elmurocultural.com  
m
m
DISCIPLINAS i
Literatura i
Artes Plásticas i
Música i
Danza i
Teatro i
Cine i
Fotografía i
Arquitectura i
SECCIONES i
Agenda Cultural i
Noticias i
Direccionario i
Publicaciones i
Concursos i
Página Abierta i
COLUMNISTAS i
Desde el Mundo i
Desde Argentina i
Desde Buenos Aires i
GALERIAS i
Personales i
Obras en Venta i
Exposiciones i
MEMORIA URBANA i
SERVICIOS i
PUENTES i
Matanzas, Cuba i
NHistorias de Buenos Aires
por Daniel Mojica»n
m
Los mutantes y nosotros.
m

Hay días que uno se levanta diferente. Con esas ganas que a los veinte años le hacían pensar que se podía cambiar el mundo. Y uno lo creía y sentía con firmeza en lo más hondo del corazón. Se miraba las manos y era más que posible. Era sólo desearlo y casi estaba hecho. Porque tuvimos un pasado, glorioso o no, de banderas levantadas
y gritos en la calle. Un pasado de utopías, de futuro valedero. El universo era pequeño y la realidad sólo un escenario que se podía modificar a voluntad. Al menos eso creíamos, sentíamos que era nuestra responsabilidad hacerlo y ni pensábamos en delegar esa necesidad. Nadie podía representarnos mejor que nosotros mismos.
Responsabilidad. Representatividad.
La constante crisis se ha llevado tantas cosas a la sombra de una lógica que no resiste
la prueba más elemental del sentido común.
Querido Buenos Aires. Reflejo de un país que parece signado a vivir sumergido en una eterna crisis. Que es fundamentalmente cultural.
A todo se acostumbra el ser humano, dicen. ¿Será este el motivo? ¿La razón primordial que nos impulsa a hundirnos junto con la dificultad?
Porque crisis implica también oportunidad de cambio.
Viene a mi mente una historia, que algunos de los vecinos de Buenos Aires, la refieren como sucedida dentro de sus límites. Sin embargo otros sostienen que abarcó a todo el territorio de la Nación. Pero sea cual haya sido la extensión del fenómeno, los que siguen son los hechos narrados.
Hace aproximadamente cinco lustros, asoló estos confines una siniestra peste, que tuvo la particularidad de atacar selectivamente a sus víctimas. Estas tenían algo en común entre sí: la capacidad de soñar y la decisión de trabajar en la construcción de esos sueños. La mayoría pertenecían a una misma generación. Como si en ello hubiera algo genético o ancestral, que los predispuso a caer barridos por la epidemia. Hoy, muchos sostienen que abrían demasiado la boca; lo que habría facilitado su infección. Otros, en cambio manifiestan que tuvieron excesivo contacto con elementos bajos de defensa o de escasa inmunidad.
Lo cierto es que casi toda esa generación desapareció, muchos de ellos sin dejar rastros. De ahí en más, muchos vienen sosteniendo que recordar abre las puertas de tan terrible mal. Entonces, se insiste en la prédica del olvido, como antídoto posible.
Así fué como la sociedad, para protegerse generó la raza de mutantes. Que viene conduciendo los destinos patrios desde esa época. Incluso algunos especímenes, vienen de más atrás, con una inusitada vigencia y predicamento mediático.

Estos mutantes tienen una característica que los identifica, es su rara habilidad en el arte de la cosmetología, el maquillaje y el transformismo.
De esta manera han usado sus artificios para mostrar la realidad como ellos quieren que parezca. Y se han transformado ellos mismos de tal suerte que lucen como creen
que el resto quiere que luzcan.
Pero este arte no se agota sólo en lo que a apariencia física se refiere, abarca también el aspecto discursivo, e incluso el de la identificación partidaria. Hasta tal punto que algunos de ellos, sostienen conceptos contradictorios entre sí, como si se contestaran en un ficticio debate desde un reportaje que le hacen por la mañana, con una nota que aparece por la noche. Lo distintivo es que lo hacen sin inmutarse, y en cada una de las intervenciones parecieran defender una verdad revelada. Tampoco evitan cambiar su pertenencia ideológica, aunque para ello deban saltar de una estructura a otra que pareciera estar en las antípodas de la anterior, y aún a una tercera o cuarta, según convenga a su peculiar manera de entender "lo que la sociedad demanda o quiere". No confundir estos movimientos, con lo que algunos suelen llamar evolución de las ideas, porque esta, suele traer aparejado un rumbo que con alguna oscilación es coherente. Sino, parece ser una manifestación más del famoso fin que justifica los medios.
Los hechos parecieran darle la razón a los mutantes, porque la sociedad se ha dejado conducir por ellos, hasta donde ellos quisieron llevarlos. Aunque muchos sostienen que ese lugar es el borde del precipicio, varios, sin negarlo, no se animan a dar otro paso hacia esa misma dirección. Vaya a saber uno por qué.
En este punto termina la historia que me fué narrada. Y a todas luces no parece tener todos los elementos que una historia debe tener. Pero bueno así me la han contado y no he querido agregar un sólo elemento.
¡Qué extraña es la mente humana!
Venir a recordar semejante cuento, cuando estaba pensando...¿qué era?...ah, si...que hay días en que uno se levanta diferente. Con esas ganas que a los veinte años te hacían pensar que podías cambiar el mundo.
Querida Buenos Aires. Cuántos misterios y paradojas entre las luces y sombras de tu amado paisaje. En medio de esa fauna en la que soy uno más de tus personajes.
¿Estaremos signados sólo a seguir en la huella o habremos de elegir alguna vez abrir un camino nuevo? Porque equivocarse por equivocarse ¿ no sería más piola cometer
errores nuevos?

m
<< ANTERIOR SIGUIENTE >>
m
| Contáctenos: info@elmurocultural.com | Publicidad: comercial@elmurocultural.com | Webmaster: info@cero.8k.com |