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La
Poesía de los '60 |
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| por
Carlos Patiño |
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| Recordando
a Hamlet Lima Quintana. |
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"1996, Guanajato, México.
Hamlet Lima Quintana junto
a la estatua del Quijote
y Sancho Panza" (Foto inédita) |
El
jueves 21 de febrero de 2002 muere Hamlet Lima Quintana,
estupendo poeta y realizador destacado de ese arte tan
difícil -aunque a algunos les parezca más sencillo que
escribir poemas, y no es así- que es ser letrista de canciones.
Pero más que poeta y letrista de numerosas obras trascendentes
-"Zamba para no morir", entre muchas otras- Hamlet fue,
por sobre todo, un juglar. El último juglar que nos quedaba
tras la muerte de Armando Tejada Gómez. Se llamaba en
realidad Hamlet Romeo Lima. Tal vez para eludir paternos
excesos "shakespereanos", en algún momento decidió eliminar
a Romeo e incorporarse el apellido materno, Quintana.
Militante del viejo Partido Comunista -al que permaneció
fiel toda su vid - Hamlet, desde ese lugar, tuvo una intensa
vida política. Esa militancia nos juntó y nos separó muchas
veces, aunque nunca afectó nuestra amistad de tantos años.
En 1996 realizamos una gira por 14 estados mexicanos -en
compañía del cantante pampeano radicado en México DF y
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ex-integrante
del conjunto que acompañaba al gran artista oriental Alfredo
Zitarrosa, Délfor Sombra- con un espectáculo que denominamos
"Contando y cantando". Presentamos ese espectáculo de música
y poemas en grandes ciudades y en pueblos pequeños de México.
Fue un mes a todo viaje, repleto de anécdotas que alguna vez
quizás escriba en alguna parte. Porque algo que me importa rescatar
ahora, en este momento en donde hablo del amigo que -como dicen
tan bien los mexicanos- "se nos adelantó", tiene que ver con
la militancia en el inicio de la era de plomo de la dictadura
militar. Y que acabó siendo la principal razón por la cual en
junio de 1976 debí emprender un inesperado y nunca deseado camino
al exilio.
¿Por dónde empezar? Hagámoslo por una noche de mayo, fines de
mayo, de ese año maldito. Habían comenzado a "desaparecer" escritores:
Haroldo Conti, Alberto Costa, Oscar Barros, Lucina Alvarez,
Federico Moreyra, Antonio Di Benedetto, Enrique Coureau, entre
otros. La SADE -Sociedad Argentina de Escritores- protestó públicamente.
Ratti -cuyo nombre creo que inconscientemente no retengo- era
un oscuro escritor hábil para ubicarse en el poder, Presidente
de la SADE en ese momento. Había ganado las elecciones internas
en alianza con el Partido Comunista, derrotando mediante el
buen manejo del padrón y algunas picardías a los "ultras" de
la Agrupación Gremial de Escritores que encabezaba el gran viejo
Elías Castelnuovo y que contaba entre sus integrantes a Roberto
Santoro, Haroldo Conti, Carlos Patiño, Alberto Costa, David
Viñas y Vicente Zito Lema, entre otros muchos luchadores sociales. |

"Hamlet Lima Quintana" |
En
la lista de Ratti figuraba Hamlet Lima Quintana; por ende,
en 1976, Hamlet era integrante de la Comisión Directiva
de esa SADE. Creo, estoy convencido, que fue por contar
con Hamlet en la CD que esa SADE protesta por las desapariciones.
Porque, más allá de "razonables" y "ultras" políticas,
internas muy en boga en esa época, Hamlet no se iba a
quedar de brazos cruzados mientras desaparecían o mataban
escritores. A tal punto fue así que la CD de la SADE encomendó
(¿encomendó o atendió sus exigencias? Por cuanto ocurrió
después, diría que más bien esto último) a Hamlet que
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ocupara
personalmente de todo lo relacionado con este cruel asunto.
El caso es que Videla no pudo esquivar el malestar y decidió
convocar a aquel famoso "encuentro con la cultura"
de junio del 76. Pero a quienes les venían bien: por
supuesto a Jorge Luis Borges, como una "concesión
amplia" a Ernesto Sábato y como representante del
pensamiento "occidental, democrático y cristiano"
al cura Castellani. Protesta la SADE por la marginación
del organismo representativo de los escritores y a regañadientes
se incorpora a la reunión a Ratti. Por exigencia de su
aliado interno, el PC, Ratti debía cumplir con una misión:
entregarle a Videla en propia mano una lista con los escritores
desaparecidos, tarea que a Ratti le pareció nauseabunda
y "poco diplomática". Pero la CD se mantuvo
firme y Ratti debió acatar la decisión. En función
de este hecho, la noche anterior a la entrevista nos reunimos
en la SADE un grupo de escritores con Hamlet Lima Quintana,
ultimando detalles e información sobre los hechos. Charlando
del asunto nos quedamos en el comedor de la SADE hasta estar
seguros de que la carpeta elaborada sería llevada por
Ratti a esa entrevista.
En algún momento -los hechos se me traspapelan- recibo
la confirmación de dos casos de escritores desaparecidos
en esas horas, cuyos nombres no puedo precisar hoy, huyen de
la memoria. Era urgente agregarlos a la carpeta. Vuelvo al comedor
de la SADE rogando que Hamlet estuviera todavía, pero
ya se había ido. Pedí una urgente entrevista con
Ratti y le informo de las nuevas desapariciones para que los
agregue a la carpeta. Sin Hamlet delante, Ratti se envalentona,
golpea su escritorio y brama "ya estoy harto de abogar
por estos comunistas (sic); yo no le voy a agregar un nombre
más a esta carpeta sin que figure el nombre y número
de socio de quien hace la denuncia". Tengo estas palabras
muy grabadas, porque ese nombre y número de socio no
podía ser otro que el mío, porque ya no había
nadie más que yo esa noche. Y eso significaba nada más
y nada menos que entregarle en propia mano al mismísimo
dictador... mi sentencia de muerte. Firmé, de todos modos,
pensando que tal vez alguna vida podía ser salvada y
yo, bueno, a ver cómo nos arreglamos. Es decir que las
dos últimas denuncias tenían, en soledad, mi nombre
y número de socio. Más auto incriminación
imposible.
La noche siguiente vi por televisión el resultado de
esa "entrevista por la cultura" de la dictadura. El
vocero fue Borges, quien dijo dos o tres cosas convencionales
y nada más. La noche posterior voy a la SADE -calle Uruguay
al 1200- para conocer detalles. Hamlet estaba indignado porque
el "lamebotas" de Ratti había pedido disculpas
al entregar la carpeta, porque Sábato no dijo una sola
palabra sobre los escritores desaparecidos y sólo el
cura Castellani, más bien lejos de cualquier actitud
democrática, fue el único que había abogado,
pero sólo por Haroldo Conti, alguna vez alumno suyo y
al que calificó de "buen cristiano". A ninguno
sorprendió que Borges hubiera atacado a Ratti y a la
SADE por defender "subversivos". Hamlet partió
hacia lo que supongo una agitada reunión de CD
-ignoraba yo que pasarían muchos años hasta que
volviera a verlo- y me fui hasta Secretaría para chusmear
más detalles de la entrevista. Y allí Mabel, la
Secretaria, se asombra de verme y me dice que habían
venido a pedir mi legajo
-no dijo quiénes, pero se sobreentiendo- que mi legajo
se había traspapelado pero que no se podía sostener
mucho ese "traspapelamiento": tenía que irme,
tenía que "rajar ya", según sus palabras.
Y me "rajé ya", qué otra cosa podía
hacer, habiendo yo mismo firmado mi propia sentencia. Intenté
comunicarme con Hamlet, pero fue imposible.
Muchos años después, frente a Plaza de Mayo, veo
la inconfundible, quijotesca, figura de Hamlet. Nos abrazamos
y reanudamos nuestra vieja amistad, contentos ambos de haber
sobrevivido a los "años de plomo" y de haber
salvado alguna vida: la de Antonio di Benedetto, tal vez la
de Federico Moreyra, tal vez alguna otra. Lloramos la muerte
de tantos hermanos. Y seguimos con la poesía. Así
quiero recordar a Hamlet Lima Quintana: furioso con los "lamebotas",
indignado con los tibios, hacedor de tormentas entre los enemigos
de la cultura. Salve, Hamlet. Y ojalá exista una buena
ginebra en donde estés, sea donde fuere que vamos los
poetas. |
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