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NHistoria del Lunfardo
por Héctor Pablo Rubini»n
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Historias Lunfas III
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¡Salute la barra!... Estoy de nuevo con ustedes. Y presto para retomar la línea que comenzaramos en pasadas ediciones; esto es: Si un compatriota dijera: ¡Estoy podrido!, ello sonaría grosero. Pero personalmente nos curamos de espanto, cuando, leyendo "La Dorotea", la novela dialogada de Lope de Vega, encontramos el párrafo que dice: "Detenedle vos, que estoy tan podrido de ver que en todos los epitafios ha de entrar el caminante". Y más aún, cuando comprobamos que, 300 años después, Blasco Ibáñez escribía en "Arroz y Tartana": "¡Como se cansaba uno en Valencia!¡Parecía mentira que la gente pudiera vivir en semejante pudridero!". Así pues, de ahora en más, las cosas podrán pudrirnos sin remordimientos. "Mina que te manyo de hace rato..." Manyar tiene diversas acepciones, todas de igual origen. Manyar, por comer, del italiano mangiare, que significa lo mismo. Las demás (percibir, conocer o comprender tal como la emplea Roberto Arlt en una de sus Aguafuertes Porteñas cuando dice: "Yo comprendo... el problema que está encarando... Lo interpreto, lo manyo". O mirar, fijar la vista en un objeto ("...Manyando de ojo la hilera / rantifusa de garabas" (rantifuso: de baja condición, por cruce de rante, aféresis de atorrante, con esquifuso = repugnante, asqueroso) [Fernández = "Versos..."] ) del italiano mangiare la foglia, que significa entender el motivo de una cosa. En cuanto a mina, Mario Teruggi señala que Menincanti y Spiller anotan en su Vocabolàrio del milanese de oggi, que en el dialecto milanés "significaba otrora la prostituta que daba dinero a su rufián; viene del francés mine en el sentido figurado de filón". Para otros autores sin embargo, la palabra es un lusitanismo. En tal encrucijada, yo me pregunto: ¿Y no podría ser que derivara directamente del español mina en el mismo sentido figurado de filón?.. Y hablando de lusitanismos, "Era un bondi de línea requemada / y guarda batidor, cara de rope", dice Carlos de la Púa en "Línea 9". Pues bondi (tranvía, y, por extensión, vehículo de transporte público y múltiple) es término carioca, nos informa el filólogo Silveira Bueno. "Cuando se fundó en Río de Janeiro la compañía de transportes colectivos Jardín Botánico, siendo la empresa inglesa, lanzó bonds, esto es, acciones, para lograr el capital destinado a la adquisición de carros eléctricos, y el pueblo, que no sabía inglés, identificó la palabra bond con el propio vehículo". Es sabido que en el mundo a los argentinos nos identifican como a los che. También en Bolivia se usa dicha palabra. En la novela "Metal del Diablo", Augusto Céspedes, autor de esa nacionalidad, escribe: "Estás muy gordo, che. La plata te ha mejorado mucho". La etimología del término en cuestión fue asaz discutida, atribuyéndosele origen en el guaraní, a partir de una deformación de chi (hola); en el tehuelche y el pampa, donde significaría hombre; en el habla de los araucanos, donde equivaldría a hijo; pero Ciro Bayo parece poner las cosas en su justo término cuando señala que la voz no es más que el viejo ce de los españoles, y se apoya en el acto primero de "La Celestina", donde Calixto exclama: "¡Parmenio, detente, ce, escucha que hablan estos!", y Monner Sans insiste en que che es español, que en ningún lugar se usa tanto como en Valencia, y que una vieja copla recogida en Aragón, dice: En Zaragoza nací / y en Valencia estuve un año; / allí me llaman el che / y allá me llaman el maño. ¡Cheeeeee!.
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Actual

Es delicado el tema que hoy abordo;
quiero decir, que me tenés podrido
con ese latiguillo repetido
de que "Viejo: Mirá que estás muy gordo".

Yo no soy gil, querida, ni soy sordo,
así que terminá tu consabido
discurso de que el pan está prohibido,
y darle al frito, lo rechaza el tordo.

Dejá los triglicéridos tranquilos;
terminá con la historia de los kilos,
la glucosa, la urea, la presión,

y la circulación que arruina el bobo,
que si tengo la panza como un globo,
es culpa de la globalización.
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