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NBuenos Aires desde Neuquén
por Aldo Novelli»n
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2001, Odisea en la tierra y la revolución de las cacerolas.
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El subdirector de la revista Francachela, Daniel Andina, que además es un amigo virtual, me propone que escriba desde Neuquén sobre Buenos Aires, mala idea pensé, ¿vamos a reeditar las viejas peleas entre 'porteños' e 'interior'?.

Pero también me dije, ¿qué reclamamos muchos escritores, intelectuales y artistas de este país?, reclamamos debate, pero debate cultural, y no esta discusión mediatizada y mediocrizada de los informadores públicos y los políticos nativos, que nos llega, desde la 'gran manzana' llamada Buenos Aires.

Aquí, en la azarosa y sorpresiva patagonia, asistimos impávidos a las maravillas con que nos sorprende la tecnología, esta nota, sin ir más lejos, es una muestra de ello, pero además como decía J. L. Borges, que la ficción copie la realidad es maravilloso, pero que la realidad copie la ficción es decididamente pasmoso.

Hace algunos años, el maestro Stanley Kubrick realizó un hecho ficcional, una película, "2001, odisea en el espacio", que muchos creyeron que, arribados al año en cuestión, se había equivocado en el pronóstico, no es así, la odisea ha comenzado, pero no en el espacio, sino sobre la dolorosa tierra de nuestro mundo.

La superpoderosa computadora Haal-2000 que controlaba todo, se llama ahora, Economía de Mercado, sus intrincados circuitos son ahora un laberinto desconocido de despachos de poder, el espacio infinit se llama aldea global, sus viejas células fotoeléctricas son oficinas de cristal refrigeradas, en las alturas de algún rascacielo donde se decide si comerán o morirán de inanición los habitantes de un alejado país del sur o cualquier otro que se les ocurra.

Como aquellos desesperados naufragos del espacio, ahora denominados internautas, trabajadores en negro, desocupados, piqueteros, esclavos, niños hambrientos, buscamos el monolito original que contiene la cifra de la vida, o sea buscamos la palabra, la otra palabra, el verbo primordial, la flama original que nos diera el calor necesario para sobrevivir.
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Pero hay una buena noticia, un secreto que conoceremos tan sólo los que lean esta nota, después del rayo descomunal que encendió el primer fuego, un grupo de hombres y mujeres libres, han preservado ese fuego primordial hasta hoy, ese fuego negro, invisible para muchos, es el fuego de la poesía.

La poesía en su sentido más amplio, no como mera producción de artefactos verbales, la poesía abarcando la libertad y la justicia el ser humano, la poesía como las potencialidades del ser, la poesía humana y vivencial de la solidaridad entre los hombres, esa solidaridad que es capaz de unir al hombre para enfrentar la injusticia, la poesía como la solidaridad infinita que llegó a plasmar César Vallejo en este poema memorable:

Masa

Al fin de la batalla,

y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: "No mueras, te amo tanto!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
"No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: "Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: "¡Quédate, hermano!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente
abrazó al primer hombre; echóse a andar...

César Vallejo

Y porqué esta referencia a la solidaridad, porque recreando un viejo adagio literario que dice que 'la realidad es más rica que la ficción', cosa de la que no estoy muy seguro, pero lo que sí es seguro, es que 'la realidad es más veloz que la ficción', ya que en medio de la escritura de esta nota, una multitud de porteños rompieron lanzas con la indiferencia y con las mismas cacerolas que el 05 de julio de 1807 llenas de aceite hirviente habían expulsado al invasor británico, ahora un 20 de diciembre de 2001 con las cacerolas vacías, todo un símbolo de la época, y en un estruendoso ruido de indignación y cansancio, se apoderaron de la plaza principal de la república y frente al nuevo cabildo, expulsaron un gobierno que como aquel, había pactado con los nuevos invasores, pero con las mismas nefastas intenciones.

Ahora deviene el futuro, que como todos sabemos, es inaccesible e inescrutable, aunque pareciera más incierto aún en esta tierra argentina, y en este porvenir que nos acecha, tal vez hallamos cambiado los fusiles libertarios y utópicos de los revolucionarios de los '70, por estas cacerolas y cucharones del 2000, con la secreta esperanza de que ésta novedosa revolución, sea una revolución solidaria con todos los hombres, mujeres y niños que habitan el país, en definitiva solidaria para con el prójimo y que no deje de preservar cuidadosamente en el corazón de cada uno de nosotros, la llama primordial de la poesía.
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