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NHistorias de Buenos Aires
por Daniel Mojica»n
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Espejismos en Buenos Aires.
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La ciudad de Buenos Aires es escenario de innumerables acontecimientos, muchos de los cuales son presentados a los ciudadanos que la habitamos, como si se tratara de un juego de simulaciones, en el cual la mayoría de los medios juegan a ocultar la verdad (o las pistas que conducen a ella) y nosotros jugamos a que no nos damos cuenta. Aún cuando a veces vislumbramos o intuimos que nos engañan. En este juego, somos subestimados, y de alguna manera estamos aceptando esa desvalorización.

Tal vez nos falte despertar esa porción de autoestima que quizás no sea la misma que se moviliza cuando nos tocan los ahorros, el bolsillo, o algo más tangible que cuando insultan nuestra inteligencia.

Puede ser, que ante tantos derechos avasallados y conculcados; suspendidos e ignorados, el derecho a ser informados con veracidad no ocupe el primer lugar en la lista de reclamos. Pero ¿qué pasaría si ante la noticia de un supuesto suicidio de una persona involucrada en una pesada causa que incluye a poderosos personajes; los lectores de diarios, los oyentes de radio, los televidentes, manifestáramos con pancartas que pusieran en acto nuestro descontento e incredulidad y reclamáramos verdad y justicia? Con la misma vehemencia que pusieron los ahorristas en la legítima defensa de sus violados derechos.

Desde hace bastante tiempo a esta parte (podríamos decir 10 años y tal vez erraríamos por unos meses) se ha creado de hecho una empresa que funciona con suma eficiencia y fluidez, a la que se la puede llamar SUICIDIOS CONVENIENTES S.A.
No es que antes no hubiera existido, pero pareciera que en el lapso mencionado se ha optimizado su funcionamiento, logrando un aceitado mecanismo por todos aceptado.

Esta aceptación es la que hace crecer a la empresa mencionada. Lo mismo pasa con la corrupción, no es que antes no hubiera existido, pero en ese mismo período ha logrado un grado de excelencia digna del primer mundo tan admirado por sus cultores y practicantes.

Me vuelvo a preguntar ¿qué pasaría si ante cada atisbo de un acto de corrupción, los ciudadanos salimos a la calle con pancartas que digan BASTA DE CORRUPCIÓN? Tal vez esa sea la forma de poner de una vez la democracia en nuestras propias manos.

¿Faltará mucho para lograr esto? Espero y deseo que no.

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