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NHistorias del barrio de Belgrano
por Gilda Ledesma Blashett »n
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Los cambios que modifican, los vaivenes, el empobrecimiento.
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Me pregunto: Era mejor ayer? Será mejor mañana?

Hay barrios en esta inmensa ciudad, que nacieron con la historia y siguen siendo históricos. Los cambios cotidianos no han gravitado ni en su estructura edilicia, ni en su periferia. Permanecen. Tienen personalidad. Son lo mismo a través de los siglos, como por ejemplo, San Telmo.

No pasa lo mismo con el barrio de Belgrano.

En otras oportunidades me he referido al pueblo, cuyas grandes chacras, quintas y residencias, fueron parte importante en el desarrollo histórico cultural argentino, donde patriotas y revolucionarios encontraron cobijo.
Desde 1856 los cambios signaron esta zona de Buenos Aires. Se convirtió en Capital provisoria de la República Argentina, con el gobierno de Avellaneda en 1881 y en 1883, el llamado “cementerio Inglés”por su señorío y elegancia, pasa a ser ciudad por cuatro años. En 1887 fue anexado a la Capita Federal y se convirtió en un barrio más. Todo esto pasó en solo treinta y un años .

Ya en aquel entonces existían grandes diferencias sociales. En las famosas barrancas, convivían la humilde gente –del bajo– con los doctores aristocráticos que compartían las apuestas en las riñas de gallos que se llevaban a cabo en las intersecciones de las calles Mendoza y Ciudad de la Paz. También compartían las apuestas en las carreras de caballos en la actual Avda. Cramer. Diversas colectividades aportaron su personalidad, costumbres e idiosincracia. Lo que hoy conocemos como Belgrano “C” era la zona de los stud. Vivían allí los peones y vareadores. Enormes árboles de magnolias que hace no mucho erradicaron, perfumaban las tranquilas noches de la entonces calle Blandengues.

A medida que pasan los años, el “progreso” fue transformando cada vereda, cada esquina, convirtiendo un paisaje sereno, en otro convulsionado. Altas torres de departamentos apiñados donde el espacio es cada vez más reducido, dio lugar a otro fenómeno moderno –los paseadores de perros–. Lógicamente que esto no es privativo de Belgrano, pero considerando que este barrio se caracterizaba por sus hermosas casas bordeadas de jardines, fondos, terrazas, y espaciosas veredas, da pena pensar que el “progreso” nos fue achicando el horizonte. Nos fue borrando el cielo...
Era mejor antes? Depende para qué... según como se mire...

Necesitaría mucho espacio para explayar mi pensamiento, así que me tomaré solo los renglones necesarios para una breve pincelada, un pequeño boceto en los que pueda decir algo sobre el barrio de Belgrano HOY. Ahora.
(Hace unos pocos días, un representante del Gobierno de la Ciudad encargado de una encuesta me preguntó: –Cómo ve el barrio? –Qué quisiera cambiar?
–Cómo están las veredas y las plazas? –Cómo quisiera ver los parques?)
Pobre muchacho! Creo que después de hablar conmigo debe haber renunciado, o quizá no, tal vez lo hice pensar. Espero haya transmitido a las autoridades mis observaciones.

Pastito más, pastito menos, no me importa –le dije–. Además a las plazas las cuidan las empresas privadas de los alrededores. Lo que yo quisiera puntualizar sobre las plazas no es solo la inseguridad del robo, sino el control y la solución de lo que pasa sobretodo con los drogadictos que dejan jeringas y agujas usadas durante la noche. La plaza histórica, la que tiene el Museo Sarmiento y el Colegio Casto Munita por la calle Cuba y la Iglesia de la Inmaculada (La Redonda) al frente, es el camino diario que transitan los escolares de las escuelas cercanas –una de las cuales ya he mencionado–
Yo quiero que esos niños caminen seguros. No importa tanto que el pastito esté seco, o que no haya flores como en otras épocas.

Cómo están las veredas? ¡AY DIOS! ...Qué tema! Las veredas rotas están atestadas de indigentes que mendigan y niños dormidos en cualquier lugar, descalzos y acurrucados... famélicos... ¿drogados quizás?

Una maroma humana va y viene ya casi acostumbrada a este terrible paisaje. Vendedores ambulantes, lisiados verdaderos o inventados pidiendo una moneda, arrebatadores, colas de desocupados frente a un pedido que dice "solicito lavacopas", mucha juventud de ambos sexos deambulando ociosa, sobretodo por la zona que llamaríamos –el centro de Belgrano–.
Las crisis que arrastramos están dejando sus huellas. Me niego a ser pesimista y quiero creer que son ciclos y que todo será modificado nuevamente, pero cuando... cómo?

No tengo la respuesta. El encuestador del Gobierno se llevó mis reclamos, pero no es suficiente.
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