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NEl otro adoquín
por Marcelo Meza »n
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Buenos Aires a carcajadas...
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Buenos Aires ha sido muerta hace años. Si quieren saber pregunten así se pueden asesorar.
Es bueno revelar, entonces, el misterio, ya que me lo han preguntado, acerca de la verdadera Bs. As. y su salud actual en recóndito lugar. Mejor dicho: es sabido por hombres de ciencia, literatos sin oficina, fabricantes de sofismas, poetas a contramano, amantes de esquinas y otros almaceneros, que el actual obelisco, la calle 9 de Julio, el café Tortoni y el bajo (San Telmo incluido) es solo un fantoche, una lujuriosa mentira para y por turistas.
Si revisamos los escritos del desaparecido periodista de San Miguel, gaucho si los hubo, el Licenciado Romildo Abelino Gandolfo en su libro póstumo: “Lo que no es se inventa”, Ediciones del cateto, leemos la siguiente cita:

“...las vías con sus vértebras metálicas profundizaron el llano de campos y sembradíos silvestres hiriendo al pueblo del santo para marcar mojón y parada... Así nace este pueblo; capital de manos curtidas, donde la tierra es noble y fértil, y el sol es gandul que recala en la hondonada a la espera de su amo rubicundo, ablandándose los frutales con suma holgura para que el paisano y su prole le canten a la luna, felices, en busca del nuevo día...”

Si bien el texto no nos aclara demasiado a que capital hace referencia, convocamos, debido a groseras evidencias, la afirmación de que la capital federal, la capital de la nación Argentina, se encuentra aquí: en el gran Buenos Aires, en el barrio de mi niñez.
La historia nos dicta que hubo una época de oscuridad intelectual, en donde era posible aspirar a la gobernación hasta el mismo carnicero, de hecho así ha sucedido... Era pues inevitable esconder las maravillas de la ciudad porteña, que en realidad jamás ha tenido un puerto ni nada que se le parezca, mejor dicho puerto sí pero no de navíos marítimos sino de otra especie.

Era el tiempo en donde la Asociación del Turismo Nacional era un peso pesado en la economía del país.

El gringo quería constatar las aventuras de cuchilleros, las historias embarradas en el lujo del empedrado, y la música cautivante en resoplos de fantásticas nostalgias de arrabal... Nada de eso fue real, solo grandes literatos, altos exponentes amantes de la creación, copartícipes de un talento mayúsculo, que, sin ninguna duda nos han forjado los cimientos de nuestra cultura, elevando el flujo de las tradiciones criollas a punto tal de admiración y avidez foránea han hecho creer Echevérricas verdades.

Las compañías de turismo no se animaron a mostrar el espíritu crudo de la ciudad. Buenos Aires y todas sus reliquias están encerrados en tradiciones emblemáticas y mistéricas en la calle Velásquez y Wilson (hoy Eva Perón), en la antigua casa de Antonia.

Imaginar salirse de ruta (casi cuarenta kilómetros hasta polvorines desde el sur) para meterse ahí, a pasos de la ruta 8, en un comedor-cocina-sala de estar de 3 x 4 mts., era más que una locura: una empresa complicada...
Ahora en el terreno de las suposiciones, esta bien, que los gringos quisieran visitar el espíritu étnico de la ciudad porteña... ¿Y? ¿Cómo iban a hacer?
Había que hablar con Doña Antonia... ah... ahí te quiero ver...

La dueña de casa a quien ficticiamente llamaremos “Antonia” era la mamá de cuatro hijos a quienes llamaremos desde el mayor al menor como: Jorge, quien fuera el padre de la poesía canibalista, Norma, la que dibujaba sueños en forma de palabras, Ricardo o Pichar que sabía enfrentar tanto al amor en una palabra como pechar a la melodía de la mañana y hacer de todas ellas un canto infinito de esperanzas... por ultimo, él mas chico de los chicos lo llamaremos Monrri pero solo por ser amante del silencio, amigo del caballo como de la inmensidad.

Estos críos y esa madre han tenido por centurias las llaves de la ciudad. Ya sé que la puerta de caño y alambre tenía el pasador de chapa, no importa, siempre fue propiedad privada... Menos mal que eran ellos los dueños de la Capital y no los otros; los del zanjón...

Entonces, Doña Antonia (título que no le gusta), mujer y señora de un espíritu inquebrantable, de porte noble y de brazos abiertos, gozaba no solo de una variada letra en su saber sino que era y es admirada por su amplio criterio: aún así dejaría entrar, como era su costumbre y su bondad, al grupo de amigos de sus hijos y los amigos de estos pero no mas...

Imagínese la fila de japoneses con sus cámaras, los australianos con sus tanques, los españoles con sus gaitas... No señor... buena si, pero ña’ Antonia era de un carácter que me acuerdo que cuando con Ricardo queríamos salir a pasear, tras macana que se habría mandado el cantautor, ella decía No y ¿adivinen que pasaba? Era no.
Por eso, porque los turistas no son ningunos giles, armaron a Buenos Aires, a la “capital”
como la conocemos y la vemos en las postales. Grandioso engaño, si supieran lo que
se pierden...

Ya sé, un empedrado es un empedrado, no vamos a comparar y el café no se suplanta con nada... ¡pero es solo la cáscara, señores! Los cafetines acá atienden las 24 horas de la mañana y las 24 horas de la tarde, churros es lo que sobra...

En lo de Antonia tenemos todo porque ese lugar (que ya no es casa sino un recuerdo) ocupa un lugar pero en la memoria, en la mente de unos pocos, encendida en millares de historias que se abren en un espacio muy particular y que se activa con el tiempo.
Ninguna bebida ha sido más emblemática que “los mates de la vida” que están compuestos con la mejor de todas las yerbas, protegida con pequeñas hojitas de menta arrancadas, ahí nomás, desde la misma gigantesca planta que es base de todo rascacielos, en debajo del sillón gris.

La música era variada y llenaba las mañanas y las tardes de verano e invierno, la primavera éramos nosotros: el grupo de los trece.
El grupo de los trece era a saber: Aroldo: acreedor de cuentas imaginarias y pendencieras, historiador y orador oficial; Flequi: corroborador y asesor de oradores dando siempre la nota justa; Walter: orador premeditado y jurisconsulto verdadero, Tábano o jorge: anfitrión, cebador y soñador de utopías; Pichar: trovador, perseguidor acérrimo de “los toca piano” y desanimador doctorado de todo creador del barrio; Normita: cebadora suplementaria, alegría del hogar, correctora oficial y asesora de vestuario y/o danza; Juan: repelente de ilusiones como de mosquitos; Toqui: polizón oficial y corroborador de historias; Negro Gome: logística, proveedor de sueños imposibles; Monrri: guardián del silencio, cebador oficial y atalaya del calentador a kerosén; Ale: orador oficial y tomador de pelo desautorizado; Antonia, por supuesto que con su santa paciencia contenía cada uno de nuestros sueños grandes como la gran mamá que era y que es. Y yo en quien no voy a abundar.

Todos juntos y por muchas décadas hicimos a la gran ciudad. De poesía en poesía, que da la buena vida, viendo como crecen a nuestros pies oblongos, en eternas mirada de eucaliptus paternales... Al ritmo de Jobin, y la poesía de Larralde y de Jaime Dávalos, y la intensidad de ultramundos de Spinetta cuando nos atacaba por la uña gorda de Pichuco y El Polaco Goyeneche tomaba mate sentado debajo de la morera, ya son de la familia... Claro, si la luna era nuestro masetero al que le echábamos la yerba usada pa’ las plantas... En esas tardes frescas en donde no había un alma en la avenida 9 de Julio y la de Mayo solo se envolvía en mariposas de niños desnudos jugando al carnaval, golpeaba las manos para entrar y de golpe no faltaba nadie y nos cantaba Hernán Figueroa Reyes y los colores cambiaban de cielo hasta hacerse mas que piel...

El grupo de los trece diseñamos y alentamos a los niños a fabricar el obelisco que es nave, que es algoritmo de Dios y se mece entre ciento treinta y tres obeliscos que lo contienen, haciendo, en sí mismo, una ciudad paralela de 74 kilómetros de altura. Para nosotros, que estamos cansados de las parafernalias Imperiales solo es un farolito en donde se calientan los deseos y las pavas.

¿Tenés el calentador a kerosén prendido?
Cuando era invierno de caramelo, tomar “los mates de la vida” marcaba el comienzo del día hasta que la pava cansada dijera basta. Yo, 13 años, era uno en las historias aun ganándome el recelo de los que oficiaban en dicha funciones. Y me entusiasmaba tanto al contar que siempre, a pesar de que a nadie le interesaran mis historias mas que el desenlace inminente, sin fallar nunca, enganchándome tanto con la interpretación de la historia y sus personajes que, de la emoción, tiraba de una patada el calentador a kerosén, de torpe no más, la torta frita también volaba lejos, ensimismándome tanto que me chorreaba el mate y la bombilla siempre iba a parar lejos de mi. Ya todos me conocían, en especial la sonrisa de Antonia y la llama como una fogata que pedía clemencia al oxigeno y mas de una vez la arena y no otra cosa asfixiaba el resultado del enchastre de carcajadas e ilusorias aventuras...

En el abismo de 3x4 salía el subte siempre a tiempo y Rivadavia, que esta cerquita de la ruta, dando a la ventana de atrás, al lado de aquellas fotos pintadas de los chicos, nos hacía cosquillas y eso que éramos grandes ya...
Con los malevos nos jugamos cada campeonato a la pelota que nos detenía solo el grito de la vieja... porque ya era de noche.

La verdadera ciudad porteña de navíos interestelares es anaranjada y azul. El verde es multiorgásmico y las chicharras son el taxi más cómodo de la tarde. Es un gran mar de árboles y estrellas los Buenos Aires de veras... si la gente supiera lo que es en realidad... Que su corazón esta mas sano que nunca y que de vez en cuando, al sufrir un amor desgraciado, no se desinfla como los otros... ¿Pero como va a perder las esperanzas? Porque ya se ha insuflado eternidad, porque ha amado, alma blanca, aunque quiera no podrá amargarse. Por eso los mates con menta, los asaditos y las milanesas fieles, el juego de quererse así, abiertamente y sin remilgos, jugar al truco hasta que se ponga saturno y sonría ante la flor en buenas... Resumiendo, siempre resumiendo la vida en un abrazo de amigos, de compinches y de amantes...

No se como se nos ha escapado aquel decorado que sale en las postales con luces y todo... Quizás los porteños de acá nos estemos debilitando, nos estemos haciendo cada vez más sensibles pudiendo tolerar la farsa aquella... pero si eh de gritar mi dolor diré que cuando allá se conforman con oscuridades y mamotretos disfrazados de ángeles grises, nosotros no: creemos en la luz de la mano abierta... Si supieran como es el tango y la textura de sus soles... Si pudieran ver como sale el sol contento por las mañanas para transformarlo todo en infinito y las calles de Sauces con carozo mueven sus cabellos jugando a la rayuela, siendo distintos de los otros mortales que sueñan de noche... Es la maravilla de esta ciudad encantada que se ríe a carcajadas porque es horizonte fresco y pleno, lleno de bondades. Lugar en donde se acarician las musas hasta parir soledades que, cultivadas como corresponden, nos regalan en otoño unas verdades de senos grandes y pieles de damascos... Vivir en estas colinas y estos valles sin vejez me recuerdan a mi infancia y a mi antípoda. Me rió desgraciado por la tormenta en los ceños fruncidos por los habitantes de los apócrifos barrios del tango... Me rió sin mesura hasta que los gallos dorados del tiempo me asimilen todas las noches y las mariposas del éter se levanten distantes y derrumbado el desprecio caiga inconteniblemente y se haga polvo desvirgado y ya no griten como hienas enmohecidas porque Buenos Aires, la verdadera señora de la noche, siempre, desde tiempos remotos se ríe a carcajadas en la casa de Antonia.
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