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NEl otro adoquín
por Marcelo Meza »n
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Nostalgias.
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Con su suave voz, profunda, de café recién torrado, volcó una duda sobre el misterio de la tristeza. Verás, aquí, la tristeza está atrapada en una esquina y la melancolía se encuentra impregnada en los baches de cada encuentro, casi, como en todo bar.
La delicada dicción de la mujer latina preguntaba filosofías vedadas y el latir... Un puerto como calesita con los ojos abiertos, la grasa del adoquín hecho camino y pasaporte; se agolpaban ante su figura y unas lágrimas saladas que a nosotros... a nosotros nos redimen.

¿Tristeza dulce?
Así es, mi querida Colombiana, así es.

El acento que se escapa en una respuesta entre dientes perezosos, a la izquierda de la boca, haciéndose lugar entre unos labios en huelga, saliendo el discurso en sentencia... y así somos. Después: la poesía. Y decir lo que no haremos nunca.

Hay dos verdades enseñadas como mentiras y estas son: que Buenos Aires, el micro centro, treinta cuadras a la redonda, no es el ombligo del país, sino del universo. Toda existencia humana descansa aquí y ha de comparecer ante el tribunal terrestre, imperfecto, equivocado, desleal, pero real, con dirección en la ciudad porteña del lado de acá. (Hay otra ciudad porteña del lado de allá). Latinoamérica lo sabe y algunos entes espirituales también, por eso, los viernes por la noche, almas blancas recorren los barrios, descalzas, llorando en lunfardo, insultando en catalán, haciendo zafarranchos al estilo italiano y serbio... quizás se parezca mejor al Coreano, no el de allá sino el de acá.

Ahí, ¿ves?, mas allá de aquella esquina... dicen que se eleva una torre nueva cada día. Nadie la ve, mejor dicho: vos la estás tocando ¿verdad? Claro, los turistas, los vecinos, los otros, nos hablan todo el tiempo de ella. El ojo soslayado del anfitrión indiferente (de poro municipal –de ahora, no de antes–) se carga de inquina, chorreando el desprecio, descalificándolo todo, indignado, este porteño no permite otro culto que no sea a el mismo y a sus signos milenarios por eso no se la ve.

Se dice que el tango es tan antiguo como la misma humanidad, teoría apoyada en leyendas que afirman paraísos de glorietas y edificios en comparsa. Formaciones de vegetación mágica y gris, donde cada personaje del lunfa es parte de una naturaleza macabra. No cuesta, entonces, imaginar que los frutos son farolitos y el grano ventanales. Creciendo calles en forma desmedida hasta transformarse en rústicas enredaderas de autopistas... Decía, que no es imposible pensar en bandoneones retoños, a la espera de un rocío fantástico de lágrimas. Malevos, mozos y percantas brotando en diferentes ramas ¿te imaginás?

A veces Londres embriaga la ciudad con su bruma, sobornándola con humedad letal. El sí fácil de la calle Corrientes, lo adopta como propia, cayendo una y otra vez, en la trampa que la prostituye sin saber.

Como habrás notado, mi cómplice amiga, la sustancia que une nuestros pueblos es solo un detalle de picardía y encanto, cualidades que nos definen, creando así, un patrimonio difícil de adquirir si no se es de estos lugares. Hay señales, argumentos, túneles y puentes amistosos por ejemplo los domingos. El tuco de Italia y los italianos hipnotiza las narices de todos los argentinos. (Dicen que también de los ángeles, se puede ver en el aire...) Los lunes el Swar-ma seduce al transeúnte, que la milanesa del martes, con puré de papas y zapallo, hará olvidar. Que las albóndigas en hileras, que los canelones de carne, el locro del sábado a la noche... pero por sobre todo: el pucherito de mamá, funcionando como comodín, nos hará mejores a todos. Milagro que no ha dejado de cumplirse año tras año en la alquimia de la cocina, en esas manos que son estrellas. ¿Viste que no mencioné el asado? Mejor así... no es bueno ser cruel con los vecinos...

La otra gran verdad, en el marketing de la mentira, es el tiempo. Ves, mi amor, esas nubes grises, ese olor asqueroso como de cloaca... disculpanos, proviene del infierno. Es verdad: cielo e infierno conviven en esta especie de purgatorio a medias. No te aflijas acá todo es a medias: jamás dan los presupuestos. Se encuentran separados por una delgada reja de barrotes cuadrados, ahí: en la avenida Mitre, verde y marrón... Nadie lo sabe pero esos perros, si esos, no son animales comunes: son guardianes de los portales celestes. Ya sé... es lo que te decía antes: no alcanzó para la pintura... Si se vive en Buenos Aires es bueno tener alguna información acerca del infierno. Verás, todo se halla mezclado, nada es lo que parece y menos con el tiempo y las calles. Un colectivero(1) puede ser “el santo de las llaves” y uno, sin saber, hasta le raje un infortunio porque la máquina de boletos no nos dio el vuelto adecuado... No es fácil andar por estas calles, ¿Y por las veredas? Y, como todo es susceptible de cambios es menester poseer una virtud en la billetera, por las dudas... Siempre hay una “patota”(2) de recuerdos que nos pueden “apretar”(3). Ante esos casos, para conservar la integridad, es recomendable pagar o ser un creador de nuevas artes... te digo mas: el boleto del cine puede ser una puerta a otras dimensiones o solo una boleta de luz antigua. ¿Cómo te crees que han existido tantos capos, acá, en todas las épocas?

Y entre tantas extrañezas, estoy convencido, que el café hay que tomarlo amargo (vos ni lo vas a probar, por supuesto...), pues dicen que en el azúcar habitan enanos de algodón que crecen en las regiones más caras. Hay que tener cuidado con el azúcar. Pero vos no tenés ese problema, la calidez que brota de tus dulces poros sudamericanos excitan los sentidos, estremeces los huesos con tu aliento de miel y de primavera... Eso sí: tené cuidado, acá te van a violar... no lo digo por eso sino por el asunto de los poros. Esta gente (me incluyo), entendedlo bien, no hace más que esconderse y lo hace en los lugares más difíciles que te puedas imaginar.
¿Me dejás que me ponga en el pocito de tu mejilla?

¿Ves? El tiempo es nuestro jefe más tirano. Insensible, amoral, no descansa, no duerme, y se olvida que alguna vez fuimos humanos.
¿Sabés lo que es levantarse cada mañana con el tiempo metido por todos lados?
¿Sabés lo que se siente perder la noción de animalidad en cada circunstancia?

Si pudiéramos elegir preferiríamos la risa u otras prisiones más adecuadas. Que sea la música quien ocupe el lugar del tiempo... Cumpliríamos “acordes”, festejaríamos sinfonías y en vez de años contaríamos compases pero basados, no en una sucesión, sino en una simultaneidad. Y al ser la medida: vertical y no horizontal, el ritmo se basaría en experiencias de vida en donde el aprendizaje modelaría la apariencia. Entonces las arrugas y las canas no serían lo que ahora son, y que nos separan, y vos y yo (tendría alguna chance más) podríamos hacer planes a notas largas sobre un pentagrama circular pero no curvo, en pos de un anecdotario sublime cargado de esperanzas, con la poesía en los colores de la pasión.

No tendría la premura que me embarga al sentirte perdida de mí, cada vez más alejada de mis años, más cerca de otros brazos. Tus delicados pies turísticos han de profanar este territorio de accidentes como reglas. Dichos inconvenientes, en estas callecitas, son casi de orden obligatorios, lo cual no significa que suceda lo mismo con la tragedia, es extraño pero no van de la mano en esta ciudad.

Ya sé que es complejo para vos pero tu lucha, ojos oscuros, piel de almendra esencial, entiende simplezas y bellezas que nuestra oscuridad no nos permiten ver.
Sí. Yo te estoy agradecido también. Quizás no he sido el mejor guía turístico, el más indicado, pero pensé en vos, y claro, en nosotros…

La nostalgia es nuestra arma mortal, nuestra fuente, nuestro poder. Renegar de ella es aniquilar nuestra identidad. Volverás a tu país queriendo volver aquí.
Pero tené cuidado... porque hay tipos que andan diciendo giladas...(4) cosas así como que el diablo seduce a extranjeros, vestido de argentino y porteño... no les hagas caso, es chusmerío barato, ellos lo dicen de envidia... y de puros nostálgicos que son.


1 Colectivero: Chofer de autobús en Argentina.
2 Patota: Grupo de jóvenes que hacen de la violencia su lenguaje. Pandilla. (A veces puede existir un sentido étnico y pacifico pero no es el uso dado en este texto.)
3 Apretar: (Sin presionar) (Lunfardo o modismo argentino) Robar, asaltar, coimear.
4 Giladas: Tonterías.
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