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NHistorias de Buenos Aires
por Daniel Mojica»n
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Hipocresia Globalizada.
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Buenos Aires y la globalización mundialista ofrecen, desde la publicidad asociada al evento un esquizofrénico panorama que, si sólo propugnara confusión de valores, bastaría con mencionar la biblia y el calefón, o hablar de Discépolo.
Pero, en un contexto en el cual se han robado el trabajo, la esperanza, la ilusión y los ahorros, semejantes mensajes pretenden además demostrar que nuestra inteligencia posee un muy bajo nivel de entendimiento, comprensión y capacidad de análisis.
¿De qué otra manera se puede interpretar sino, que la selección nacional/bandera argentina/país aparezca junto a tantas empresas a las que les importa menos que nada el destino de los argentinos/personas de carne y hueso, aún cuando sus eslóganes digan que sienten y piensan igual que:... y están junto a:... nosotros.
No habría más que remitirse a historias presentes o de un pasado no muy lejano,
(algunas, previas al negocio del mundial) para comprobar "lo cerca" que estuvieron estos grupos empresarios y los intereses que representan, de las necesidades nuestras como seres humanos y de nuestros intereses como habitantes de esta República. Así y todo pregonan "¡Vamos Argentina!".
Tal vez sólo tengamos que ejercitar la memoria y la libertad de elección. De observar todo cuanto pasa a nuestro alrededor con la actitud crítica que nos permite arribar a una conclusión propia. Que sólo responda a nuestro interés, a nuestra necesidad, a nuestra más profunda convicción. Cualquiera que esta sea.
¿Y si la libertad de elección significara no comprar los productos/servicios de esos
grupos que persisten en su afán de insultar nuestra inteligencia con el falaz mensaje que es desmentido por cada uno de los hechos que generan en la realidad?
Quizás, baste simplemente enfocar cada uno de los hechos de esa realidad desde la óptica del sentido común. ¿Por qué será que necesitan gastar tanta cantidad de dinero en convencernos mediante esas engañosas publicidades, que tienen puesta la misma camiseta que nosotros?
¿Por qué será que se escudan en una puesta en escena llena de sentimentalismos que asocian prolijamente a sus marcas y logos; a bellas personas de hermosas y pulidas sonrisas que se esmeran en atender a los sonrientes clientes de ficción, y terminan todos felices y comiendo perdices? Cuando la realidad de muchos de los usuarios de esos servicios pregonados, está a un abismo de distancia.
Esto, sin mencionar cuando esta misma realidad provocada por los mencionados grupos, hace que algún infortunado se atrase en el pago de una cuota. Cuando esto pasa ¿dónde están los solícitos, bellos y sonrientes empleados que le solucionaban todo a los clientes de ficción?
Lo que no se dice explícitamente, que es una manera de querer ocultarlo, es que todo se trata de un negocio. Ahora, esto no quiere decir que lo que sea buen negocio para estos grupos, lo sea también para los usuarios. Por lo general ocurre que son inversamente proporcionales. Y es sabido que en el venerado mercado de la oferta y la demanda, los de un lado y los del otro no tienen el mismo poder de negociación.
Entonces siempre se benefician los de un lado y pierden los del otro. Los usuarios, siempre estamos del otro; y los que están de un lado son los que tienen el poder... de negociación.
Buenos Aires y la globalización, encierran esta y otras muchas paradojas. Sembrar confusión, también es hacerle el juego a los pescadores de río revuelto.
Más arriba mencioné algo que no quiero que pase desapercibido. Cuando dije que esta realidad ha sido provocada por los mencionados grupos económicos.
Este es un dato de la realidad que no podemos soslayar, si queremos analizarla, y más si pretendemos modificarla.
Se vienen tiempos, que pueden ser fundacionales, o que serán más de lo mismo. Allí estarán regadas las piedras de siempre, de nosotros dependerá elegir tropezar con ellas como venimos haciendo desde hace más de cinco lustros. También podemos elegir dejarlas atrás, para transitar senderos nuevos. Nadie nos puede garantizar que no habrá errores pero alguna vez podemos optar por equivocaciones nuevas, originales, singulares. Enterrar de manera definitiva ese dicho nefasto que dice: "Más vale malo conocido que bueno por conocer", porque nos condujo hasta el lugar en el que nos encontramos. Salvo que estemos conformes y felices de contemplar el precipicio bajo nuestras suelas, sin margen para el menor movimiento, so pena de desbarrancarnos.
Esta es la realidad que tenemos, construida a conciencia por todos nosotros. Pero no todos con la misma responsabilidad.
La responsabilidad está estrechamente ligada al mencionado poder de negociación, en el altar de la oferta y la demanda. Cada responsabilidad es directamente proporcional al lugar ocupado y al poder manejado.
Por esta misma razón no compro el slogan que dice "todos somos culpables" cuando se menciona el estado de postración en el que ha quedado el país, aún antes de ser Nación. Esta es una forma de diluir las verdaderas responsabilidades: del robo a las arcas del estado son culpables los dirigentes ladrones; de la indigna deuda externa son culpables los dirigentes que la negociaron; de la tortura son culpables los torturadores y los dirigentes contemporáneos que miraban para otro lado; del saqueo a los ahorros ciudadanos son culpables los banqueros y los dirigentes que seguían mirando para otro lado; y como marco global de todas estas aberraciones, está el sistema que lo ha permitido a través de una dirigencia que a lo largo de más de 25 años ha otorgado y amañado la legislación necesaria (cuando no la burlaban abiertamente) como en una gigantesca asociación ilícita que se sucedió de gobierno a gobierno, para cometer cada una de estas felonías.
Mientras tanto, las empresas ligadas a estos mismos intereses sembraban sus pegadizos eslóganes, según lo que indicaban las infaltables encuestas en cada uno de sus particulares contextos.
Los ciudadanos también tenemos nuestra responsabilidad (no así la culpa) ante tales circunstancias, pero varios escalones abajo.
Mi Buenos Aires, paradójico y globalizado; me pregunto si nosotros los ciudadanos ¿seremos capaces de mirar un poquito más allá de lo que muestran las pantallas de TV, cuando una prolija y bien presentada persona miente descaradamente con una sonrisa de pasta dental? Los espejitos de colores son cada vez más sofisticados y por lo general los trae la simpática persona que cada día intenta tratarnos de imbéciles con su edulcorada sonrisa, ritmo acelerado y bella apariencia desde la pantalla.
Todavía podemos elegir. Comprar todas las ideas que nos quieren inyectar pintadas de celeste y blanco, o tener las propias, que cuando llegue el momento las pintaremos adecuadamente y con lo que tengamos a mano. Depende de nosotros.

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