| |
| m |
| Historias
Lunfas II |
| m
|
El
lunfardo, a veces despreciado, frecuentemente invectivado,
es, sin embargo, léxico que puede enriquecer y flexibilizar
el idioma nuestro de cada día. Sin entrar en vanas disputas
o controversias; coexistiendo simplemente. Son innumerables
las ocasiones en que autores de renombre utilizan sus
voces, porque para referirse a determinados tópicos, no
hemos de hallar mejores en el idioma culto. Ezequiel Martínez
Estrada, en su obra "Sarmiento", dice: "Nada de criollismo
literario y macaneante". Y Gálvez, en "Hombres en Soledad",
pregona: "La actitud de Bardere, hasta ayer hincha de
Oribe...". Estos dos ejemplos bastarían; pero como yapa,
que dicho sea de paso es un argentinismo proveniente del
verbo quechua "Yapay" (añadir), como yapa decíamos, mencionamos
de nuevo al omnipresente Borges, que del tema escribió
bastante, y que en su "Invectiva contra el arrabalero",
utiliza los términos boliche, voz de la germanía ("El
Tamaño de mi Esperanza", Pág. 121), y atorrantito, una
creación local. Hacemos nuestros los conceptos del maestro
don José Gobello cuando encuentra extraño que mostrándonos
orgullosos de que Argentina sea un crisol de razas, no
alberguemos el mismo sentimiento pensando que somos un
crisol de lenguas; y más extraño aún el hecho de que muchas
personas que se deleitan con las poesías del extremeño
Chamizo y con las del murciano Medina escritas en sus
lenguas regionales, o con las deformaciones idiomáticas
de los sones de Guillén, no acepten de ningún modo el
lenguaje de Celedonio Flores o de Carlos de la Púa. Señalábamos
antes que para expresar determinados conceptos, el lunfardo
es imprescindible. Y para ejemplificar, tomamos una palabra
del título que le dimos a estas líneas. Chamuyo. Voz proveniente
del caló, significa, según los vocabularios de Germanía,
hablar o conversar. Pero en verdad sugiere mucho más que
eso, añade Gobelo, porque supone una media voz propicia
para la confidencia, para la declaración amorosa, para
las palabras tiernas. No se chamuya con los mercaderes
ni con los integrantes de la "barra brava". Se chamuya
con la vieja, con la mina, con un gomía... ¿Y engrupir?..
Engrupir, equivalente a engañar, en verdad suplanta todo
un texto. Comprobémoslo, recordando la celebrada cuarteta:
"De Esmeralda al norte, pa'l lao de Retiro / Montparnasse
se viene al caer la oración. / Es la francesita que, con
un suspiro, / nos vende el engrupe de su corazón". El
poderoso acento lunfardo de toda esta estrofa, dice el
eminente poeta Horacio Ferrer, está dado por engrupe,
único término lunfardo de los cuatro versos. Así es el
chamuyo de nuestro pueblo. Cambiante, vivo, recibiendo
el aporte de las diversas lenguas y las nuevas generaciones
que arriman voces de recambio para aquellas gastadas por
el uso. ¡Pero si hasta los niveles más altos mantienen
en vigencia o reactualizan términos tales como curro,
berreta, trucho!...
Entonces, y concretando, tenemos un aluvión de términos
nuevos que, entre valijas de dimensiones escalofriantes
y baúles de madera y latón, llegan a nuestras playas en
labios de la masa de inmigrantes que, acodados en las
cubiertas de tercera clase de los buques que arriban a
fines del siglo XIX, se devoran con los ojos el paisaje
de una ciudad todavía con rasgos coloniales, que a partir
de ahora les brindará refugio y trabajo. Toda esa gente
que llega, de origen mayoritariamente italiano, y fundamentalmente
masculina y joven, posibilita que hablar de prostitución
en la Argentina y en aquel momento, sea casi obligado.
Y es en la mezcla promiscua de la población autóctona
y la inmigrada, que coincide en academias de baile, casinos,
piringundines y cafés de camareras, lugares todos que
son sinónimos de lupanares, donde muchos términos dialectales
se insertan en la jerga de los rufianes, y llegan a los
compadritos que, como ya expresáramos, son personajes
de época. El compadrito, en aquel punto, comienza a sazonar
su habla particular con estos términos que lo seducen
por su eufonía y expresividad, y que despiertan en él
un impulso lúdico, un afán de imitar un discurso que le
parece particularmente pintoresco y que le ha de servir
sin duda para ponerle aliño y condimentar su parla diaria.
Así pues, recoge y usa, pero con afán festivo solamente,
y no con la pretensión de inaugurar una jerga nueva o
de crear un lenguaje profesional, términos exóticos de
los cuales, en su mayoría, respeta la fonética original
(mina, miscio, chafe, bacán) y otros que con el correr
del tiempo va modificando (poleggiare, sotala, rifilare).
Y aquí no estaría de más matizar la aridez de estos conceptos,
señalando el origen anecdótico o real de algunas voces
lunfardas.
Cuando los soldados de Beresford y Witelocke llegaron
a luchar a estas playas, entonaban una canción que recordaba
el "buen verde"de la campiña natal. Pero claro, la cantaban
en inglés, por lo que repetían "Green Good", que, desde
ya, habrá sonado a los inexpertos oídos de la población
local como "gringud", voz muy parecida a gringo. Esta
leyenda, que recoge Ignacio B. Anzoátegui en su poema
"Las Invasiones Inglesas", es bella sin duda, pero no
sabemos que tan cierta, pues en su edición del año 1914,
el diccionario de la Real Academia registra el término
gringo como sinónimo de griego, señalando que en su acepción
figurada y familiar, hablar en gringo equivale a hablar
en griego. Jean de la Rue, que dicho en francés suena
muy aristocrático, y que en castellano sería Juan de la
Calle, en su "Dictionaire de l'argot" indica que canne
significa vigilancia de la alta policía, de donde se inferiría
el origen de la palabra cana, aunque no con una seguridad
absoluta, pues otra vertiente señala que el término provendría
del véneto incanear, encadenar, y aún una tercera, mucho
más simplista, nos informa que cana provendría de canasta,
encarcelar en caló. En los amargos tiempos en que todo
se importaba en nuestro país, y no como ahora, a raíz
de trabajos iniciados para la obra sanitaria, llegaron
de Francia unos caños enormes que, apilados en el puerto
de Bs. As., pronto sirvieron de refugio a los "sin techo".
(Créase o no, en los albores del 1900 había gente sin
techo en la metrópoli). Esos caños tenían estampado un
gran logotipo en el que se leía la inicial del nombre
y el apellido completo de su fabricante: A. Torrant. La
fusión dio origen a la palabra atorrante. "Se non é vero"...
Nos gustaba la versión, por eso la consignamos, aunque
para hacer honor a la verdad debemos decir que en su Nuevo
Diccionario Lunfardo, don José Gobello indica que el término
fue una creación de Eduardo Gutiérrez, que se inspirara
en atorrar (dormir), voz de origen incierto. Dos grandes
problemas (entre otros) azotan a los argentinos: El exceso
de moscas, y la falta de "mosca". Y aquí sería bueno señalar,
por si alguien lo ignora, el porqué se llama así al dinero.
Es, simplemente, porque llega, se posa... y vuela. ¿Y
a quien se le ocurrió darle tal nombre? Nada menos que
a Quevedo y Villegas, señoras y señores, o a algún antecesor
suyo, según nos lo indica esta cuarteta de don Francisco:
Por angelito creía / doncella, que almas guardabas, /
y eras araña que andabas / tras la pobre mosca mía.
Lo reconozco. Reconozco que hay que ser audaz para imprimir
un poema de facturación propia al lado de algo que escribiera
en su momento ese genio que fue Quevedo. Pero en fin.
Yo soy así. Y como por hoy terminan mis comentarios, te
incluyo este soneto que titulé |
| m |
"Figura"
El fuelle se estiró, como arrugada
caparazón de un monstruo que gimiera,
y en la noche callada y orillera
surgió el tango copando la parada.
El
alma de percal de la barriada
desempolvó su musa arrabalera,
y la música, lenta y sensiblera,
se enredó con la rima enamorada.
Las parejas salieron lentamente.
Con su cuidado estilo reverente
hacia la pista caminó el morocho.
Abrazó a la papusa que esperaba,
y como el dos por cuatro interrogaba,
despejó la ecuación, marcando el ocho.- |
|
| m |
| |
| m |
|