
" Paessaggio"
Gilda Ledesma Blashett
Acrílico y óleo
0,70 x 0,90 mts |
Qué
verdad más grande! cuanta veces aceptamos la cultura popular como verdadera
y cuantas veces transcurrimos la vida entera con el falso concepto,
aceptando desde siempre sin dudar ni investigar. Quiero hablar de: la
Paloma. Muchos barrios de esta insólita y desconcertante Buenos Aires,
sufren la población cada vez más numerosa de ratas y murciélagos, animales
estos repugnantes y de hecho de conocida peligrosidad, pero Belgrano,
mi barrio, tiene además de las mencionadas, otra plaga: las palomas.
Desde hace bastante tiempo la ciencia demostró en E.E.U.U. la peligrosidad
de los excrementos de esta ave doméstica que con su dispersión al viento
contaminan la atmósfera y miles de microbios transmiten gran cantidad
de enfermedades. Ahora también aquí, se está difundiendo esta comprobación
científica, no obstante, la población de estas aves es cada vez más
creciente y ya ocupan todo nuestros espacios. La mayoría de las personas
tienen la imagen de la paloma como símbolo de la Paz. Picasso la inmortalizó.
La Iglesia Católica la utiliza para representar al Espíritu Santo y
en Madrid existe la imagen de La Virgen de La paloma que es objeto de
devoción popular. Según el Diccionario Enciclopédico existe una Orden
fundada en 1379 por Juan I de Castilla y según el mismo diccionario
se dice de las personas apacibles de espíritu sereno. En síntesis, la
Paloma siempre desde la antigüedad tuvo muy buena prensa. Sería tiempo
de acabar con el mito. Aquellos que sufren en aleros y balcones la sucia
convivencia con esta aves, podrán comprenderme. No queda planta libre
de su agresiva poda, ni maceta, ni cantero que se salve de tan promiscua
visita.
Quién no conoce aquella canción:
"Si a tu ventana llega una paloma
Trátala con cariño que es mi persona..."
Pues yo diría: Mandala a la Plaza de Mayo, acaso, no es el símbolo de
la Paz?
|