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La Poesía de los '60
por Carlos Patiño »n
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Informe
sobre
Discépolo
Selección de Poemas
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DISCEPOLIN

Sobre el mármol helado, migas de medialuna
y una mujer absurda que come en un rincón
tu musa está sangrando y ella se desayuna
el alba no perdona, no tiene corazón.
Al fin ¿quién es culpable de la vida grotesca?
ni del alma manchada con sangre de carmín
mejor es que salgamos antes de que amanezca
antes de que lloremos, viejo Discepolín!...

Conozco de tu largo aburrimiento
y comprendo lo que cuesta ser feliz
y al son de cada tango te presiento
con tu talento enorme y tu nariz.
Con tu lágrima amarga y escondida
con tu careta pálida de clown
y con esa sonrisa entristecida
que florecen en verso y en canción.

La gente se te arrima con su montón de penas
y tú las acaricias casi con un temblor
te duele como propia la cicatriz ajena
aquél no tuvo suerte y ésta no tuvo amor.
La pista se ha poblado al ruido de la orquesta
se abrazan bajo el foco muñecos de aserrín
¿No ves que están bailando? . . . ¿No ves que están de fiesta? . . .
Vamos que todo duele, viejo Discepolín! . . .

Homero Manzi

VAMOS A RESCATARLO

Esquina de la noche
farolada de barrio
la percha
el peine
pantalón y gomina
piropo que me abrió la calle
y una suerte de pucho sin horario.
Las pibas de la tarde
por el baldío perfumado
en que aprendí el amor
se amuraban un tango
y Discépolo. . .
silbando hacía las hembras:
pintaba las caderas
con humedad de tierra
y un vuelo de gorriones
ataba a sus polleras,
después estrellaba una flor
a las palabras
y en la mirada el deseo
se daba como un mate.
Entonces subías
trompo borracho de piel
y los cuerpos gambeteaban
la aventura del calor.
El vino tiene ojos
arriba de los besos
si te me vas por la sangre
como un gato de sol
que salta en los rincones;
tango
olido en la cocina
cuando las trenzas estaban
temblando el domingo
la fábrica,
el obrero,
los camiones
y el olor acerado de las vías
lloradas en la puerta del asombro.

Ana Vásquez


DESPEDIDA

El poeta cayó,
supo entonces su muerte repentina,
su inercia para siempre sobre el piso
y pensó que hay en todo
una feroz armonía con el tiempo.

Recordó pergaminos gastados por la noche,
risas nerviosas de copas transparentes,
y el cansancio
navegando las venas de los días.
" . . . siempre esperé este instante,
desde que hubo un tango
y naufragó mi verso entre su música"

Para siempre,
entonces para siempre;
este quedarse quieto y esperando
una resurrección que nunca llega.
Y una amargura final;
la desta muerte,
tan sin sentido,
tan pobre,
tan idiota.

" . . . fue un patio viejo donde gritó mi madre
entre las palanganas
y los tangos,
hay un dolor muy duro en todo esto
la tristeza redonda del suburbio"

Quedó tendido,
una vejez nocturna degollando pupilas se acercaba.
Afuera,
la tarde alborotaba los gorriones.

Rodolfo Ramírez


DIJO DISCEPOLIN

"Nací aquí
cuando mi vieja tiraba de la lágrima
y me van a decir Discepolín.
Uno,
de pronto,
recibe,
algún buen día,
el cachetazo sopa de la vida
y tiene que volar desde su pico.
Cualquier mañana
-tengo los huesos dulces todavía--
llevaré La Razón debajo el brazo.
Estaré en yanta y bandeao por ser un gil
y si me encurdelo trino en cualquier tranvía
(me cache en dié, me oyen las vecinas),
y me raspa el empedrao
y sale Buenos Aires
yirando en mi rodilla.

Nací aquí
cuando mi vieja tiraba de la lágrima
y me van a decir Discepolín.

Discepolín,
porque masqué el gorrión hambriento desde abajo,
porque anduve cortao, sin yerba y sin trabajo,
porque me salió tango el faso de la vida,
porque anduve muy solo y sufrí mucho.

Nací aquí
cuando mi vieja tiraba de la lágrima
y me van a decir Discepolín.

Discepolín,
déjenme el nombre
por lo menos,

como todos."

Diego Jorge Mare


ENRIQUE BUENOS AIRES

Con usted, la ciudad sentía un poco de vergüenza.
Ahora, sin usted, hermano Enrique, Buenos Aires,
de puta nomás, cambió la cara.
m

llegó como un gorrión
hizo la cola de la vida
le dieron un modelo de corazón que no se usaba

usted vino
puso el amor de cara a la ventana
le dio cuerda al asunto de la calle
a dios lo tuvo en jaque con un tango
le ganó todo el dolor a la baraja

grela la suerte señor
qué palabrero
las mesas de café se niegan a olvidarlo

¿para qué más?
era la desnudez primera
la mano amarga
la rueda loca
el desencanto

pidió permiso
pero sacó de prepo a la esperanza de la cucha

y ya hace un tango que quiere volver
su silbido varón que no regresa

el bufoso de la muerte
se lo llevó con miedo al otro barrio

denle paso
que pase su camisa
Enrique fue la mitad de Buenos Aires

Roberto Jorge Santoro


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