo así como un equilibrio entre los dos polos. Hay que respetar lo que es el tango, el folklore, lo que es el origen, pero por otro lado hay que tener la capacidad para buscar actualizarlo, mezclarlo con la -lo que llamamos- globalización. Este es un término al que mucha gente políticamente le raja, es decir, no gusta la idea de globalización, pero es obvio que en la música se está dando, inclusive corriendo los límites de las fronteras entre música clásica o erudita y música popular. Se están creando zonas de mixtura entre las músicas y, sobre todo, lo étnico tiene mucha importancia en esto. Por eso yo pienso que ahí lo que tiene la inclusión del tango o del folklore, de las raíces locales, dentro del rock, es la dosis de música étnica que necesita en este momento la música global del planeta para saber que, dentro de ese lenguaje común que tiene Occidente o el planeta entero, hay colores locales que llaman a poner la atención sobre cierta zona geográfica o tradición cultural.

- Vayamos a otro aspecto de tu producción, el que tiene que ver con la palabra propiamente dicha. Más allá de que al hacer una canción se hace poesía, además te interesa la poesía por sí misma y también la palabra relatante. ¿Qué pasa cuando Miguel Cantilo encara la expresión poética o la literatura pura? ¿Cuáles son tus puntos de arranque y tus objetivos en ese caso?

- Por ejemplo, ahora estoy trabajando sobre un libro de poesías que comencé a escribir espontáneamente cuando llegué a Nueva York. Entre el año pasado y éste estuve tres veces en esa ciudad. Me impactó tanto, que no tenía recursos para escribir canciones sobre todo lo que me sugería; y tampoco se me ocurrían cosas en prosa. Entonces me concentré en escribir poesías, que es como un término medio entre la soltura absoluta que te da la prosa, la libertad, la generosidad de la palabra en la prosa, y la acotación de la canción, que te pone límites muy concretos, musicales y sonoros.

- La métrica, por ejemplo, el condicionamiento de los acentos, la cantidad de sílabas y de notas...
- Claro, claro, exactamente. Cuando escribo poesía me libero del rigor métrico de la canción, y al mismo tiempo esa poesía me obliga a una síntesis que la prosa no tiene o, por lo menos, no exige tanto. La poesía te reclama definiciones porque, en mi modo de ver, las poesías tienen que tener una extensión no muy larga y plantearse desde otra óptica, tal vez más metafísica. Si se quiere, es como buscarle, a la expresión real que uno enfrenta, un costado metafórico que en la canción está más limitado y en la prosa se diluye.

(Entrevista extraída del periódico SANTOS & HEREJES, período noviembre/diciembre 2001.)
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