Buenos
Aires nunca deja de sorprender. Entre los numerosos
hechos con que los medios nos bombardean, haciéndonos
creer que nos informan hubo uno que resalta por
lo absurdo. Una mujer policía realiza una
denuncia ante la autoridad correspondiente, por
hurto, del que fuera víctima su hijo, alumno
de primer grado de una escuela pública
de la Ciudad de Buenos Aires. La justicia toma
manos en el asunto y el fiscal pide la indagatoria
del acusado: ¡Un niño de 5 años!
compañerito de grado de la "víctima".
Sin palabras. El ridículo de semejante
situación movería a una interminable
carcajada, luego de hacer a un lado la bronca,
porque la inteligencia sigue siendo la presa predilecta,
de un sistema que se recicla a sí mismo
desde hace siglos. Pero al contrastar la celeridad
con que la justicia de menores encaró el
hecho mencionado y compararlo con la negación
mediática de otro suceso que vincula a
la justicia de menores, los medios, la responsabilidad
de las instituciones, y tantos otros ítems
que con seguridad podrían ser incluídos
entre las carencias que arrastramos como sociedad
para contener a nuestros abuelos y, como en este
caso a nuestros hijos. La negación es respecto
del caso del chico de 13 años que el jueves
13 de mayo (de 2004) pasado se fuga de un instituto
de menores de La Plata, nadie registra, percibe,
denuncia, ni nota esta ausencia. El día
sábado siguiente este chico, en la Plaza
Italia de la ciudad de La Plata, mientras juega
con un bidón de nafta, se incendia.
Recién cuando es ingresado en el Hospital
Garrahan de esta Ciudad de Buenos Aires, con el
95% de su cuerpo quemado, las autoridades del
instituto se enteran del escape de este pibe.
Salvo en Concepto Radio AM 1150, programa "La
Nave" que conduce Liliana López Foresi,
ningún medio se hizo eco de este hecho.
¿Es necesario realizar algún comentario?
Algunas de las características que nos
diferencian de otras especies vivas son: el discernimiento,
la capacidad de planificar un futuro, la posibilidad
de hacer una autocrítica y corregir el
rumbo equivocado, para arribar por fin a la felicidad
que, supuestamente, como seres humanos buscamos
para nosotros y para quienes amamos.
Es hora que ejercitemos el discernimiento, para
no caer en trampas inmovilizantes. Muchas veces
el bombardeo mediático de ciertas noticias
y la negación de otras tiende a eso, a
inmovilizar. La inmovilidad nos impide avanzar
hacia ese futuro, y muchas veces a conformarnos
con el flaco presente, porque todo podría
ser peor. Entonces, a quedarse quieto donde nos
ha tocado estar y moverse lo menos posible.
Siempre el futuro puede ser y debe ser mejor.
La autocrítica viene de la mano de una
mirada crítica de la realidad, y de nosotros
mismos. Lo que nos permite mejorar, superarnos,
no quedarnos con lo que nos muestra la primera
vista, la primera impresión, lo que pretenden
que miremos. Mirar y mirarnos con el alma.
Para planificar el futuro, hay que sembrar la
semilla en el presente. Dar los pasos necesarios
en el camino hacia donde queremos llegar. Si lo
que hacemos hoy no es acorde con la meta elegida,
será muy difícil que lleguemos allí.
Tal vez, la felicidad sean sólo momentos,
un estado de ánimo, o un estado del espíritu
que pugna por manifestarse y pocas veces escuchamos.
Lo más seguro es que si no tomamos conciencia
de esas características que nos diferencian,
pero que no nos hacen mejores, nos habremos perdido
la posibilidad de vivir en plenitud sabiendo que
la construcción de ese futuro que anhelamos,
sólo depende de cada uno. Aunque quieran
convencernos de que nada podemos hacer por cambiar
esta realidad, absurda, ridícula, agobiante,
injusta y asfixiante. La magia existe, está
en nuestras manos. Imaginemos ir sumando manos
que piensan un futuro similar.
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