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NImpresiones
por Ruben Ferrero»n
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Impresiones acerca de un héroe del jazz argentino.
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Buenos Aires, ciudad de mitos, ríos.
Ciudad de puerto abierto a los lenguajes, a las culturas, a gente con sus historias.

Me acuerdo, caminando un mediodía sobre la avenida Corrientes casi cruzando Uruguay levanto la cara y vi a distancia de casi 7 u 8 metros a un personaje casi maravilloso, los pelos al viento, las manos atrás, envuelto en un traje gris, girando la cabeza de un lado al otro, como tratando de mirar todo, sin que se le escape nada, yo me quede parado, casi asombrado, porque un par de días antes, había estado con mi vieja (yo apenas tenia 11 años) en un concierto del Teatro San Martín, me acuerdo que había sido maravilloso, tocaba el piano, se reía, contaba anécdotas, sus palabras volaban junto con las notas del piano, sus compañeros músicos le guardaban las espaldas, y confirmaban una sabia camaradería, cuando estuvo casi enfrente mío, le dije, Mono! sos vos... me miro, como si me conociera de toda la vida, y me dijo... vení, pibe vamos a tomar un café, cruzamos la calle, y entramos al Foro, legendario café de la poesia y encuentros porteños, y no podía creer que ese personaje increíble, al que habia aplaudido días antes, en este momento estábamos entrando juntos, y era obvio que algunas personas lo reconocían, y sin ir mas lejos, el mozo del bar se acerco, y le dijo... lo de siempre maestro, contesto sí, y al pibe traele una coca o un cortado.

Mi vieja me habia mandado al centro (de mediodía) para hacer un trámite al banco, y yo estaba escuchando un discurso emocional sobre la libertad del hombre, las palabras caían de su boca como una catarata frenética, casi como tratando de que todo lo que pensaba o decía, se tenía que cumplir como sentencia, se tocaba los costados de su cabeza arreglándose el pelo que ya empezaba a ser gris, afuera la gente caminaba apresurada, con compromisos, mirando sus relojes, bocinas de los coches, marcaban junto al frenesí del humo de los colectivos un allegro musical contemporáneo que no iba a ser muy distinto del que transcurre hoy, después de casi 30 años, me miro a los ojos y me preguntó porque estudiaba música, y en mis respuestas trate o quise convencerlo de que eso era mi vida, o iba a ser mi vida, que era lo que más quería, y empezó a decirme, que iba a sufrir mucho, que desconocía lo que era eso, que si eras serio, no te daban bola y nuevamente una catarata,... pero de puteadas en las que una preguntaba y a la vez justificaba con otra, como quizás de alguna manera como justificando su vida, no sabía, o quizás sí, pero me estaba enseñando a tocar, a sentir una música que todavía no conocía, me corría por la piel un sentimiento en el que la luz de sus ojos vivaces, negros, pero brillantes, nunca estuvo en un aula como docente, no lo necesitaba, todo lo que hacía, decía, era una enseñanza en sí misma... creo que hoy toco jazz para tenerlo presente todo el tiempo, y aunque adentro mío ya nunca se muera, cada vez que toco, no puedo evitar verlo, y lamentar que hoy no ocupe un lugar de privilegio y de constante permanencia aunque, después me permitió visitarlo en su casa, y escucharlo hablar con el fondo del tocadisco de la musica de Armstrong, el mono Villegas, será siempre un héroe mas de tantos que siempre encontraremos si buscamos en esta ciudad que gracias a dios sigue siendo un puerto abierto a tantas sorpresas. Gracias al mono Villegas, por su risa, por su bronca, por su más grande herencia, su amor a Buenos Aires.
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