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| Subterráneos. |
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Volver
es asistir al espectáculo furioso de las ruedas que arden
en el acero de la oscuridad. Los pasajeros se inclinan lejos
de la lluvia y caen en las curvas del tornado.
En los ojos del motorman: las curvas de la oscuridad, las curvas
del estampido de la luz cuando aparece. Luz del agua que cae
en la fría belleza del amanecer.
En
los bares beben los que abrigan su tristeza en la penumbra.
Los
pasajeros duermen arrullados por las sacudidas del vagón.
Sueñan con sus ropas arrugadas.
Un
hombre, no le importa mojarse, mira como cae la lluvia sobre
los alambrados de una dependencia municipal: agua que cae por
los rombos de los altos alambrados.
Del agua se filtra el silencio:
agendas anillos relojes valijas
pertenencias, objetos que servirían de pista a un detective,
cosas que los pasajeros consideran importantes. El agua se filtra
por el pavimento roto y cae sobre los vagones detenidos en las
vías muertas.
Los rieles, la creciente temperatura del tedio. La inmovilidad
es el destino del agua que se filtra en la ciudad rota. Una
ciudad en donde un hombre contempla, como esperando una respuesta,
con su ropa rota, los alambrados chorreantes de una dependencia
municipal donde se arrumban máquinas y sobras de máquinas,
escombros del sueño de las ruedas. |
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