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simples
colonias. El INFORME SOBRE SANTO DOMINGO del grupo Barrilete
no podía demorarse. Con una tirada inicial de 4.000
ejemplares -que "volaron" en menos de una semana
y hubo que hacer más- este INFORME fue tal vez el que
más alcanzó los propósitos teóricos
en que se fundaron: hacer de la poesía una cosa viva,
actuante, un ser más, UN HECHO, en suma. Y lo fue.
En el prólogo, Arnoldo Liberman y Héctor Yánover
expresaban: "Intentamos, muchos de nosotros, un poema
que lo dijera. Un poema que no le quedara chico a tanto grito
ahogado, a tanta sublevación inútil. Un poema
que no nos traicionara, que dijera de nuestro asco y nuestra
cólera y nuestro aturdimiento y nuestro asombro y nuestro
torpe compromiso de palabras alineadas". En esta última
frase se define con claridad cuál era nuestra convicción
-incluso estética, definida con la palabra "torpe"-
muy lejos de la presunción de "revolucionar la
poética" argentina que algunos luego nos adjudicaron
gratuitamente.
De este
Informe participaron, además de los prologuistas ya
mencionados, los poetas Daniel Desaloms, Humberto Costantini,
Felipe Reisin, Horacio Salas, Enrique Coureau, Rafael Alberto
Vásquez, Carlos Patiño, Alberto Costa, Alberto
Luis Ponzo, Roberto Santoro, Juan José Folguerá,
Julio César Silvain, Cristina Brignolo, Vicente Zito
Lema, Alicia Dellepiane Rawson, Marcos Silber y Martín
Campos. Vale la pena recorrer el abanico de los destinos de
estos poetas: A Desaloms se lo puede ver actualmente dirigiendo
un programa cultural de cable; Humberto Costantini falleció
de una enfermedad hace algunos años; su obra no necesita
menciones: por ejemplo, fue Premio Casa de las Américas
con su novela "De dioses, hombrecitos y policías";
Felipe Reisin acabó voluntariamente con su vida, durante
la dictadura; Horacio Salas sigue siendo uno de los mayores
referentes de la historia de las letras tangueras y especialista
borgiano, entre otras cosas; Enrique Coureau, desaparecido;
Rafael Alberto Vásquez continúa con su obra
poética, ya considerable (y con su maravillosa ordenamiento
de hechos y papeles: a él le debo haber recuperado
estos INFORMES); Carlos Patiño es quien esto rememora;
Alberto Costa, amigo de toda la vida, vive en España
y es columnista colega en este mismo sitio; Alberto Luis Ponzo
continúa venciendo a los años con su voluntad
poética desde el Oeste del Gran Buenos Aires; Roberto
Santoro, desaparecido; Juan José Folguerá es
hoy un gran traductor y mejor poeta; Julio César Silvain
fue uno de los fundadores del Grupo El Pan Duro y sigue en
la pelea; Cristina Brignolo tuvo un paso fugaz por la poesía
¿qué será de ella?; Vicente Zito Lema,
tenaz defensor de presos políticos, gran poeta y amigo,
es actualmente Rector de la Universidad de las Madres de Plaza
de Mayo. Alicia Dellepiane Rawson continúa ligada a
la poesía, realiza labores en la SADE y centra sus
luchas en los derechos de la mujer: Marcos Silber es cada
vez mejor poeta; fundador, entre otras vastas actividades,
del grupo "La sociedad de los poetas vivos". Martín
Campos falleció hace algunos años, con una vasta
obra a sus espaldas. A Yánover, librero de "los
de antes", todos lo han visto alguna vez en su programa
televisivo, por ejemplo, que lleva ya varios años.
Este repaso
no es ocioso: de él se desprende que, salvo Cristina
Brignolo -y tal vez sólo se debe a mi falta de información
sobre ella- todos los demás participantes de este INFORME,
jóvenes entonces, tienen hoy una larga trayectoria
en el campo de la cultura. A algunos sólo la muerte
-voluntaria, natural o por miserables "razones de estado"-
impidió que la continuaran. Es muy raro rescatar de
la memoria una publicación juvenil -editada hace casi
40 años- en donde el 99 por ciento de sus participantes
continuaron trabajando en este campo. Se puede repasar cualquier
revista o folleto juvenil literario de cualquier época
y se constatará que solamente el 20 o 30 por ciento
de quienes la hicieron perduran en la tarea. Creo que esta
continuidad abrumadora marca la convicción y potencia
de la Generación del 60.
Pero,
regresando al INFORME SOBRE SANTO DOMINGO, debemos decir que
vivió su vida como un ser vivo -y molesto- más.
Por ejemplo, el poema de Costantini tenía el sutil
título de "Yanquis hijos de puta". Era tal
la vigencia de los INFORMES y la popularidad que alcanzaron
que, por televisión, y refiriéndose específicamente
al poema de Cacho Costantini, el Ministro de Relaciones Exteriores
de turno -lamento no recordar su nombre- se vio obligado a
expresar que no estaba de acuerdo con que se ofendiera de
esa manera a un país amigo... o algo por el estilo.
Mi poema ORACION decía: "Maldita seas llena eres
de sangre/y maldito sea el ruido de tus ametralladoras/hundiendo
nombres latinoamericanos bajo la playa azul/y maldito sea
el dólar más bajo en tu bolsillo/hasta el último
sello/Sube dos puntos más la United Fruit/sube dos
puntos más la Stándar Oil/suben dos muertos
más las ambulancias/y maldito sea el fruto de tu vientre:
la guerra". Como cualquiera puede advertir, es sólo
una paráfrasis de la Oración a la Virgen María,
sin alusión alguna no ya a la propia Virgen sino siquiera
a la religión o a la fe católica. Sólo
una paráfrasis. Algunos no lo entendieron así,
en especial quienes dirigían el Sindicato de la Facultad
de Derecho, capitaneado en ese entonces por el después
por demás conocido -y hoy por demás olvidado-
santo patrono de los jubilados, Santiago de Estrada. El, al
frente de un grupo de matones del Sindicato, un mediodía
coparon el comedor de la Facultad e hicieron, manu militari,
una ridícula "misa de desagravio" a la Virgen...
que nadie había ofendido. Fui declarado "persona
no grata" en esa (y otras) facultades y amenazado de
muerte. Y ni siquiera era un gran poema...
Anécdotas,
sí. Pero de estas anécdotas se desprende que
los poemas de los INFORMES incidían en la realidad,
provocaban adhesiones y rechazos viscerales. Y hasta "oficiales".
Hay cien anécdotas más. Lo importante es que
esta poesía ERA. O, para decirlo con una palabra muy
grata a Alejandra Pizarnik, OCURRIA. Por estas y otras cosas
la Generación del 60 es hoy otro desaparecido. No se
puede perdonar a quienes hicieron de la poesía algo
más que un paseo en derredor del propio ombligo o un
ejercicio "profundo" de cosas "profundas"
para gente "profunda", como recatadamente debe ser,
sino que la sacaron a la calle a convivir con la gente y compartir
su suerte.
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