
Ilustración de tapa
hecha por el autor
Dibujos de
Miguel Angel Bustos |
Miguel
Angel Bustos, poeta y pintor de estremecedora lucidez
y ternura, refleja en su vida y en su arte una historia
digna de memorable tragi-cidad. Desaparecido durante
la dictadura nos aproxima gatos con atri-butos muy
diferentes a los de Berenice. Los gatos de Miguel
Angel Bus-tos son premonitorios y poseen delirante
sabiduría: "Atención, gatos
vagabundos, sed adivinos y traedme en vuestro cuerpo,
pleno crepúsculo eléctrico, el viento
duro de la noche que se aproxima." (Poema
Los gatos).
Su dulce Canción del niño y el caracol
se mezcla con el bullicio de los gorriones y la
agitación de palomas con sus pichones en
esas páginas escritas a los 26 años,
elogiadas por Juan Gelman, donde canta: "Gorrioncito/
aire/ de plumas grises/ ven/ vamos al agua"
(Canción del niño y el gorrioncito).
En Canción de las palomas, Bustos despliega
toda su veta de sensible soledad: "Paloma/
vuelve ya/ plumón de olor/ mamita tibia./
vuelve ya/ que tengo frío/ y el sol/ está
muy alto".
A la paloma de Picasso la llamará "niña
enamorada de las noches". Pero, en otros
poemas irrumpen acentos con palabras punzantes y
severas proyecciones:"Gallo/ clava tu pico/
a la madrugada./ Sacude/ espanta,/ duras virutas
del alma." (Poema Clava tu pico a la madrugada).
Hermanad con Rimbaud y Baudelaire, los poetas malditos,
genios de la belleza, Miguel Angel Bustos sabe de
tigres y terrores. Desde otros horizontes, Jorge
L. Borges también los conoce.
En su libro Fragmentos Fantásticos Bustos
se acerca al espacio indoamericano y en Ias Llamas
expresa: "Vi un coro. Un coro de llamas
cantoras en el Altiplano. Un cóndor las dirigía"-.
Este poeta que ilustraba sus propios libros con
dibujos y pinturas, audaces unos, tenues otros,
a la hora en que en Hiroshima estallaba el exterminio,
escribe: "En Nagasaki, la garza negra levantaba
el vuelo". (La Garza Negra). |