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Vivo en una ciudad,
en la cual la memoria, es un bien volátil, que no muchos atesoran.
Esto permite que desfilen personajes, cuyo siniestro pasado, derramaría
olas de vergüenza, en cualquier comunidad con ansias de construir
un futuro mejor.
Pero esto es materia de otras historias.
Estos primeros días de noviembre, están signados por el retorno
de alguien que supo montarse en la esperanza del hombre común de
Buenos Aires. Este hombre común de la ciudad estaba esperando un
quijote, para que enfrente los molinos de la corrupción. (Es tema
para otra reflexión, el por qué seguimos esperando que alguien
venga a empuñar nuestros sueños, para hacerlos realidad).
¿Acaso no habrá llegado el momento en que ensillemos nuestro
propio Rocinante, y salgamos cada uno a defender nuestra propia esperanza-sueño-utopía,
y la emprendamos de una buena vez contra los centenarios, inamovibles y
sistemáticos molinos?
Algo de esto se viene gestando, pero sobran caciques y soberbia.
La memoria es un sano ejercicio. Es el escudo necesario para que no nos
golpeen siempre las mismas piedras, lanzadas al boleo y con premeditación,
por los prestidigitadores de la realidad, los mercaderes de la voluntad
ajena.
Por eso cuando oí al renunciante ex-vicepresidente hablar de autocrítica,
agudicé mi oído, en la certeza que todos merecemos una segunda
oportunidad.
Entonces escucho entre otras cosas dichas: "...tuve una injustificada
confusión entre un moderado y un conservador...", "...hoy
pienso que el ex-presidente construyó su prestigio a partir de una
fuerte estrategia de simulación..." y casi como un acto reflejo
me pregunto si uno de los más sagaces políticos que ha dado
este país, pudo haber tardado tanto en darse cuenta de aquello,
que mis amigos de café y charlas vieron desde el primer momento.
Me contesto que hay algo que no me cierra, porque el Licenciado, si hay
algo que seguro no es, es ingenuo.
Entonces ¿estamos realmente ante una sincera autocrítica?.
Porque ponerse detrás del "no me dí cuenta" y pedir
perdón, está bien para adolescentes de la política,
no para adultos, quienes no pueden ni deben ignorar, a qué se van
a enfrentar cuando hablan de combatir la corrupción.
En lo personal esta autocrítica mediática, me suena más
como un globo de ensayo para ver por dónde anda el ánimo
social, y ver si con esto alcanza, para desandar el camino del descrédito
autoinfringido. Me resulta un insulto a la inteligencia, y hablo a título
personal, no puedo pretender representar a nadie con estas reflexiones,
que creo necesitamos. Porque si ansiamos (como es mi caso) construir un
futuro diferente, no podemos basarlo en más de lo mismo. Este insuficiente
pedido de disculpas, parte de la misma actitud que le impidió al
Licenciado, convocar a la ciudadanía (antes de renunciar) y sincerarse
delante de sus votantes (y de quienes no lo hicieron, pero confiaron en
él) acerca de las "sorpresas" con las que se encontró
cuando empezó a urgar en los pliegues del poder (si es que lo hizo
alguna vez).
Entonces, luego
de ver la respuesta de esos ciudadanos, podría haber argumentado
que "...la ciudadanía no estaba preparada..." ¿O
acaso está proyectando su propia falta de preparación (valentía,
coraje, voluntad política) para hacer lo que prometió que
haría desde el gobierno?.
Necesito decir, que me duele esta defección al campo nacional y
popular, porque si bien no lo voté, creí ver en su renuncia,
un principio de algo que no existió. Pero pienso que está
a tiempo de recuperar credibilidad (si es tan honesto, como parece serlo).
Si es honesto y sincero, pues que su autocrítica sea adulta, madura
y de verdad sin excusas, pero si no lo es que no rompa el silencio para
transformarse en algo que ahora sólo él sabe, y de lo cual
todos nos enteraremos tarde o temprano.
Un capítulo aparte, merecen los medios y los periodistas y/o comunicadores
sociales, que llevando cada quien, agua para su propio molino, no profundizan
en sus reportajes o entrevistas al ex-vicepresidente, buscando no ya la
verdad, que es subjetiva de cada uno; sino la sinceridad, la honestidad,
la transparencia tan pregonada desde los púlpitos discursivos y
tan esquiva a la hora de los triviales hechos cotidianos.
Esta es Buenos Aires, mi ciudad. Parece mentira que en tantos años
de trajinar sus calles, sintonizar sus canales de TV, escuchar a la gran
mayoría de los políticos que la usan como vidriera-trampolín,
no me haya adaptado al doble discurso que baja desde lo más alto.
Tal vez sea un método que ellos usan para desanimar al ciudadano.
Creo que por eso, le doy tanta importancia a la memoria. De cualquier manera,
no voy a dejar de regar mis utopías, ni voy a dejar de sembrar sueños.
Nada ni nadie me va a poder convencer que no se puede construir un futuro
mejor y para todos. Y que hay que empezarlo a hacer desde ahora.
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