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Buenos
Aires y la globalización mundialista ofrecen, desde la publicidad
asociada al evento un esquizofrénico panorama que, si sólo
propugnara confusión de valores, bastaría con mencionar la
biblia y el calefón, o hablar de Discépolo.
Pero, en un contexto en el cual se han robado el trabajo, la esperanza,
la ilusión y los ahorros, semejantes mensajes pretenden además
demostrar que nuestra inteligencia posee un muy bajo nivel de entendimiento,
comprensión y capacidad de análisis.
¿De qué otra manera se puede interpretar sino, que la selección
nacional/bandera argentina/país aparezca junto a tantas empresas
a las que les importa menos que nada el destino de los argentinos/personas
de carne y hueso, aún cuando sus eslóganes digan que sienten
y piensan igual que:... y están junto a:... nosotros.
No habría más que remitirse a historias presentes o de un
pasado no muy lejano,
(algunas, previas al negocio del mundial) para comprobar "lo cerca"
que estuvieron estos grupos empresarios y los intereses que representan,
de las necesidades nuestras como seres humanos y de nuestros intereses
como habitantes de esta República. Así y todo pregonan "¡Vamos
Argentina!".
Tal vez sólo tengamos que ejercitar la memoria y la libertad de
elección. De observar todo cuanto pasa a nuestro alrededor con la
actitud crítica que nos permite arribar a una conclusión
propia. Que sólo responda a nuestro interés, a nuestra necesidad,
a nuestra más profunda convicción. Cualquiera que esta sea.
¿Y si la libertad de elección significara no comprar los
productos/servicios de esos
grupos que persisten en su afán de insultar nuestra inteligencia
con el falaz mensaje que es desmentido por cada uno de los hechos que generan
en la realidad?
Quizás, baste simplemente enfocar cada uno de los hechos de esa
realidad desde la óptica del sentido común. ¿Por qué
será que necesitan gastar tanta cantidad de dinero en convencernos
mediante esas engañosas publicidades, que tienen puesta la misma
camiseta que nosotros?
¿Por qué será que se escudan en una puesta en escena
llena de sentimentalismos que asocian prolijamente a sus marcas y logos;
a bellas personas de hermosas y pulidas sonrisas que se esmeran en atender
a los sonrientes clientes de ficción, y terminan todos felices y
comiendo perdices? Cuando la realidad de muchos de los usuarios de esos
servicios pregonados, está a un abismo de distancia.
Esto, sin mencionar cuando esta misma realidad provocada por los mencionados
grupos, hace que algún infortunado se atrase en el pago de una cuota.
Cuando esto pasa ¿dónde están los solícitos,
bellos y sonrientes empleados que le solucionaban todo a los clientes de
ficción?
Lo que no se dice explícitamente, que es una manera de querer ocultarlo,
es que todo se trata de un negocio. Ahora, esto no quiere decir que lo
que sea buen negocio para estos grupos, lo sea también para los
usuarios. Por lo general ocurre que son inversamente proporcionales. Y
es sabido que en el venerado mercado de la oferta y la demanda, los de
un lado y los del otro no tienen el mismo poder de negociación.
Entonces siempre se benefician los de un lado y pierden los del otro. Los
usuarios, siempre estamos del otro; y los que están de un lado son
los que tienen el poder... de negociación.
Buenos Aires y la globalización, encierran esta y otras muchas paradojas.
Sembrar confusión, también es hacerle el juego a los pescadores
de río revuelto.
Más arriba mencioné algo que no quiero que pase desapercibido.
Cuando dije que esta realidad ha sido provocada por los mencionados grupos
económicos.
Este es un dato de la realidad que no podemos soslayar, si queremos analizarla,
y más si pretendemos modificarla.
Se vienen tiempos, que pueden ser fundacionales, o que serán más
de lo mismo. Allí estarán regadas las piedras de siempre,
de nosotros dependerá elegir tropezar con ellas como venimos haciendo
desde hace más de cinco lustros. También podemos elegir dejarlas
atrás, para transitar senderos nuevos. Nadie nos puede garantizar
que no habrá errores pero alguna vez podemos optar por equivocaciones
nuevas, originales, singulares. Enterrar de manera definitiva ese dicho
nefasto que dice: "Más vale malo conocido que bueno por conocer",
porque nos condujo hasta el lugar en el que nos encontramos. Salvo que
estemos conformes y felices de contemplar el precipicio bajo nuestras suelas,
sin margen para el menor movimiento, so pena de desbarrancarnos.
Esta es la realidad que tenemos, construida a conciencia por todos nosotros.
Pero no todos con la misma responsabilidad.
La responsabilidad está estrechamente ligada al mencionado poder
de negociación, en el altar de la oferta y la demanda. Cada responsabilidad
es directamente proporcional al lugar ocupado y al poder manejado.
Por esta misma razón no compro el slogan que dice "todos somos
culpables" cuando se menciona el estado de postración en el
que ha quedado el país, aún antes de ser Nación. Esta
es una forma de diluir las verdaderas responsabilidades: del robo a las
arcas del estado son culpables los dirigentes ladrones; de la indigna deuda
externa son culpables los dirigentes que la negociaron; de la tortura son
culpables los torturadores y los dirigentes contemporáneos que miraban
para otro lado; del saqueo a los ahorros ciudadanos son culpables los banqueros
y los dirigentes que seguían mirando para otro lado; y como marco
global de todas estas aberraciones, está el sistema que lo ha permitido
a través de una dirigencia que a lo largo de más de 25 años
ha otorgado y amañado la legislación necesaria (cuando no
la burlaban abiertamente) como en una gigantesca asociación ilícita
que se sucedió de gobierno a gobierno, para cometer cada una de
estas felonías.
Mientras tanto, las empresas ligadas a estos mismos intereses sembraban
sus pegadizos eslóganes, según lo que indicaban las infaltables
encuestas en cada uno de sus particulares contextos.
Los ciudadanos también tenemos nuestra responsabilidad (no así
la culpa) ante tales circunstancias, pero varios escalones abajo.
Mi Buenos Aires, paradójico y globalizado; me pregunto si nosotros
los ciudadanos ¿seremos capaces de mirar un poquito más allá
de lo que muestran las pantallas de TV, cuando una prolija y bien presentada
persona miente descaradamente con una sonrisa de pasta dental? Los espejitos
de colores son cada vez más sofisticados y por lo general los trae
la simpática persona que cada día intenta tratarnos de imbéciles
con su edulcorada sonrisa, ritmo acelerado y bella apariencia desde la
pantalla.
Todavía podemos elegir. Comprar todas las ideas que nos quieren
inyectar pintadas de celeste y blanco, o tener las propias, que cuando
llegue el momento las pintaremos adecuadamente y con lo que tengamos a
mano. Depende de nosotros.
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