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Fascinante
Buenos Aires. Nada mejor que la inducción y las melosas melodías
de los encantadores de serpientes para mantener los medios tonos (si son
grises mejor).
Hay colores y músicas que instalan en la quietud, en la inmovilidad,
en la somnolencia. Mejor estar así que estar peor. Y ya hay muchos
que están peor. Y más aún, también.
Adoradores de la uniformidad de criterio, de una sola interpretación
de la realidad, los explicadores y los malabaristas agitan diversos fantasmas
para sostener lo insostenible. Si no funcionan otros mecanismos, el miedo
siempre paraliza.
Por suerte, la inmovilidad que provoca el temor, sólo es la primaria
reacción. Luego, hay otras. Nunca hay una sola reacción posible,
como no hay un sólo camino. Ni una única salida.
Fascinante Buenos Aires. Mientras todo esto acontece el arte crece en sus
más diversas manifestaciones. Innumerables cantidades de talleres
de las más disímiles disciplinas. Decir arte, es hablar del
alma de una comunidad. Y si una comunidad se refugia en su propia alma
y allí busca su sustento y su razón, es el comienzo de un
futuro diferente.
No se puede mantener encerrada de manera indefinida la necesidad de expresarse,
de volcar sentimientos, sueños y proyectos. Es un síntoma
de salud querer salir del encierro, de los caprichosos límites cuyo
único objetivo es mantenernos quietos hasta que llegue el final
de una historia que no escribimos, que no sentimos y que no queremos que
sea así. Tenemos el derecho de buscar un epílogo distinto.
Tal vez, sea una obligación.
Fascinante Buenos Aires. Tantos ingredientes y tan diversos. Quizás
si uno hilara más fino terminaría por descubrir que no es
tanta la diversidad. Vaya uno a saber.
A lo mejor todo esto suceda en todas las grandes metrópolis. Es
una posibilidad.
Pienso ¿es necesario estar tan atentos a lo que sucede en otros
lugares, mientras aquí tenemos tanto por resolver? No hablo de cerrar
las ventanas hacia el mundo, sino de abrir los ojos a mi barrio. Es otra
posibilidad.
Hay tantos intentos parciales por encontrar un rumbo diferente ¿Será
tan difícil sumar esfuerzos, compartir errores y aciertos? Quizás
ahorraría tiempo y dolor.
Tal vez algunos sólo busquen quedarse con los derechos de autor
al final de la obra terminada, y pasar por la misma ventanilla donde se
exhiben los deberes bien hechos, retirar el pertinente sobre y esperar
a que el río otra vez esté revuelto. Es otra posibilidad.
Fascinante Buenos Aires. Hay quienes cambiarían tus vientos, tus
paisajes, tus bares y tus olores por una promesa de futuro mejor en cualquier
lado. Cada uno tendrá su propio espejismo a perseguir. Todas las
décadas las naves llevan y traen viajeros, desarraigos, melancolías
y arrepentimientos varios. También futuros asegurados. Es lo bueno
de poder elegir ¿Todos pueden elegir?
Hay quienes culpan al país por los hechos de sus habitantes ¿Qué
tenemos que ver cada uno con esos hechos? Quizás una respuesta sincera
nos ubique en otra perspectiva frente a esta misma realidad. Tal vez descubramos
que se pueden hacer las mismas cosas de otra manera, u otras cosas de la
misma manera, o distintas cosas de diferente manera. Es otra posibilidad.
Fascinante Buenos Aires. Y cada una de las personas que la habitan con
sus más y con sus menos. Tenemos el caudal humano necesario para
torcer el rumbo de esta y muchas historias. Quizás nos distraemos
con facilidad. Nos escabullimos por la primer rendija que aparece. Tal
vez somos muy cómodos o no nos duele tanto como decimos. A lo mejor
somos conformistas y no nos damos cuenta. O sí.
Puede ser que no miremos lo suficiente a nuestro cercano alrededor. Es
otra posibilidad.
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