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NBuenos
Aires desde Neuquén |
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| Bagdad
- Buenos Aires. |
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Chico cartonero (Buenos Aires)

Niño en la guerra (Irak) |
Acá
en Bagdad son 5,30 horas de la mañana, allá en
Buenos Aires son las 23,30 horas.
Acá en Bagdad el cielo empieza a clarear, muchos miramos
el cielo con tensa expectativa, hasta que un silbido de dolorosa
memoria cruza el aire, un rayo blanco ilumina por un instante
el cielo y una sorda explosión hace vibrar la tierra
que pisamos y suenan enloquecidas sirenas.
Allá en Buenos Aires muchos miran la TV y ven un efímero
destello luminoso, cruzando la pantalla.
Acá en Bagdad la gente se arrodilla y ora a Alá
por su vida, por la vida de sus hijos, de sus familiares, de
sus amigos.
Allá en Buenos Aires la gente insulta, grita, hace chistes,
ríe, algunos lloran por dentro.
Acá en Bagdad, cavamos pozos en la tierra, escondemos
nuestros hijos, nuestro terror, nuestra vergüenza.
Allá en Buenos Aires, entran a sus casas, escriben cartas,
mails, dolores ajenos, cavan en su alma para esconder sus terrores,
su vergüenza.
Acá en Bagdad lo chicos mueren en brazos de sus madres
haciendo las compras en el mercado, se desangran en medio de
las calles cuando los alcanza la explosión de un misil
al regresar de la escuela, o enloquecidos sus padres le dan
una ak47 y salen a jugar a la guerra.
Allá en Buenos Aires los niños con suerte, siguen
jugando a la guerra con fusiles de plástico, o divirtiéndose
con algún videojuego, donde los buenos matan a los malos
con cara de árabes, o latinos o amarillos o negros.
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Los otros
niños, los sin suerte, los muchos, los cada vez más,
caminan descalzos por la calle mendigando un pedazo de pan, acarreando
un carrito con cartones, o escapando de la miseria del mundo en una
bolsa de pegamento.
Acá en Bagdad unos chicos escriben un poema sobre la guerra: |
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Tomahawk
Era una noche apacible, cálida
nos sentamos en el patio
a buscar estrellas fugaces
y pedíamos deseos:
‘que Claudia se enamore de mi mañana’,
‘que mi viejo consiga laburo’,
‘que este verano pueda comer muchos helados de limón’,
‘que la vieja me compre las zapatillas negras’,
‘que Claudia lo patee al Raúl’.
Así estábamos
mirando los destellos de la eternidad
cuando mi amigo –el Raúl– me dice:
¡mirá que estrella loco, es fantástica!,
y un segundo después
el patio se encendió
de una blancura insoportable. |
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| Allá en
Buenos Aires, alguien escribe sobre esa otra guerra, casi invisible: |
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Economía
de mercado
En la calle del shopping
hay un niño descalzo
cubierto de frío
tan cansado de mendigar
que se ha tragado el corazón
y ya no tiene hambre. |
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Acá en Bagdad la guerra no terminó,
y nunca terminará.
Allá en Buenos Aires, la guerra está empezando. |
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