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NHistorias de Buenos Aires
por Daniel Mojica»n
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Teatro X Identidad
Desde adentro, un llamado a la vocación: selección y elección.
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Estamos en la primera semana de julio de 2003, y la ansiedad recorre todo mi sistema nervioso. Tengo la íntima certeza de que voy a ser convocado. Tal vez mis ganas me dieron esa convicción, pero no existe una explicación racional. Yo me postulé como actor, porque es donde acredito mayor experiencia, aunque en el fondo de mi alma deseaba colaborar como autor. Por esta razón hice un comentario, en el formulario que nos dieron para completar, que me gustaría colaborar con ideas más allá del rol que me tocara.

Así es que una noche recibo el llamado de Cony, una de las compañeras de la comisión de Teatro x identidad, anunciándome que he sido convocado como autor. Entonces me cita para una reunión para el siguiente martes en el Teatro del Pueblo, a fin de que nos conozcamos los autores y directores convocados, con el fin de integrar las duplas autor/director. Más adelante se convocará a los actores.

Hoy es el día. Bajo del subte en Diagonal Norte, a metros del "Teatro del Pueblo". Siento que una energía diferente llena mi espíritu. Una extraña mezcla de lo que sentía en la década del '70 cuando me sumaba a las nutridas columnas de la JP, que se une a esa indefinible sensación que un actor siente un segundo antes que se alce el telón y toma conciencia de esa maravillosa vulnerabilidad que significa exponerse al público, ese inexplicable temor que lo empuja a seguir adelante, a pesar de todo. Es que esta es precisamente la esencia del trabajo actoral, trabajar desde y con las sensaciones.

Bajo las escaleras y busco la sala donde nos reuniríamos. Me guío por las voces, siempre elevadas, que caracteriza a quienes nos dedicamos a esta mágica tarea que es el teatro. Encuentro el lugar y veo a varios de los miembros de la comisión de TxI, a muchos compañeros que recuerdo de las charlas del mes de Junio en el Teatro San Martín, y a otros que no recuerdo. Me siento al azar junto un muchacho de unos 30 años, de pelo largo sobre los hombros y barba.

Luego de un rato en que hablamos entre todos de generalidades, desde la comisión nos proponen que nos vayamos presentando al conjunto, sintetizando nuestra experiencia y nuestras expectativas. Es el momento en que me sorprende el largo silencio que se produce, como una forma de manifestar, la mayoría de los presentes, la timidez que surca nuestro carácter. Como siempre, alguien se anima a ser el primero en hablar, y el hielo se desintegra como si su consistencia hubiera sido sólo virtual. De esta manera me voy enterando de que algunos directores y autores ya han participado del ciclo de TxI, y que algunos son tan ignotos como yo. Hechas las presentaciones del caso, se supone (o al menos era lo que suponían los miembros de la comisión que nos convocó) que unos nos iremos acercando a otros para formar las esperadas duplas. Cosa que por supuesto, no sucede.



En ese momento, uno de los compañeros de la comisión sugiere que nos tomemos un tiempo, rompamos la "formalidad" de la reunión, tomemos un café, o hagamos algo para acercarnos a los otros e intercambiar expectativas. Yo decido ir al baño. Luego, bajo un piso, me informaron que allí hay una máquina expendedora de café. Cuando llego, me encuentro con mi ocasional compañero de asiento que acaba de sacar su bebida. Mientras saco la mía, reconfirmamos para qué rol se postula cada uno e intercambiamos tres o cuatro ideas acerca del teatro que pretendemos hacer y cómo imaginamos el trabajo de los actores en esta experiencia de creación colectiva que propone la comisión de TxI para esta etapa del ciclo. Somos de generaciones diferentes, Fabio tiene 32 años y yo 50, pero encontramos cierta afinidad espiritual. Él me cuenta de un viaje a la India que le cambió la vida, yo comparto algunos recuerdos de mi militancia en los '70. Sin darnos casi cuenta "nos elegimos". Si algo faltaba en mi fuero interior para confirmar lo acertado de esta decisión, cuando me dice la dirección del lugar que compró para su espacio teatral, se disipa toda duda. Su teatro "El Fino" se encuentra en el lugar que funcionaba el antiguo "El Vitral" de la década del '70, donde yo estudié con Martín Adjemian. Le cuento el rumbo de mis pensamientos y los sentimientos que me invadieron. Entramos a la sala como una dupla conciente de porqué nos elegimos. De ahí en más todo sería trabajo en equipo.

En la próxima columna voy a compartir cómo se incorporan los actores a este proyecto, que quiere alumbrar corazones que la desmemoria pudo ensombrecer. Esto es lo que pretende TxI, acercar la luz de la memoria donde el olvido pretende oscurecer. La seguimos muy pronto.

NdR: Daniel Mojica: dmojica@hotmail.com

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