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NBuenos
Aires de ayer y de hoy |
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por
Norma Pérez Martín »n |
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| Poesia
Hoy |
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Hay
quienes sostienen que la poesía no se incluye
entre los géneros mas solicitados por los
buscadores de obras literarias. Nunca la poesía
atrapó a grandes multitudes. La poesía
no se vende, se repite hasta el cansancio. No se
vende, en un doble sentido. No tienta a millones
de lectores, por un lado. Por otra parte, no se
prostituye convirtiéndose en producto de
consumo exhibido en las góndolas de los supermercados.
Hablo de la poesía que merece, por su calidad
y hondura, la mayúscula. No digo nada nuevo.
Quienes transitan por el camino de la lírica
lo sabe (poetas y lectores).
Para gloria del arte, en sus distintas expresiones,
el canto no muere. Se ha inspirado desde los tiempos
remotos hasta hoy en temas arduos, en coléricos
mensajes, en malignos sucesos de la historia universal.
No solamente en elegíacas nostalgias o amorosos
instantes de plenitud luminosa.
Grandes poetas de Argentina, América y el
mundo vienen publicando en los últimos años
poemarios estremecedores y memorables: inspirados
en los días aciagos y perversos que nos azotan.
La lista de tales creadores nacidos en todos los
continentes resulta extensa.
Desde mi modesto lugar en la poesía Argentina,
dejo aquí mi testimonio lírico. Después
de haber publicado hasta ahora diez libros de poemas,
dos de relatos y dos volúmenes de ensayos,
entrego para El Muro, como primicia, algunos poemas
recientemente escritos, que integrarán una
futura publicación. Surgen estos cantos desde
el desgarramiento que todos padecemos. Quienes los
lean (disimulando con benevolencia los defectos
de estos versos) se unirán en el dolor consciente
y solidario. |
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Carlos Gardel
por José María Silva

Armando Discépolo

Astor Piazzola
con su quinteto

Monumento a Carlos Gardel
en el Abasto

Murga: Los Guardianes
de Mugica

Parejas de bailarines de tango
en una sala de París |
VACÍO
UNIVERSO
Un rayo
atraviesa
el vacío universo
y se pierde
sobre graznidos feroces
y siniestros
INSTANTES
DE FURIA
El canto
se ha vuelto
áspero
rencoroso
bramido
que los jóvenes
atrapan
entre
espesas drogas
de terror.
Soledades
abismos
golpes
contragolpes.
Cansados
de madrugadas
sin reflejos de sol
sin perfumada ternura
sin mínimas metáforas
de alucinaciones.
Como aliviar
el trajín de la furia
la molienda del vicio
la desesperación
y el abandono
que carcome
los hombros
los tobillos
y la sangre.
ELEGÍA
EN GRIS MAYOR
Estas mirando
La arrogante modernidad.
¿Recordarás, Rubén,
tu sinfonía?
No invoques
en vano
horizontes exóticos
Rubén
ni luminosos plumajes
que hoy tiemblan
en abanicos polvorientos.
Aquí estamos
humillados
globalizados
infortunados
hasta los huesos.
Tu América
sacude los harapos
en el vientre
de mujeres indomables
niños
que azotan el huracán
y los remolinos de hojarascas otoñales
indios
que meditan
en el silencio
del hambre.
Generaciones nuevas
–golondrinas
que remontan exilios–
hacia
otros espacios
humillantes
con engañosas
virtualidades progresistas.
No, Rubén,
no olvidamos
tus cantos
tus profecías
de bullente actualidad
y premonitorias advertencias.
Huesos y ojos
sin rumbo
cruzan
montañas
valles
agonías
bajo el cielo.
Nubarrones y volcanes
con rebeldes erupciones.
El cielo azul
no claudica
aunque
venga
degollando
el lobo imperial
del nuevo milenio
con rechinar de dientes
agresivos. |
ADONDE
HUYO LA ESPERANZA
Ácidos gritos
locuras
heladas y tormentas.
Espanto
que perfora
las visceras del odio.
Adonde huyó la esperanza
adonde
para calmar
tantos corazones
tantos
calvarios y cenizas.
CALCINADOS
DÍAS
¿Qué se hizo
la infancia
y aquel verdor dilapidado
en inocentes
risas mañaneras?
¿qué se hizo
la juventud
de utópicos
claveles guerrilleros?
Hoy llegan otras voces
acaso
equilibran olvidos y memoria.
El barro
y tamboriles murgueros
desafiantes
Matadores de Tristeza
Los Verdes
Los Guardianes de Mugica,
estallan
en los barrios
azotados
con lluvias de fuego
en cada esquina.
Relojes inclementes
fracturan
el negro horizonte.
¿Diluvios y tornados
decidirán
el final de la tormenta?
RAZA
DE TANGO
Ni coraje orillero
fraguado
entre machista borracheras
se suburbio.
Ni cortes y quebradas
y amores y desdenes
y minas sin destino.
Nuestra raza
de tango nuevo siglo
se martiriza
con rencores
palabrotas
cuchilladas de bronca.
Intemperies
mal habidas.
Nuestra raza tanguera
que Astor
hizo universal
se alejo
de viejas arrogancias
hoy avanza
el dos por cuatro
aplaudido por el mundo.
Se borro
el malevaje
y la turbia
neblina
prostibularia.
Pero
Uno
y
Cambalache
le sacan
viruta al piso
como entonces.
en el Cuartito azul
se encerró
la encanecida nostalgia
y el musgo agonizante.
Paredes
oscuras de oscuridades
silencios clandestinos.
Yira yira la sombra
los fantasmas
milonguean firuletes.
Bajo la ventana de arrabal
caen los hojas
y la porteña garúa
del tiempo sin retorno,
que todo destruye
aunque diga
Veinte años no es nada
el mudo zorzal del abasto. |
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