
Jorge Luis Borges

Gabriel Gacía Márquez
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Mirando
la calle Rosario por la ventana de mi departamento
(es el alba: está oscuro, se ve un árbol tambaleante,
edificios borrosos, todo como si estuviera a punto
de muerte),recuerdo de inmediato a Borges: y si
esta numerosa Buenos Aires / no es más que un sueño(...)/hay
un instante/ en que peligra desaforadamente su ser/
y es el instante estremecido del alba/ cuando son
pocos los que sueñan el mundo.Si cierro los ojos,
¿desaparecerá del todo o estará en mayor peligro
de desaparecer? ¿Será porque en Buenos Aires desde
una cierta época hay una amenaza de desapariciones
o la desaparición es algo posible? ¿Era una profecía
del Borges de 1923 en su primer libro ya fervoroso
de Buenos Aires? ¿Habrá que creer en un Borges vidente?
( Lo que parece una ironía).
Leo
al García Márquez de 1955, es decir, de La hojarasca.
Es curioso (y no hay casualidades sino causalidades
diría un amigo mío alegando un barbarismo): Hay
un minuto en que se agota la siesta. Hasta la secreta,
recóndita, minúscula actividad de los insectos cesa
en ese instante preciso; el curso de la naturaleza
se detiene; la creación tambalea al borde del caos
y las mujeres se incorporan babeando con la flor
de la almohada bordada en la mejilla, sofocadas
por la temperatura y el rencor".Caramba, diría Borges.
Parece que tanto la siesta como el alba (cuando
la gente duerme), producen un franco peligro de
desapariciones, tanto
en Macondo como en Buenos Aires. ¿O será que Santa
María de los Buenos Aires se ha transformado en
Macondo? ¿Habrá sido influjo de la hojarasca de
la compañía bananera?
Lo que es seguro es que Buenos Aires es una ciudad
del realismo mágico: se desaparece, los habitantes
son inmortales, viven sin comer, sólo les faltaría
volar.
Sucederá en cualquier momento. |