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NEl otro adoquín
por Marcelo Meza »n
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Respiro.
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Otra vez con tus pechos al aire. Tu provocación no amaga; pega fuerte en el costado flaco que todos supimos conseguir. Con el sexo alado que sos vos, chorreante y mostaza, nos mostras el camino oscuro a seguir y nosotros, emputecidos, vamos con la baba verde (hipnotizados) tras tus encantos de pezones rosamundos y cunetas tramposas. Moves tus curvas con tal ritmo que la colombina se desdibuja a tu lado. Digo, que nos metes poco a poco a nosotros: los fiolos1 de siempre, en el fondo de al lado, en el lodo más difícil de tu territorio: yendo a parar al río, a San Telmo, Avellaneda...

Que nuestro destino será apuñalado por un rufián, cajetilla2 u otario, quizás mandando a un mulato a ensuciarse las manos con sangre inocente, porque al señor “no le da el cuero”3 ... de eso no hay ninguna duda. No, los puñales de hoy son de “manteca al techo”4 comprados en “paseos de compras” de esta cuadra y revendido en los barrios bajos. Un puñal de indiferencia cada vez más cotizado en el mercado de la locura, valorado en las grandes bolsas donde todo tiene un precio sugerido.

Ahí yace nuestra suerte: posada sobre una máquina registradora. La misma que oficializó nuestra amargura de no saber quien somos, la misma que nos dio el número de la muerte con código, calle, teléfono y todo pero sin pasado y sin brújula. Si se nos ocurriera oficializar nuestra existencia ante ese control macabro descubriríamos la falta en el código de barra; está decodificado en inglés, por lo tanto no somos entendidos y al re-codificarnos en japonés nos damos cuenta que tampoco somos libres. Entonces corremos frenéticamente tras la búsqueda enloquecida de los que somos, de lo que fuimos.

La perra mueve su cola al mejor postor y al más canchero5. No hay lugar en el mundo que se coma una pizza como en Argentina, hecha en Buenos Aires, por manos porteñas... no hay. Y la pizza canchera es de acá.

Sin plata en el río de la plata y sin adquisiciones porteñas me temo que no vas a ver, al menos que me pidas unas monedas en nombre de todos los necesitados sin importar que luego te la gastes en cualquier piringundín6 o metas tus manos y la cabeza en la basura a comer mis desperdicios. Y yo te mire con dolor y te ofrecí el alma y es probable que me vuelva a engañar con tu traste dorado, con tu ombligo al aire, pellizcado con el eslabón de una cadena; residuo de antiguas torturas y tu continente de lata de pantalla solar... y no tengo miedo.

Piel pintarrajeada, sin rubor ni corpiños, sin nada, con verdes y veranos desinflados por la humedad que es la avaricia. Y sin el alma de “la vuelta de la rata”, con ojos de gato perdidos en la aurora de los que amanecen solos.

Buscándome estas en cada cielo, perdiéndome en cada rostro nacarado. A vos: atorranta7 llamada Buenos Aires... a vos te hablo... Vos, que me llevaste a la cama por unas pocas monedas de palo, mojaste mis labios tan solo por una milanesa con puré... La baba oscura chorreante de miedos, los ojos rojos exacerbados de lujuria y las manos blancas… como las alas, elevando al vástago a plena luna-Corrientes. Se purificará con meada rancia el empedrado tóxico de las luces muertas, son testigos mudos de un pasado que ya no es nuestro. Te vi, despierta y sin arrugas debajo del infierno de bonos transparentes que gritan a hiena una milonga echa rock del bueno. Te tiré un piropo para revolverte la mugre y me devolviste un político de turno, vos si que sos rencorosa, eh?...

Después del recital de caricias aquel, quedaste dopada de placer y yo, seco de aventura, me quede mirándote con un rojo en la cara. No te gastes: no sabes improvisar, tu “zapada” parece un gusano aplastado… Lo tuyo es la opacidad de una noche sin sol en donde solo ve el que sabe mirar, un merengue roto.

No te enojes, sos floja y fácil pero todos sabemos que no es así. No te asustes si te desnudo, sirvienta, soy la amapola seca, diáspora rejuvenecida en un mástil sin bandera. Y tu silencio me hace madre sin selva. Todavía no sabes cuanto sufro infinitos domingos, princesa de trapo, de celofán gastado, de churro con savia grasienta de chocolate viejo.

A pesar de tu mala suerte estoy duro de pan, soy un vaso quebrado de nostalgias, no tengo palabras, no existe mi boca, ni estomago falaz, solo un suspenso pequeño, como la culpa… como el tiempo perdido. Me fui desarmando de dolor y de inmensidad, de tu amor mal entendido. ¡Basta de caretas comestibles! ya estoy empachado de muerte, quiero respirar tu aire fétido que es más puro que la atmósfera de mis oídos. Y merezco la carga de tu columna torcida, de tu joroba de nácar marca “doble A”. Solo eres un elefante rengo, y te amo: ¡estrías en la lengua con cuernos en los ojos!

¡Dejame llorar de agua! Ya sos parapeto de mis emociones, siempre tengo que llorar y partirme en tantos pedazos…

Te almaceno en las palabras, me reinvento en cada quejido tuyo. Anestésiame con un tango de Carlitos, tonta, ¡aplastame como una cucaracha azul del centro! De esas que te echan a perder la pisada.

Se van terminando mis pulmones y tengo tanto mundo para vomitarte que “me da no se que” enchastrarte la jeta8, sos tan dulce conmigo como un algodón usado y te extraño tanto desde que te transformaste en fracaso y te metiste en mi piel como cuando tomaste mi quijada y te reías a costilla mía. Soy tu marioneta de tergopol y eso me satisface al menos cuando renuncio.

En esa vulva de cloaca voladora estabas con tu sexo sexagenario, henchido de pasión, penetrado por bandoneones callejeros. Ladronzuelos de pianos extranjeros y acordeones prostitutos.

En tu escenario de sangre de mártir se te mueve el culito como un contrabajo desafinado. No soy capaz de treparte a un tango perdido y cuadrado, a una balada tríptica, si solo apenas me das una mano de lástima, pero te deseo. Sos mi peor pecado realizado, una descomposición de miradas de historia.

Te quiero a pesar mío y de mis miserias troqueladas. Te quiero muy a pesar tuyo y de tus cuentos de diosa barata, de cafetín y de reina del tomate. Si preferís tomar mate amargo que un cortado con dos sobres de azúcar quiere decir que todavía sentís algo por mí. No me mires así, sos vieja, vieja y antigua, proxeneta de mí, que ya no veré la juventud con los mismos ojos ni la ley de la gravedad.

Estamos perdidos, corazón, y la culpa, la culpa es mía. Cuando en el tiempo aquel de calientes noches te abrazaba sin mentiras ridículas te escapabas como quien deja un abrigo tirado y te ibas lejos, muy lejos mío, como si no me conocieras, como si te hubiera violado… Y si, tenés razón, quizás te violé pero ese es el destino de los prisioneros del pasado. Cautivo en un tiempo monstruoso y horripilante donde el hombre se ha convertido en piedra ya no hay alma que escuche lo profundo y el bar ha cambiado su vidriera y nos ha roto la puerta de la desgracia… ¡YA NO HAY DESGRACIAS, TODO ES INDIFERENCIA!

El mundo ya no existe, lo mejor se ha ido con el amor. La noche de la calle Corrientes esta enferma, las mujeres son el enemigo y los muchachos fueron a parar a la argamasa del asfalto.

Se fumaron el tiempo en un adoquín… Los azahares están quietos: son de papel. Un barrilete colgado del esqueleto y la taba en los cables atentan a las otras zapatillas cuadradas, lloran trapos sobre la alta tensión, cable pelado del presente seco y sin neón. Sin embargo el hueso frío nos persigue para matar la poca nostalgia que nos queda.

Iré a parar al basurero manoseado por la parca una vez más.

Ya vez. No estoy contento. Estamos en guerra y no lo sabíamos y a pesar de saber que el enemigo es quien picanea a la cultura nacional. La mayor batalla se libra en nosotros, contra todos y para nadie.

Antes nunca existió y mañana hay que inventarlo. Ya ni siquiera se putea y hay algo atragantado en mi voz que es necesario decirte:

“ve a aquel lugar donde no da la luz, de donde saliste, dudosa progenie…”*

*La versión original decía así: “Andate a la reconcha de tu madre, hija de mil putas”. Nota del autor: por ser algo confusa decidí obviarla por la que se lee en negrita.

1 Fiolos: (lunfardo) hombres que prostituyen a mujeres o viven de sus ganancias.
2 Cajetilla: (lun.) Individuo de buena condición económica.
3 “no le da el cuero…”: dicho popular que hace referencia del individuo que no es idóneo o no esta capacitado para mayor empresa.
4 “Manteca al techo”: dicho popular que aludo a una época Argentina de despilfarro.
5 Canchero: Dicese del individuo que se maneja con cierta arrogancia, insolencia, creyendo saber o poseer mayor condiciones que las que realmente tiene.
6 Piringundín: Lugar común a un cabaret, que funciona como lugar de encuentro, casa de sexo, albergue transitorio.
7 Atorranta: Prostituta o que se asemeja.
8 Jeta: (lun.) cara, mejilla, rostro.
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