A
comienzos de la década del '20, una revista
y dos libros de poemas señalan el arribo
de una nueva época literaria. Esto se traduce
como un profundo cambio en materia de estilo,
inclinaciones estéticas y manera expresivas.
La revista mural "Prisma" (1922), y
los libros "Veinte poemas para ser leídos
en el tranvía" (1922) de Oliverio
Girondo y "Fervor de Buenos Aires" (1923)
de Jorge Luis Borges marcan el umbral de una nueva
era para la literatura de Buenos Aires.
Si bien se trata de obras bien diferenciadas,
responden con igual calidad al recambio esperado
en el ámbito cultural argentino, como estaba
ocurriendo en distintas partes del mundo. Se solicitaba
ya dejar atrás ciertas maneras verbales
que habían cumplido honrosamente con su
época de esplendor y comenzaban a mecanizar
la expresión.
En todas partes se respiraba el anhelo de una
verdadera transformación de la estética
profunda. En Francia, los fantasistas o los creacionistas,
como en Alemania los expresionistas, intentan,
entre otros, responder a la demanda de una nueva
contestación a las realidades de un mundo
que cambia con velocidad. En Buenos Aires, serán
los temas y la retórica que propongan los
integrantes del movimiento martinfierrista el
sello local de esos cambios pretendidos, en oposición
a las últimas manifestaciones del Modernismo.
El puerto de Buenos Aires recibe, a fines de 1921,
a Jorge Luis Borges de su estadía en España,
y junto a él, los modos expresivos del
movimiento ultraísta. Esta corriente, concebida
en aquel país en 1918 bajo la guía
de Rafael Cansinos-Asséns, ancla en el
ámbito literario cuando Borges, junto a
González Lanuza, Guillermo Juan y Francisco
Piñero lanza la revista "Prisma"
y luego a su sucesora "Proa", la de
la primera época. Dos años después,
en 1924, surge la segunda temporada de "Proa".
Borges la llevará adelante con Ricardo
Güiraldes, Rojas Paz y Brandán Caraffa.
En aquel año se funda "Martín
Fierro" bajo la entusiasta dirección
de Evar Méndez, quien descubre en los nombres
de sus colaboradores a los integrantes de una
nueva estética. La publicación (de
segunda temporada, porque "Martín
Fierro" en 1919 era una publicación
político-satírica en una hoja superficial)
provoca una verdadera revolución literaria.
Según algunos críticos, poseía
lo que los alemanes llamaban "Zeitgeist",
el espíritu del tiempo.
Más allá de su nombre, sus integrantes
no pretendían, de ninguna manera, aportar
una consecuencia de la literatura gauchesca, ni
postular un retorno a las formas expresivas nacionales
del siglo anterior. Los reclamos del momento lograban
mayor peso que la situación de identidad.
Se trataba de una señal universal, pues
las conquistas técnicas y la veloz difusión
de las ideas unificaban el mundo de posguerra.
En "Martín Fierro" se reunían
las plumas de muchas publicaciones juveniles de
apariciones paralelas. Esto lo convertía
en símbolo o emblema de los esfuerzos parciales
de la literatura porteña. Cumplía
con una nueva realidad literaria sobre una vasta
simplificación de expresiones generacionales.
Allí estaba el pasado honroso en José
Pedroni, Rega Molina, César Tiempo, entre
otros, conviviendo con la juvenil aventura desafiante
de Oliverio Girondo, Jorge Luis Borges, Macedonio
Fernández, Leopoldo Marechal, y otros,
que subrayaban su esfuerzo en no contar con antepasados
directos.
Tantos unos como otros, luego de una breve etapa
de tanteos y buceos, se influyen entre sí
creando la esencia misma del Martinfierrismo,
donde tenían entrada las características
de un Modernismo declinante y la búsqueda
de un presente con insólitas invenciones
literarias. El equilibrio justo se complementó
cuando los herederos del modernista Leopoldo Lugones
se renuevan y los enérgicos de las escuelas
recientes se refrenan en sus ansias de innovación.
El periódico "Martín Fierro"
, en un principio colmado de poetas respetuosos
de las leyes métricas de las poesías,
abre paso a los cultores del verso libre, sin
rimas ni medidas. Al ajuste retórico de
ayer le sucederá una liberal soltura en
la composición, acorde al momento histórico,
que las generaciones futuras reciben con agrado.
Tanto poetas como lectores acusan en la rima una
convención innecesaria a la hora de escribir
y leer poemas.
Mientras la adopción del verso libre se
señala como un directo rechazo a los placeres
auditivos de la rima, se consolida también
el ejercicio tenaz de la metáfora, tomado
del ultraísmo.
Pero el llevar al extremo que toda línea,
todo verso, debe ser una revelación sorpresiva
de una inspiración asombrosa cargó
demasiado las composiciones de una tensión
constante y una vaguedad suprema, sin matices
relevantes.
Aun reconociendo estas debilidades, no deja dudas
que con el Martinfierrismo surge una manera novedosa
de considerar las letras de Buenos Aires. Trae
consigo una nueva sensibilidad y propone otras
formas para abordar los problemas estéticos
de la cultura nacional. Sus integrantes se identificaban,
no con una estética común, sino
con una voluntad renovadora, una responsabilidad
de actualizar nuestras letras y nuestras artes.
Con el tiempo, este fenomenal movimiento dará
origen a dos grupos legendarios de la vanguardia
de las letras de Buenos Aires: el de Florida y
el de Boedo.
Desde su fundación, en febrero de 1924,
el escritor Evar Méndez, discípulo
del poeta nicaragüense creador del Modernismo
Rubén Darío, dirige el periódico.
Después del número 17 lo lleva adelante
un cuerpo directivo integrado por Girondo, el
mismo Méndez, entre otros. A fines de 1926,
este comité se disuelve, y Evar Méndez
vuelve a encontrarse solo frente a la dirección.
El periódico dará a luz apenas otros
diez números, pues hacia 1927 en su redacción,
instalada en un edificio de Florida y Tucumán,
se advierte cierta inquietud social. Algunos de
los colaboradores (los poetas González
Tuñón, Borges, Marechal, Petit de
Murat, etc) forman el "Comité Yrigoyenista
de Intelectuales Jóvenes", un organismo
de vida breve que manifestaba su apoyo al radical
Yrigoyen mientras gobernaba Alvear. Evar Méndez
no ve con buenos ojos esa expresión de
corte político en su publicación
cultural. La polémica se enciende y el
periódico se extingue dos años y
nueve meses antes del golpe militar que derroca
al presidente constitucional Hipólito Yrigoyen,
en 1930.
En un mundo de transformaciones inmediatas de
todos los niveles, Buenos Aires aporta al naciente
siglo XX el terreno principal donde se apoyarán
las grandes manifestaciones literarias desde nuestro
país, desde donde las letras nacionales
tendrán su despegue como identificación
frente a la cultura internacional.
Aquel terreno fértil y fundador lo fue
el periódico "Martín Fierro",
cuna de las grandes expresiones que conformarán
la literatura que el mundo conocerá desde
Buenos Aires. |

Veinte poemas para ser
leídos en el tranvía:
"Edición de bolsillo
del año 1922"

Veinte poemas para ser
leídos en el tranvía:
"Edición del año 1922,
con ilustraciones del autor"

Fervor de Buenos Aires

Revista
Martín Fierro

Revista
Proa |