»
Agregar a Favoritos
GUIA DE ARTISTAS
» Literatura
» Artes Plásticas
» Música
» Danza
» Teatro
» Cine
» Fotografía
» Arquitectura
SECCIONES
» Agenda Cultural
» Direccionario
» Publicaciones
» Concursos
» Página Abierta
COLUMNISTAS
» Buenos Aires
» Desde Argentina
» Desde el Mundo
» Entrevistas
GALERIA ON LINE
» Artistas de El Muro
» Obras en Venta
TANGO | Nuevo
EVENTOS
BENEFICIOS
MEMORIA URBANA
SERVICIOS
PUENTE CULTURAL
.
CONTACTENOS
» Info
» Publicidad
» Gacetillas
» Ventas
» Expo
» Webmaster
NHistoria del Lunfardo
por Héctor Pablo Rubini»n
m
Historias Lunfas IV
m
Siguiendo el hilo argumental de nuestra exposición, decíamos entonces que el compadrito se apropia de las voces nuevas simplemente por donaire, sin pretender crear un lenguaje profesional. Los que sí crean con esos términos un habla distinta, son los saineteros, los periodistas y escribidores, y los letristas de tango, según decires de don José Gobello. Señala Borges en El Informe de Brodi", que "el lunfardo, de hecho, es una broma literaria inventada por saineteros y por compositores de tango...". Y por cierto que es así. Santiago Dallegri, en su libro El Alma del Suburbio, editado en Montevideo, pone en boca de uno de los protagonistas estas palabras: "¡Salí di'ahí, salí! ¡Vos también te has estranjerizao!.. Empezaste por piantarte'e la esquina, chantando a tus relaciones como bochaso d'italiano, luego cambiaste el lengo de ñudo caprichoso por el cueyín doblao y corbata'e mona; adulteraste como alcohol en manos de bolichero, la melena'e corte a lo San Antonio, pa presentar el pelo cortón como de conscrito...". Y sigue el monólogo de esta guisa, aunque lo cierto es que nadie hablaba así. Esta es una recreación literaria del habla del compadrito, de donde inferimos que, si en cuanto léxico, el lunfardo es un producto directo de la inmigración, en cuanto lenguaje (en referencia al idioma de un país y a su manera de expresarse) resulta una creación literaria basada en los elementos léxicos inmigrados, característicos del habla del compadrito. Sin embargo el lunfardo no se agota ni en aquel léxico ni en este lenguaje. Nuevamente recurrimos a Borges que en Evaristo Carriego dice: "El arrabal se surte de arrabalero (arrabalero por dar otro nombre al lunfardo) en la calle Corrientes". Hay, desde luego, una alusión directa a los sainetes de Carlos Mauricio Pacheco, de Alberto Vacarezza y de tantos otros autores del llamado "género chico". Así, y alimentado por las tres vertientes mencionadas, se crea un nivel de lengua (siempre hablando de lengua literaria, claro) al que acceden quienes tratan de hablar como los protagonistas de sainetes, tangos o creaciones literarias, habida cuenta del auge de la literatura lunfardesca a partir del 1900. En un primer tramo solo la gente del suburbio transita el nivel citado, pero más adelante la clase pudiente participa de la nueva moda, y hace suyas expresiones y palabras, hasta el punto de que en 1927, en la revista Don Goyo, de Bs. As., la periodista Josefina Crosa publica una nota titulada "La Influencia del Lunfardo en la Mujer Actual", en la que afirma que las niñas de la aristocracia emplean en el lenguaje coloquial términos tales como grupo, mango, ragú y piantar. ¡Como para confiar en las niñas de la sociedad!
Aquí terminan estos apuntes sobre nuestro lunfardo. Y como es mi costumbre, antes de despedirme hasta la próxima columna, quiero dejarles un poema del que soy autor. Chau (Del Gen. Ciao, ¡Adiós!).-
m
Virus

Una vez, siendo pibe, se me metió en la sangre
un virus misterioso, que según bate el tordo,
los que saben del yeite lo apodan "selectivo",
pues se da en los humanos, pero no ataca a todos.
Sólo al que en otros tiempos remontó tarasquitas,
o frecuentó el antiguo "Puchero misterioso",
o tuvo el primer baile cuando cumplió los quince,
o caminó las calles de algún barrio mistongo,
en largas madrugadas, al lado de un gomía,
chamuyando de minas, de Gatica o de Troilo.
Al tal virus, malaria de la gente que tiene
la proporción exacta de poeta y de loco,
lo bautizó la ciencia con un nombre: "Nostalgia",
y en sus fases agudas humedece los ojos
de los que lo sufrimos, cuando nos acordamos
del antiguo baldío donde hoy se alza un consorcio,
de las calles de tierra con los arcos de ropa
frente a los que soñamos ser Cherro, Sued, Bidoglio;
de los primeros largos, del club; de la milonga;
de penar por un beso mientras fuéramos novios;
de las bellas manolas que en carnaval llegaban;
de las holandesitas que poblaban los corsos;
del biógrafo en la calle con Tom Mix o La sombra,
con Carlitos Vidriero, con el Flaco y el Gordo;
de la enorme paciencia con que nos masticamos
el tiempo interminable de cumplir los dieciocho,
pase en blanco a los burros, al billar, a los dados,
o al rincón estañero del boliche del Toto;
de todo aquel pasado que se tomó el tranvía
y se piró al cachuzo galpón de los despojos,
al que una tarde de estas, desde un ayer gastado,
con el virus a cuestas, llegaremos nosotros.
m
<< ANTERIOR INTRODUCCION >>
m
Pagina de Inicio Escribanos Agregar a Favoritos