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| Las
influencias confluentes de la |
| Generación
del 60 (Primera Parte). |
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Nicolás Olivari |
"El
lirismo usado hasta ahora es bobalicón y miedoso. Es
pura agachada de si doy o no doy. Está ya agrietado y
maquillado con los abundantes cold creams de los academicismos.
Su vejez es espantosa y repugnante ante las nuevas fórmulas.
Fórmulas sin fórmulas. Todo está en dejar
a la imaginación, al alma, al corazón, a la sangre,
a la virilidad -el que la tenga- decir, gritar, aullar con entusiasmo
tal que aplaque el dolor de la carne abierta en la intensidad
del malón espiritual".
De
tan contundente manera se expresaba Nicolás Olivari en
el prólogo de su "El gato escaldado" -década
del 30- anunciando o presintiendo aquello que luego sería
la Generación del 60. Y agregaba: "Todo será
absorbido por el poema. No otra cosa es la tendencia moderna
en poesía, liberada de la forma clásica, rima
y ritmo, atenta solo al desarrollo de las imágenes en
ingenua y primitiva libertad que le prestan un encanto inédito.
No habrá manera de ser artista sin encontrar en las palabras
su lado flamante para el sentido de lo que el poeta quiere expresar.
Nuevo sentido he dicho, |
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| y
así deberá ser, como una alquitaración de los
cinco que tenemos, como una resultante genética de los cinco
en que nos diluimos. ¡Qué grande, qué infinita,
qué maravillosa libertad nos prestará el poema tal como
lo entendemos! ¿Qué ley literaria, qué ergástula
preceptiva, qué sintaxis ripiosa, qué ritmo con ataxia
locomotriz, nos obligará a traicionar el pensamiento?" |
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"El Gato Escaldado" |
Pocos
conocíamos entonces estos juicios de Olivari. Ninguno
les atribuía sentido profético propio. Pero sí
conocíamos a quienes ya estaban llevando a la realidad
estas anticipaciones de Olivari. Nada nace de la nada. Para
que algo trepe necesita algo que le permita trepar. La Generación
del 60 tuvo, naturalmente, esas guías. Resumir en pocas
líneas a los grandes poetas que influyeron en el enfoque
literario, ético y estético de la Generación
del 60 es poco menos que un delito. Poetas como Olivari, sí.
Y Oliverio Girondo. Y Macedonio Fernández. Pero también
los surrealistas -los de allá, por su "sacar la
poesía a las calles", y los de acá: Olga
Orozco, Enrique Molina, Roberto Juarroz, entre otros, por su
rigor formal- Allen Ginsberg y toda la poesía beatnik,
Césare Pavese, Maiacovsky, Neruda, Vallejo, por nombrar
extranjeros. Pero por sobre todo nuestros adelantados: Mario
Jorge de Lellis, Raúl González Tuñón,
Luis Luchi y Dardo Dorronzoro.
De cada uno de ellos -y de otros en que incurro en el delito
anticipado antes, el de omitir nombres, porque también
tenemos que nombrar a Evaristo Carriego, Cátulo Castillo,
Homero Manzi, los grandes poetas del tango- tomamos algo que
nos ayudó a tener una visión propia, distinta,
superadora de aquella poesía "bobalicona y miedosa"
a que aludía Olivari -y a quien le caiga el sayo debe
lucirlo- para intentar
-sin lograrlo muchas veces, desde luego- esa poesía libre,
ese poema de "fórmulas sin fórmulas"
que preconizaba el autor de "El gato escaldado". |
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| Porque
una cosa es cierta: a partir de la Generación del 60 se acabaron
las "escuelas literarias", murieron todos los "ismos".
La poesía se hizo más sentimiento que esteticismo, estuvo
más atenta a aquello que se necesitaba decir y del modo en
que necesitaba ser dicho AQUI que a meter nuestras percepciones y
sentimientos en los moldes venidos de las "metrópolis
culturales" -hablo de París o España, por ejemplo-
como había ocurrido hasta muy poco antes, incluyendo al surrealismo,
la última de estas escuelas que tuvo algún arraigo entre
nosotros. Pero el problema es bastante más complejo. Requerirá
más de un artículo darle a cada quien lo suyo.
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