
"Hernán, el corsario"

"El último de los moicanos"

"Cisco Kid" |
También
hay que hablar de una transposición que hizo época: Las
aventuras de Carlos Norton, que se transmitía por Radio Stentor,
y que dada su resonancia popular se trasladó en 1935 al diario
"Noticias Gráficas" de la mano del dibujante Roberto
Bernabó y del guionista José Amenábar. Una de las
razones del éxito de esta historieta policial de tipo deductivo
reside en que la trama acontecía en Buenos Aires.
La historieta se fue enriqueciendo a nivel mundial por la influencia
de la gramática cinematográfica, que desarrolló
y modificó la percepción del público. Así,
cineastas como Griffith, Eisenstein, Fritz Lang, Hitchcock, John Ford
y, más precisamente, Orson Welles, impulsaron el arte de las imágenes.
Es lo que Jorge B. Rivera ha dado en llamar historieta neográfica
por su potencia visual, que incluye primeros planos, escorzos y audaces
encuadres.
Entre los maestros que promovieron ese crecimiento formal de la historieta
descuellan los citados Harold Foster, Alex Raymond y Burne Hogarth, y
corresponde agregar, entre otros, a Milton Caniff, el creador de Terry
y los piratas (1934), y a Otto Soglow, el responsable de El Rey Petiso
(1934).
Heredero de esta vertiente fue José Luis Salinas, quien asombró
por su preciosismo en 1936 con Hernán, el
corsario, y después con las adaptaciones de El Capitán
Tormenta, Miguel Strogoff, Los Tres Mosqueteros, La costa de marfil y
muchas más. Y por encargo del King Features Syndicate, el más
poderoso sindicato de los Estados Unidos en ese entonces, crea en 1951
un western de antología: Cisco Kid.
Para terminar, nada más acertado que citar el concepto que enuncia
Pablo De Santis en el prólogo del libro de Judith Gociol y Diego
Rosemberg sobre la historieta argentina: "escribe en secreto la
otra historia: la de nosotros, sus lectores". |