
Cecilia Cibert y
Gerardo Gandini


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Recuerdo
cuando me contaron de que manera llegaban los primeros
pianos a Santa Maria de los Buenos Aires, allá
por la época del virreinato, los traían
en los buques –galones– adentro de grandes
cajas de madera maciza, sufriendo todo tipo de maltrato,
en cuanto a golpes y a los cambios de clima, debido
al largo tiempo de la travesía.
Atracando cerca de la costa, era sostenido con fuertes
sogas y un personal bastante importante de marineros,
entre los que lo bajaban y lo recibían en
una barca en la que era trasladado a una carreta
en la costa, que era tirada por cerca de seis a
ocho bueyes, debemos imaginarnos, entonces el tremendo
trabajo que resultaba simplemente tener un piano
en la casa.
Empecé a recorrer la city, en búsqueda
de como es que se puede llegar a tener la exclusividad
de una afamadísima marca de pianos, saber
cual es el verdadero motivo que mueve a un comerciante,
su búsqueda material, cultural o ambas, en
un país que oscila permanentemente de un
extremo al otro en la faz económica y además
que la parte cultural no esta debidamente cuidada
como en otras ciudades del mundo similares a la
nuestra.
Luego de recorrer diversas casas, me comienzo a
enterar, que a todas las mueve un especial interés
en la venta, y que la difusión de sus instrumentos
no es cultural como la de interesar a instituciones
ofreciendo dicho instrumento para la realización
de recitales, que es en realidad el principio básico
que motivo a su construcción, aparte de los
dividendos que dejan sus ventas.
Caía el sol por detrás de la fachada
de la terminal de Constitución, mientras
se calmaba el fragor porteño, llego a la
casa Bluthner –Cibert & Castillo–
y el aroma al lustre de las maderas de los pianos
inunda el lugar creando una atmósfera cálida
y segura.
“Inicialmente..., me cuentan, hace 25 años,
comenzamos ofreciendo el servicio de afinación
de pianos y pequeñas reparaciones. Pero dichas
reparaciones fueron tan requeridas que se siguió
con la reparación integral de pianos a alta
escala, lo que trajo aparejada la consiguiente ampliación
del taller. Estos servicios continuaron siempre
su altísima calidad y excelencia por su perfeccionismo,
minuciosidad y detallismo, por lo que siempre fuimos
recomendados, de boca en boca, por nuestros clientes.
Luego se continuó con la venta de pianos
usados y restaurados y el alquiler de pianos para
conciertos.
En Cibert y Castillo decidimos apostar a una casa
de pianos con altísimo compromiso con el
cliente, en donde éste se convierte en amigo
de la casa, en donde no tenemos problema alguno
en garantizar los trabajos y los pianos, y por eso
hoy se ha convertido, no sólo en la elegida
de los aficionados y profesionales, sino en la casa
de pianos más confiable de la Argentina.
Y desde hace 25 años nos dedicamos, con muchísimo
éxito, a la afinación, reparación,
restauración, service, lustre, compra-venta
y asesoramiento de pianos.
Por este compromiso con nuestros clientes y con
los pianistas es que fuimos elegidos por, la mundialmente
afamada y exclusivísima marca alemana de
pianos construídos a mano, para ser los representantes
exclusivos de Julius Blüthner Pianofortefabrik
Gmbh, y sus Pianos Blüthner, Haessler e Irmler”.
La historia de Blüthner desde 1853
En 1853, Leipzig era uno de los centros culturales
y comerciales más importantes del mundo,
al igual que París, Londres o Viena. El mundialmente
famoso Coro de St. Thomas, la Gewandhaus Orchestra,
la Opera y Conservatorio fundados por Felix Mendelssohn
son afamados aún hoy. Esta rica herencia
fue puesta de manifiesto por los habitantes que
tenían las mismas aspiraciones culturales
que la nobleza del país. Y fue ahí
donde Julius Blüthner, en 1853, sentó
las bases para su exitosa fábrica de pianos.
Cuando realizó el primer corte de madera
exclamó:
“Dios bendiga mi trabajo”.
Durante la Segunda Guerra Mundial llegaron tiempos
muy duros para Blüthner y fue una ardua tarea
dirigir la empresa. Pero el trago más doloroso
y amargo fue ver la fábrica totalmente incendiada
y destruída hasta sus cimientos en un bombardeo
en 1943. Muchos amigos y clientes entusiasmaron
y alentaron a la familia Blüthner a reconstruir
la fábrica de pianos. Tres años pasaron
hasta que el primer instrumento pudo salir de la
fábrica nuevamente. ¡Fue una tarea
monumental!
En 1990, luego de la caída del Muro de Berlín,
hubo fenomenales cambios en la Compañía
Blüthner, pero esta vez los resultados fueron
absolutamente alentadores y auspiciosos. Con mucho
esfuerzo y gracias al talento y agudeza de don Ingbert
Blüthner, una vez más la compañía
volvía a pertenecerles enteramente. Hoy por
hoy, los dos hijos de Ingbert Blüthner han
ingresado al directorio de la empresa. Knut Blüthner
Haessler es maestro fabricante de pianos y maneja
el área concerniente a la organización
técnica y desarrollo de los instrumentos.
Christian Blüthner Haessler tiene a su cargo
la red de promoción y distribución
de los pianos con la meta de volver a posicionar
los pianos Blüthner en el mismo lugar que lo
hiciera su fundador, Julius Blüthner.
En Argentina, hoy...
Con propósitos mas sencillos, pero no menos
ambiciosos, Cecilia Cibert y Gustavo Castillo –sus
responsables– muestran un orgullo feliz y
bien ganado, por su seriedad, y por su constante
amor a la música, por estar cerca de los
artistas, de sus necesidades, y por tratar de acompañar
y apoyar sus búsquedas, sus iniciativas,
y no creer en el famoso divide y reinaras, sino
en algo muy lejos de eso, que es convocar a músicos
para organizar frecuentemente desde hace 5 años
para organizar recitales en diversos lugares, no
le escapan a nada, su gusto por lo clásico
y lo popular los acerca a todo tipo de artistas.
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