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NBuenos Aires de ayer y de hoy
por Norma Pérez Martín »n
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Los poetas de Buenos Aires cantan a los barrios I
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Los poetas nacidos en Buenos Aires presentan durante todo el siglo XX textos memorables que evocan calles y rincones de la ciudad.

En 1923 Jorge Luis Borges en su libro Fervor de Buenos Aires brindaba su homenaje lírico, no a "las calles de la turba y el ajetreo" sino a "las calles desganadas del barrio" (poema: Las calles). En el citado libro dedica a Macedonio Fernández su canto: La Plaza San Martín, donde "la honda plaza igualadora de almas / se abre como la muerte, como el sueño".

Eran los días en los que se enfrentaban estética e ideológicamente Boedo-Florida. Las rupturas, innovaciones, transgresiones, irrumpían con genialidad creativa en Nicolas Olivari, entre otros rebeldes e imaginativos artistas. Nacido en la esquina de Paso y Cuyo (hoy, ca-lle Sarmiento) los títulos de sus poemarios anuncian su lenguaje des-bordado y metáforas insólitas: La musa de la mala pata (1926); El gato escaldado (1929), Diez poemas sin poesia (1938), etc. precisamente en este último leemos: Poema para una tarde desocupada, donde construye tristes asociaciones: "todo lo que se ve ya no existe / gallineros repletos de alas bajas / tazas desportilladas / y un ala mansa". Nicolas Olivari, admirador de François Villon y amigo de Botana, con su yo lírico rudo y sentimental observa dos ámbitos porteños singularmente antagónicos en el libro El gato escaldado asoman: Canción a la plaza Lavalle y Canción ditirámbica a Villa Luro. En la primera composición irrumpen los juegos lingüísticos:

"Ésta es la canción ciudadana / de la plaza Lavalle, / la zamba chueca que de mañana, / haciendo muecas obscenas, / cantan los hijos de los tribunales". Más adelante, la parodia trans-gresora avanza, anticipándose a la carnavalización que hoy frecuentan las artes de la posmodernidad: "El General Lavalle, / con gran regocijo de los federales / se ha hecho caca, / bajo los faldones, bajo los faldones / de la casaca..." el planteo ditirámbico se instala en Villa Luro con incisivas implicancias ideológicas: "Villa Luro, yo no fui un extraño entre tu barro, / ni tampoco el forastero de tus charcos " // "te asomaste entre banderas de remate / que servirán de trapo para las revoluciones " los "pastos proletarios" a los que exalta este poeta le dictan metafóricas luminosidades. Nicolas Olivari diseña con plasticidad y devoción descripciones barriales que van mucho más allá del efectismo pintoresquista. Los versos finales sellan con ponderable síntesis la visión estética: "Villa Luro: complejidad de lo sencillo."

Otro representante de la lírica argentina: artista trasnochado y viajero: Raúl González Tuñón "reunió la belleza con la política". Su fina percepción resucita la calle sin nombre, preguntando: "¿y que dirá la muerte cuando vaya / y nadie sepa donde vive / la persona que busca en esa calle, / la oscura, la cortada / la ignorada del censo municipal, sin nombre / sin ayer, sin mañana?" acaso el poeta cuando así humaniza esa "calle ignorada", en esta tácita transposición apela a tantos personajes anónimos de la ciudad. En el poema La grúa gigante, Raúl González Tuñón se acerca al quinqueliano riachuelo: "El riachuelo tiene rostro de obrero azul. / Recuerdo melodías adolescentes / lenta, grave sombra del puente que transporta el destino / y en la orilla la grúa, su aguafuerte de hierro".

El Violín del diablo, La calle del agujero en la media, La rosa blindada, A la sombra de los barrios amados, son algunos de sus destacados poemarios que siguen hoy captando miles de lectores pertenecientes a las nuevas promociones poéticas del país.

Oliverio Girondo
, otro faro en la poesía nacional, nace en Buenos Aires en 1891 y muere en la ciudad natal en 1967. Como dijera Enrique Molina (otra luminaria de nuestras letras) "Girondo desarrolla un proceso verbal que va desde la escritura lineal y lúcida del comienzo hasta los más remotos del lenguaje". La anti-poesía, el cubismo, con sus manifiestos desafiantes, el vanguardismo quebrando cánones tradicionales, la óptica distorsionada, el humor y el absurdo se imponen en las páginas girondianas con aproximaciones y rechazos.

El barrio de Flores le dicta una de sus prosas poéticas donde desarticula los límites rígidos de los géneros literarios: "Las chicas de Flores tienen los ojos dulces como las almendras azucaradas de la confitería del Molino, y usan moños de seda que le liban las nalgas en un aleteo de mariposas." (del libro Veinte poemas para ser leídos en el tranvía - 1922).

Andariego eufórico y esencial, Girondo avanza desde el intimismo hasta desembocar en la poesía desasosegada, donde lo erótico y lo cáustico llega hasta el grito desgarrante.
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