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Corría
el verano de 1973 y el país se preparaba
para derrocar, en las urnas, a otra dictadura militar
que venía azotando estas tierras desde 1966.
Los aires de liberación corrían incontenibles
por la américa india. Ya había sacudido
a nuestro planeta el irreverente "mayo francés",
la muerte del Che, los tanques rusos en la primavera
de Praga, Woodstok, el amor libre. Vietnam resistía
heroicamente el avance de los B52.
En ese contexto y con 15 o 16 años, nos juntábamos
para leer, compartir la música, cada vez
más afianzada, del rock nacional, para planear
viajes con mochilas cargadas de ilusiones. Es ahí,
en los caminos, en los fogones donde nos conocimos.
Había un antecedente más que interesante:
la generación del 60. Aún estos monstruos
ciudadanos agitaban las calles con sus revistas
y pensamientos. El primer contacto formal se hizo
con Miguel Grinberg a través de su revista
Eco Contemporáneo. Miguel nos interesó
con la idea de marchar hacia los parques a compartir
poesía, charlas, libros, música y
otras etceteras.
Eran tiempos cubiertos de euforia: el peronismo
retornaba al gobierno de la mano de Campora, Perón
regresaba al país, se liberaban los presos
políticos y aparecía en los kioscos
la revista más importante de cultura que
haya existido tal vez: Crisis. Transitábamos
las calles enloquecidos y frenéticos. Buscábamos
en los suburbios las perlas de la imaginación,
el delirio en los rincones más inhóspitos.
Nos sacudía esa idea de comunicación
constante. El encuentro, el darse cuenta que había
otro igual a vos: que usaba el pelo largo, que tenía
colgantes y pulseras, remeras desteñidas
y zapatillas flechas pintadas deliberadamente. Creíamos
en el amor sin perjuicios, las rutas eran nuestros
territorios infinitos, los bares sucios eran nuestros
"comités" de reunión. Las
estaciones servían como lugar de cita: así
en la confitería de Retiro (donde hoy funciona
un Mc Donald) se fundaron varias publicaciones.
Eran tiempos de wincofón, lecturas hasta
el amanecer.
En ese 73 lleno de locura fuimos a los parques a
compartir la poesía: primero fue el Rivadavia,
luego Centenario, más tarde Plaza España.
Fundamos el Sindicato de Prensa Alternativa, que
tenía comunicación postal con otras
experiencias similares del planeta. En esos meses
aparecieron las primeras revistas: Confluir, Antimitomanía,
Regar, Galaad, Futuro, Caminando, Viento etc. Comienzan
a circular los primeros nombres pioneros de este
movimiento: Luis Aguirre, Daniel Serra, Rafael Restaino,
Carlos Barbarito, Alberto Nigro, Daniel Mourelle,
Daniel Narvaez entre otros.
El viento nos guió hasta el sitio exacto
de la confluencia: armamos una ronda infinita e
imperfecta, mezclamos en un gran recipiente a Spinetta,
Alan Wats, Jack Kerouac, Ernesto Che Guevara, Jesús,
Jim Morrinson, Janis Joplin, Floyd, Bob Dylan, Allen
Ginsberg, Pablo Neruda, Julio Cortazár, Antonin
Artaud, Rimbaud, El conde de Lautremont, Gandhi,
Santucho, Thomas Merton, Tanguito, Buda, Lennon,
Dylan Thomas, entre otros. Le agregamos pasión,
locura, imaginación, comunicación,
hermandad, viajes, delirios y otras yerbas experimentales.
Vaciamos el contenido a nuestras bocas sedientas.
Aquel brebaje se llamó Generación
Subterránea. Hoy algunos lo seguimos bebiendo
en aquellas noches de primavera que andan dando
vueltas. |
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