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NOrígenes de la Historieta Argentina
por Germán Cáceres»n
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El nacimiento de la historieta.
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Hay coincidencia en considerar a Yellow Kid (El pibe amarillo), de Richard Outcault, como la primera historieta del mundo. Comenzó a publicarse en 1893, narraba mediante secuencias de cuadritos y encerraba los diálogos en globos. Sin embargo, en 1900 Fred Opper sistematizó la utilización de globos para los parlamentos en su tira Happy Hooligan.

La historieta tiene un origen espurio: su fin era aumentar las ventas de los diarios sensacionalistas pertenecientes a los magnates norteamericanos Joseph Pulitzer y William Randolph Herst, que competían ferozmente entre sí. Y el hecho de que Yellow Kid llevase un camisón amarillo -donde al comienzo Outcault colocaba los diálogos-, motivó que a este periodismo se lo llamara prensa amarilla.

Yellow Kid era una tira humorística, de allí que también le dio nombre al género: comic. Ello debe llevarnos a practicar una reflexión no convencional. Por lo menos a partir del siglo XX, muchas de las producciones realizadas con fines meramente comerciales, cuyo único propósito era entretener -y por supuesto vender-, promueven más adelante un nuevo arte o renuevan el medio en que se manifiestan. Así, fue esa supuestamente mala prensa amarilla la que dio nacimiento a la historieta y la que modernizó el periodismo. Aunque no nos guste, en nuestro país "Crónica" obligó a modificar las pautas de los llamados diarios serios, y no a la inversa. Además, dio origen a un interesante filme como Tinta roja, de Carmen Guarini y Marcelo Céspedes, que indaga en el mundo del crimen y del delito, una de las tantas obsesiones que acompañan la vida del hombre en este problemático planeta.

Otro dato importante lo da la circunstancia de que el humor -frecuentemente subvalorado- introduce aires innovadores en un medio. Las historietas iniciales no fueron serias sino humorísticas. Y, haciendo una digresión, acotemos que el cine cómico mudo norteamericano alcanzó uno de los picos máximos de calidad de la historia de este joven arte.
Lo mismo puede decirse del jazz, condenado en sus inicios y hoy juzgado como música para minorías exquisitas. Y resulta incuestionable que el rock ha enriquecido el universo sonoro.

Hay otros modelos paradigmáticos como The Katzenjammer Kids (Los sobrinos del Capitán, 1897), de Rudolph Dirks, Little Nemo in Slumberland (1905), de Winsor McCay, The Kin-der-Kids (1906), de Lyonel Feininger, Mutt and Jeff (1907), de Bud Fischer, y Krazy Kat (1910), de George Herriman.

Si bien en los Estados Unidos la historieta se desarrolló a partir de los diarios, en cambio en la Argentina lo hizo a través de las revistas.

Es en la pionera "Caras y Caretas" donde en 1912 aparece Las aventuras de Viruta y Chicharrón. Rodea a esta historieta un aura misteriosa, pues se decía que procedía de los Estados Unidos, pero no se indicaba a su autor. Como aventura Jorge B. Rivera, por su trazo puede asimilarse al mencionado Fred Opper de Happy Hooligan y Alphonse and Gaston (1902) o al George McManus de la celebérrima Bringing Up Father (1913), entre nosotros Pequeñas delicias de la vida conyugal o sencillamente Trifón y Sisebuta.


Esta historieta humorística contaba con dos personajes fijos, que vivían situaciones que invariablemente los llevaban al desastre. En la viñeta final Chicharrón exclamaba para salir del paso: "¡Llama a un automóvil!".

Cuando no se recibieron más colaboraciones del desconocido dibujante norteamericano, el enigma subsistió porque no se sabe quién la continuó en la Argentina, si Manuel Redondo o Juan B. Sanuy, o ambos. La historieta se publicó durante más de quince años en la citada revista.

En 1913, el nombrado dibujante español Manuel Redondo gesta un personaje arquetípico, Sarrasqueta, que durante diez años, hasta la muerte de su creador, se publicará también en "Caras y Caretas". Se trata de un individuo un tanto desagradable por su afán de criticar todo lo que ve a su alrededor. Pero en lugar de utilizar globos como Las aventuras de Viruta y Chicharrón, emplea textos al pie de cada viñeta. Debe señalarse que ambas historietas apuntan a lo que será un rasgo peculiar del humor gráfico argentino: un análisis agudo y desencantado de las costumbres con fuerte acento sociológico.

En otra revista, "El Hogar", nace en 1916 un singular personaje que retrata al porteño de ese entonces: El Negro Raúl, de Arturo Lanteri, que tampoco utiliza globos, sino textos al pie. Otros éxitos de Lanteri fueron Tijerita (1918) y, sobre todo, Las aventuras de don Pancho Talero (1922), que salieron en "Mundo Argentino" y "El Hogar", respectivamente. Pancho Talero es un hombre sometido por su mujer, y durante sus andanzas la historieta capta un amplio espectro de la vida cotidiana pletórico en apuntes costumbristas.

Una contribución primordial la aporta Arístides Rechain en 1925 con La familia de don Sofanor, que se publica en "La novela semanal", en donde el protagonista, como afirma David Lipszyc , además de ser una víctima de los delirios de ascenso social de su mujer, también participa de las mismas veleidades.

Otras notables historietas son Anacleto (1924), de Lanteri ("Mundo Argentino"); Jimmy y su pupilo (1924), de Néstor René González Fossatt, la primera historieta deportiva que tuvo la Argentina, que apareció en "Páginas de Columba" y se inspiró en la pelea Firpo-Dempsey; Andanzas de Pantaleón Carmona (1927), de A. Messa (salió en "Femenil"); La barra de Candelario (1929), de Pedro Gutiérrez ("La Novela Semanal"); Aventuras de Nenucho ("El Hogar") y Pepinito y su novia ("La Novela Semanal"), ambas de González Fossatt y de 1929; Las desventuras de Maneco (1930), de Linage ("Caras y Caretas"), famosa entre los lectores por su frase final: "¡Sonaste, Maneco!", ya que todo le salía mal al frustrado pícaro. Jimmy y su pupilo inauguró en la Argentina el legendario "Continuará", porque la historia seguía de un número a otro. Algo que tiene mucho que ver con las películas en episodios.
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