
"Laberintos"

"Mester de Juglaría" |
La
generación subterránea en su faz poética
produjo un quiebre a partir de la restauración
de la democracia en Argentina. Muchos de aquellos
poetas rebeldes y transgresores prefirieron los
perfumes de la formalidad literaria antes que seguir
por los caminos trazados por los legendarios beatnicks
y los tumultuosos rockers criollos. En esta situación
podemos encontrar a varios poetas que niegan su
pasado under, a tal punto que cuando dan cuenta
de sus biografías es notorio encontrar que
todos estos comenzaron ha editar a partir de 1984.
Aquí uno llega a la conclusión que
no sólo los especialistas literarios, críticos,
medios en general, han ocultado a esta generación,
sino que los cómplices de esta nulidad aparece
en las propias filas del movimiento. Los traidores
aún siguen pululando, aún andan por
ahí contando historias estúpidas y
tratando de ocultar esa mancha en el pantalón.
Pero pese a todo es interesante poder comenzar,
a través de esta columna, a mostrar a los
poetas subterráneos que sí viven orgullosos
de serlo.
Ruben Vedovaldi es un poeta santafesino, he perdido
comunicación con él hace algunos años,
no obstante algunos datos podemos decir sumado a
su poesía, que creo es lo principal.
Vedavoldi nació en Rosario, provincia de
Santa Fé, Argentina, un 1° de julio de
1951. Vivió en un pueblo cercano: Capitán
Bermudez y fue editor de un boletín literario
llamado "Poemas de un Lugar". Integró
varias antologías como: Las plateadas manzanas
de la luna, Laberintos, Nuevas Voces. Fue colaborador
de casi todos los medios under citando algunos como
referencia: El vidente ciego, Vivir la escencia,
Psyglus, Antimitomanía, Noesis, El pibe sietecolores,
Invisible. Tiene un cuaderno de poesía
junto a Héctor Altamirano: Mester de Juglaría.
Digno de una poesía sagaz y profunda, Vedovaldi
penetra con sus palabras y desarrolla desde su interior
la fuerza que expande mundos incadescentes.
LA
HARINA LEUDANTE
De la molienda
del trigo múltiple
viene el milagro blanco de la harina.
mmmmmmmmmTranspiradas
manos de hombres pelirrojos
morenos y rubios obreros anónimos
hicieron y hacen la diaria proeza que el periodismo
no ha descubierto
mmmmmmmmel alimento
de los pueblos se vuelve
paquetes de un kilo escatimado de harina leudante.
mmmmmmmmmmmEspera
apilada en los grandes depósitos de la ambición
el devenir de las especulaciones del comercio.
mmmmmmmmmEn una madrugada
fría
sube a camiones repartidores aumentada de precio.
mmmmmmmmmEspera en
un estante
del pequeño almacén de barrio.
mmmmmmmmOye la canción
llorosa
y la vocecita de un pibe descalzo, flaco, desgreñado
-"Dice mamá que le anote..."
mmmmmmmmSale a la calle
de tierra
en manos de pobre. Tal vez las manos del hijo
de alguno de los tantos cosecheros mal pagos.
mmmmmmmmmCae sobre
la mesa de la cocina
de la mujer del cansancio largo.
mmmmmmmmmSiente rasgarse
el papel celeste
que lo guardaba; las duras manos que lo trabajan
el agua, cayéndole desde una lata. Y, poco
a poco con caricias,
se va durmiendo...
mmmmmmmmmSe va durmiendo
y
le viene un sueño por todo el cuerpo.
mmmmmmmmmSe siente
entonces
fritas
y humeantes
y enormes
mmmmmmonedas de oro.
Rubén Vedovaldi - 1980
|