La
noche ya no es una amenaza para las pupilas de
quienes caminan por las calles de Buenos Aires.
Subjetividad ¿Qué es lo que hace
que usemos una mirada distinta hacia las víctimas
de un sistema injusto, insensible y sembrador
de mediocridad? Los ojos, la piel, la ropa, la
geografía. Los medios y su visión
que induce.
Hubo momentos de solidaridad más amplia,
que parecía extenderse con una horizontalidad
prometedora. ¡Tantos espejismos nos han
hecho sonreír ingenuamente!
Discriminación. Hay víctimas defendibles
con marchas veladas y hay víctimas ignorables
por su origen y residencia no conveniente.
Pueblo. Vacua invocación para fines contrapuestos.
Caleidoscópica integración de disímiles
intereses que se pretende uniformar desde extremos
que aparentan ser opuestos.
Energía. Los opuestos se atraen enseña
la física desde el magnetismo.
Tantos años de armamentismo. Guerra fría.
Miles de millones dilapidados. El Este versus
el Oeste. Hoy la guerra preventiva los vuelve
a unir. Los pone del mismo lado ¿Alguna
vez fueron distintos? Espejitos de colores.
El mundo es tan grande que Buenos Aires parece
diminuta. Similitudes. Imitación de lo
peor. Conciencia de las diferencias. Volátil
conciencia que aúna en segmentos diferentes
a quienes la conservan de quienes no la usan.
O no asumen su existencia. Oscuridad del alma.
La noche ya no es una amenaza. Es un hecho concreto
para los esquivos ojos de quienes transitan tus
calles, Buenos Aires. Temerosos e inquietos. Por
el presente y por el futuro.
Las estrellas titilan allá arriba. Acá
abajo, los pasos se apuran por llegar a destino.
El mundo sigue girando, con tan pocos cambios
que parece haber vuelto a los setenta. O tal vez
cambió tanto. Vaya a saber.
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