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La Poesía de los '60
por Carlos Patiño
Este asunto de las generaciones
 
De movida debemos decir que hay muy pocas generaciones en la poesía argentina que merezcan el nombre de "generación". No sólo porque es arbitrario referirse a las creaciones de los poetas o escritores tomando como referencia su partida de nacimiento, sino porque la coincidencia en un tiempo biológico equis no basta para establecer identificaciones estéticas o actitudinales entre quienes coinciden en ese tiempo. ¿Por qué entonces hablamos de la "generación del 60"? En mi caso particular, primero que nada, porque los burócratas de la poesía se empeñan en ignorarla y sólo la reconocen cuando no tienen más remedio... que reconocer a Juan Gelman, por ejemplo. Pero de inmediato se señala que "son fenómenos aislados", o que "el talento de un poeta no remite necesariamente a sus contemporáneos" o varios argumentos por el estilo destinados a desarbolar el bosque en su derredor. Pero el bosque está, por más que muchos fijen desesperadamente la mirada sólo en un par de árboles. Y segundo que nada, porque creo que se dan las condiciones necesarias para que la "del 60" pueda reconocerse precisamente como "generación", más allá de que esta palabra también a mí me pone nervioso.
   
Cuando el propio Gelman dice que hablar de "generación del 60" es al menos una reducción y que "el malentendido" se origina por "reducir la generación del 60 a la poesía política", dado que "los productores de poesía política estaban absolutamente en minoría" ("Conversaciones con la poesía argentina" Libros de Tierra Firme, 1995) frente a la producción de otros muchos poetas contemporáneos, tiene razón. Pero no toda la razón.
Desde luego que reducir la "generación del 60" a los cultores de la poesía polí-tica nos deja sin generación, porque poesía política hicieron todas las generaciones. ¿O no es fundamentalmente poesía política el "Martín Fierro"?. Y desde luego que, como también dice Gelman, "lo que comúnmente se llama poesía del 60 es un fenómeno mucho más amplio de cómo lo pintan". Pues bien: de lo que se trata es de hablar de eso que "comúnmente se llama poesía del 60", en su sentido am-plio. El propio Gelman la reconoce, desde el momento en que la menciona. Y como fenómeno, nada menos. Es la palabra que emplea.
   
Esto está patas arriba: el problema proviene de la tentativa de aislar a los poetas productores de poesía política del resto de sus contemporáneos para dejarnos sin generación, porque la poesía del 60 fue, como queda dicho, un fenómeno amplio. Sin sus poetas políticos no habría tal amplitud y, ergo, no habría generación del 60... Alejandra Pizarnik decía que se sentía identificada con su generación y no sólo eso sino precisamente con el grupo Barrilete, cultor por excelencia de la poesía política de aquellos años, algo por demás alejado de la poesía nacida de Alejandra. Me lo dijo precisamente a mí, mientras conversábamos en su casa de la calle Montes de Oca sobre "Hombre de doce menos cuarto", mi segundo libro de poemas, claro - aunque tartamudeante - exponente de eso que llamamos poesía política. ¿Cuál sería el punto de contacto? Creo yo que la mirada, la sensi-bilidad, los temas "sociales" reconocidos como tales -entrecomillado por mí en recuerdo de un sentido diferenciador alguna vez de moda, porque todos los poemas son sociales ¿o no es social un poema de amor?- y en especial una asumida actitud de escribir como uno quería y respetar a aquellos que en base a esa actitud escribían diferente. Esta es una característica insoslayable de la Generación del 60.
Gelman, en la citada entrevista - que merecería una conversación más amplia de la que aquí puedo intentar, porque es muy rica - señala algo que podría engarzarse como un elemento clave: "entró en la poesía un cierto desenfado que ayudó a que los poetas se liberaran de determinados moldes". Es una de las claves: la generación del 60, cualquiera sea su preferencia poética, política o estética, abominaba de los moldes, es decir, de las "escuelas". Escribía "como sentía" de los temas que "sentía" y en la forma que "sentía". Esto la galvaniza como generación. La legitima. Más que cualquier otra cosa, la caracteriza su respeto a la diversidad temática y artística. Era tan aceptada Marta Minujin como Juan Gelman, Mercedes Sosa como Les Luthiers, Astor Piazzolla como Roberto Santoro, Olga Orozco - uno de sus mejores poemas, "Génesis", fue publicado en el Número 12 de la revista Barrilete - como César Fernández Moreno o la propia Alejandra Pizarnik. Todo esto ES la Generación del 60. No jodamos.
Por último, Gelman también se pregunta el por qué del enojo de algunos con la vertiente política de la generación del 60, si esos poetas no valen la pena, según afirman quienes los denostan. Y atribuye a ese enojo causas políticas. Y también tiene razón. Precisamente su entrevistador y compilador del libro, Jorge Fondebrider, es uno de los más sistemáticamente negadores de la existencia de la genera-ción del 60 y uno de los principales "buscadores de talentos" sobrevivientes para que le digan, por favor, que nunca existió una llamada "Generación del 60", precisamente por la indeseable presencia de poetas políticos. Su razón, paradójicamente, no puede ser otra que política. Pero, en cualquier caso, es por lo menos mezquina, porque hay demasiados poetas desaparecidos, muertos, exiliados y que hasta se quitaron la vida como para dedicarse a fondear en la historia alguna atroz inexistencia como poetas.
 
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