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NHistorias
del barrio de Belgrano |
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por
Gilda Ledesma Blashett »n |
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| Remembranza
(Parte I) |
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Remembranza...
¡Qué palabra tan antigua! No quiero parecer nostalgiosa, pero
sería saludable que cada tanto practicáramos la memoria dejando
aflorar las emociones archivadas en nuestro corazón. Mirar hacia
atrás, rescatar nuestras raíces, nuestro vocabulario, nuestra
formación, no es cosa de viejos como se quiere hacer creer.
No hay que olvidar el pasado porque ese camino recorrido hizo posible que
fuéramos quienes somos.
Añoro mi barrio de Belgrano y mis amigos. Los recuerdos se desparraman
como hormigas y no puedo dejar de hacer comparaciones cuando miro a mis
nietos de 7 y 9 años, permanecer como autómatas frente a la
T.V. observando extraños monstruos destructores que luchan con sofisticadas
armas. Me viene a la mente cuando yo tenía esa edad y recuerdo el
día en que todos los alumnos plantábamos árboles en
la calle de la escuela. Por todo el barrio, aquél montón de
guardapolvos blancos, cumplía con la hermosa tarea. Los más
grandes habían cavado pozos, los más pequeños sosteníamos
los arbolitos que para decir verdad eran un palito con escuetas hojitas.
También en aquel momento cantábamos todos juntos -"Abramos
la tierra, plantemos un árbol // será nuestro amigo y aquí
crecerá // un día vendremos buscando su abrigo // y flores
y frutos y sombra dará //"
Fue un día feliz e inolvidable. Cuando terminé la primaria
y dejé esa escuela, mi árbol había crecido y tenía
su propia sombra.
También a esa edad fui scout. Muchos chicos de hoy no saben de que
se trata. Mis nietos por lo menos no lo saben. La consigna era: -"Fe,
Esperanza y Caridad. El grande ayuda al chico y la unión hace la
fuerza"-
¡Qué pena que las escuelas hoy no tengan un grupo de scout!
¡Cuántos valores se rescatarían! La angustia metafísica
contemporánea, tiene su base seguramente en la falta de fe y valores
éticos.
Yo recuerdo por ejemplo La Navidad. Tenía un sentido mágico.
Un sentimiento puro. Hoy son los padres quienes compran el árbol
y los adornos.
También, por supuesto, los regalos. Los chicos de mi barrio, mis
hermanos y yo, juntábamos nuestros ahorros, vendíamos la pila
de diarios viejos y botellas vacías que habíamos atesorado
y preparábamos nuestro árbol. Humilde, casero, con una estrella
de papel. Nadie pensaba en regalos, la idea era de alabanza, de Fe, de regocijo
espiritual... Miro a mis nietos, a quienes amo profundamente y pienso con
tristeza que les toca vivir una difícil etapa de competencia diaria,
donde todo se logra a base de dinero y donde cada vez es menos frecuente
tener tiempo para seguir con la mirada el dibujo de las nubes.
¿Qué recordarán mis nietos cuando crezcan? No han transitado
las calles del barrio porque ni a la escuela van caminando. No conocen a
sus vecinos. No juegan en la calle. Todo es peligroso, alienante, les han
quitado la libertad de corretear, trepar árboles, saltar tapias,
ser pequeños traviesos imaginativos... Mi casa de Belgrano ha sufrido
algunas modificaciones. Ahora levantamos grandes rejas en frente, fondo
y ventanas, convivimos con la inseguridad y el miedo. Es otra realidad.
No puedo refugiarme en el pasado porque yo también vivo en la vorágine
del presente, pero, hace bien cada tanto, adentrarnos en el cofre de las
remembranzas... |
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